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sábado, 7 de julio de 2012

De largo aliento (6 de julio de 2012) - Irracionalidad o salvajismo


¿Irracionalidad o salvajismo?
Por jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" el viernes 6 de julio de 2012

La noticia fue presentada como una curiosidad y no se si me dejó aterrado el hecho como tal o su clasificación: algunos hinchas del Unión Magdalena apedrearon la casa de Oliver Fula, el jugador que malogró el último cobro del cuadro samario desde el punto penal, en la definición ante América del ganador del Torneo  Postobón 1, el pasado miércoles en Cali.

Esta es otra de las ilógicas, censurables e inexplicables reacciones que genera el fútbol cuando la pasión desborda la razón; pero también es muestra del deterioro al que llega la condición humana que, escudada en el fútbol, aprovecha para la ofensa y la agresión por cualquier motivo.

Creo que el noticiero se equivocó: no se trata de una noticia curiosa, nada tiene de eso. Más bien, es un hecho atroz, que no puede generar ni sonrisas ni sorpresa; así los daños hayan sido solamente materiales, como lo advirtió el mismo medio de comunicación. ¿A cuántos hechos como éste, a cuántas agresiones, a cuántos daños materiales, a cuántos insultos, a cuántos atentados, a cuántos enfrentamientos con la policía, a cuántos actos vandálicos tendremos que acostumbrarnos en nuestro fútbol?, ¿a cuántas “noticias curiosas” nos vemos sometidos a diario por culpa de una sociedad que no acepta el fútbol como lo que es y lo vuelve pretexto para todo?

¡Qué pena!, pero hasta para la violencia somos folclóricos. No se imagina uno a un hincha del Madrid atentando contra la casa de Sergio Ramos porque malogró el penal ante en Bayern en la Liga de Campeones, o a un portugués descargando su ira contra la casa de Bruno Álvez, por la impotencia que sintieron en su país tras la eliminación en la semifinal de la Eurocopa. En ambos casos, también los jugadores mencionados erraron sendos penales en series de definición.

En el fútbol, como en la vida, un penal lo falla cualquiera, un gol se lo come cualquiera o un error lo comete cualquiera. Es un juego; y el erro hace parte de él. Pero no cualquiera se vuelve irracional por un error en el fútbol; debe ser un completo animal. O bueno, debe ser cualquier animal. Y para pena nuestra, colombiano.

jueves, 15 de marzo de 2012

FÚTBOL SIN LEY

FÚTBOL SIN LEY
Por Jhon Jaime Osorio
Publicado en la columna "De largo aliento" en el Deportivo Paisa, el viernes 16 de marzo. 

Navajas, gases lacrimógenos, estampidas, enfrentamientos, puñaladas, sangre, gritos, insultos, peleas, desazón, indignación... Así terminó el clásico antioqueño el domingo pasado. No dentro del estadio, sino en sus exteriores. El fútbol cambió demasiado; ya no es una fiesta.

La salida del Atanasio Girardot fue abrupta, violenta e indignante. Sentí miedo. No es la primera vez que me pasa, pero esta vez fue transformado en terror. Lo tengo claro: no vale la pena arriesgar la vida por ir a cubrir un partido de fútbol. Lo que era un enfrentamiento simbólico, una fiesta de familias, un espectáculo deportivo, hoy es una guerra real, un choque de pandillas, un peligro latente para la ciudad. Así de triste, pero así de claro: ir a un clásico es riesgoso, no por el partido en sí, sino por el entorno.

Siempre me llamó la atención escuchar a un hincha decir que él sería capaz de dar la vida por su equipo. Creí que era la hipérbole perfecta para ilustrar el sentimiento por una divisa. No. Después de lo del domingo, estoy seguro de que es literal. Dan la vida, agreden, apuñalan y son capaces de matar.

No volveré a decir que “son unos pocos desadaptados que se tiran en el espectáculo”; más de 300 detenidos después de un partido no son una cifra menor. Tampoco diré que es “un problema del fútbol”; porque todos sabemos que es una problemática social, que se apoderó hace rato de muchos espacios, incluso de los del fútbol. Mucho menos volveré a afirmar que “siquiera se sancionó la Ley 1445,  porque con ella se le puso el tate -quieto a los violentos”; mentira crasa tener una Ley que no se aplica y que casi un año después de sancionada no tiene reglamentada su aplicación.

El 12 de mayo de este año le partiremos el primer pastel de cumpleaños a la denominada Ley Parodi, que acabaría con los violentos en el fútbol. Si las letras de esa jurisprudencia se llevaran a la práctica, lo ocurrido el domingo nos hubiera arrojado por lo menos 300 multas entre 20 y 100 salarios mínimos legales vigentes, y el mismo número de prohibiciones para asistir a fútbol en un periodo entre 1 y 3 años. 

La salida del estadio fue el domingo a las 8:30 de la noche, 24 horas después, los 300 detenidos estaban en sus casas. Seguramente, en 10 días, cuando se juegue el segundo clásico paisa del año, esos 300 que fueron detenidos, y unos 300 más que no detectó el operativo, volverán a estar. Y yo, que voy a estadio a trabajar, volveré a correr para salvar mi vida.