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viernes, 5 de octubre de 2012

De largo aliento (5 de octubre de 2012) - Lo normativo y lo formativo

Lo normativo y lo formativo
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo, el 5 de octubre de 2012



A Bedoya le bajaron de 15 a 11 fechas la sanción por haberle pegado una patada un rival que estaba en el suelo. A Luis Fernando Mosquera le pusieron una sanción de 6 fechas por mostrar los genitales. Al Cartagena le sancionaron la plaza por los disturbios que protagonizaron sus hinchas... Es lo normativo, nada raro hasta ahí. Ahora bien, lo triste es que cada que estos hechos ocurren nadie se ocupe del componente formativo, que lo debe tener el fútbol como parte de la sociedad.


Quien comete errores debe pagar por ellos; para eso están los reglamentos. La sanción es el castigo que impone una norma por un comportamiento indebido; si debió ser más o menos en cada caso es un asunto de revisar los reglamentos y la interpretación que hacen de ellos quienes tienen la responsabilidad de aplicarlos. Eso se debe hacer, pero la discusión no puede quedarse en el número de fechas, eso es lo operativo.

Lo de fondo es qué pasará con esos jugadores o esas plazas sancionadas después de cumplido el castigo. Bedoya y Mosquera volverán a jugar, Cartagena tendrá nuevamente fútbol, y la vida seguirá igual. No debería ser así. A parte de la sanción en fechas, los clubes o la Dimayor deberían tener alguna estrategias para trabajar con el jugador y con los aficionados, de tal forma que cumplida la sanción haya cierta disposición para que los actos no se repitan. Eso se hace con formación. No basta el castigo, se requiere un aprendizaje a partir de él.

Esto último suena bonito, pero es una idea difícil de vender. Ni siquiera la sociedad lo hace: quien purga una condena por un delito difícilmente vuelve a la sociedad rehabilitado para no volver a delinquir. En el fútbol es igual. Pagar la sanción en fechas no implica recuperar al ser humano. El fútbol debería rehabilitar a sus hombres, porque es el mismo fútbol el que los lleva a cometer esos actos censurables.

Tampoco es solución la estigmatización social, y mucho menos la exclusión total, que algunos llegaron a pedir para Bedoya.  No basta con multar y sancionar. De vez en cuando, es bueno pesar en el ser humano que cometió el error. Que pague, sí, pero que reciba ayuda. No todo puede ser negocio.

lunes, 24 de septiembre de 2012

De largo aliento (24 de septiembre de 2012) - Garrote para Bedoya, ¿y la zanahoria para Vélez?


Garrote para Bedoya, ¿y la zanahoria para Vélez?
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo, el 24 de septiembre de 2012

Todo el garrote ha sido para Gerardo Bedoya. Se lo merece. La patada en el piso a un rival es un acto censurable y debe tener una sanción ejemplarizante. En eso no hay discusión. En las redes y en los medios, la indignación ha sido total. Ahí me sumo. Ese tipo de actos antideportivos atentan contra el juego e incitan a la violencia en la cancha y en la tribuna. Son lamentables. El garrote nacional es para Bedoya. Estoy de acuerdo. Sin embargo no nos quedemos en lo mismo, en la desafortunada acción del jugador; ¿qué tal si miramos, por ejemplo,  la actuación de Adrián Vélez, el árbitro del clásico capitalino? El reto que tuvo en el momento de la acción de Bedoya y en la bronca que esta desató fue bastante complicado. Sí, garrote para Gerardo, pero vale la pena darle zanahoria al juez del compromiso. Manejó profesionalmente la situación.

Cuando el árbitro es protagonista por sus errores, el periodismo, los jugadores, los técnicos y la afición le caen con todo. Lo critican, lo califican mal y hasta lo vetan. Cuando tiene un reto complejo, difícil, y demuestra toda su capacidad nadie se acuerda de él. Desde el sábado estamos hablando de la irresponsabilidad de Bedoya y Cardona, y de la manera como se dejó provocar Torres; pero nadie se ha detenido a pensar, qué habría sido del clásico bogotano si Adrián Vélez no interviene como lo hizo, para controlar el juego.

Una vez finalizó el primer tiempo en El Campín, los comentaristas y analistas arbitrales de los diferentes medios mencionaron a Vélez solo para decir que había cometido un error: adicionó 2 minutos y debían ser muchos más. Nadie se acordó que por su intervención asertiva el problema no pasó a mayores.

Algunos dirán que el árbitro está para aplicar el reglamento, que para eso le pagan y que eso fue lo que hizo. Es verdad. Pero la situación que tuvo que afrontar después de que Bedoya, ya expulsado, le metió el puntapié salvaje a su colega, fue inusual y peligrosa. Algo gravísimo pudo pasar. Vélez mostró autoridad, conocimiento, seguridad y temple. Evitó que el juego terminara en una batalla campal; y siendo más dramático, en un desastre. Solo por el manejo que le dio a esa acción se merece un 10 aclamado; así los analistas le hayan dado 7. Zanahoria para Adrián Vélez.