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jueves, 12 de febrero de 2015

No más sanciones al cemento. Pongámonos serios.


El deporte es una actividad que despierta pasiones y genera identidades; y en consecuencia, tiene que desembocar en la formación de rivalidades. Es su naturaleza. Obviamente, bajo un estricto control social que no permita  que desemboquen en acciones lamentables. Con estas características, hay unas disciplinas que por tener más impacto en la sociedad, como el fútbol,  generan permanentemente situaciones extremas; que requieren más cuidado. Ahora, si para controlar lo que el deporte genera hay que acabar su esencia, es decir,  las pasiones, las identidades o las rivalidades, eso significa que el deporte, caso concreto el fútbol, se le salió de las manos a la misma sociedad. El sábado en la noche vivimos nuevamente otro clásico antioqueño con hinchas de un solo color en la tribuna, y la verdad, fue un clásico insípido, simple.

Cuando hay problemas dentro o fuera de los estadios por partidos de fútbol, asunto que lastimosamente es cada día más común, nuestras administraciones municipales, nuestras autoridades y nuestros gobernantes de turno  muestran su experticia para  castigar el cemento y no a las personas responsables. Se volvió costumbre el denominado “cierre de fronteras”, a las barras que tienen algún comportamiento  ilegal se le prohíbe usar por algunos partidos la parafernalia con trapos, bombos y papel picado; y es muy común que se cierran tribunas y hasta que se jueguen partidos “a puerta cerrada”. Se sanciona al colectivo, se castiga el espectáculo. Al mejor estilo de la escuela cuando un alumno hace la pilatuna, y ante la imposibilidad de encontrar al culpable, la profesora deja sin recreo a todo el grupo.

Claro, en 26 años trabajando en medios y cubriendo el fútbol, siempre he visto en las tribunas a hinchas irracionales; a salvajes que se ocultan en la masa para violentar, atacar y matar; a personas decentes que no controlan sus pasiones y se transforman en delincuentes de ocasión; a antisociales que se van armados  al estadio. Terrible, sí. Inconcebible. Triste. A esos individuos, que son muchos  y cada día son más (no “unos pocos” como algunos califican a veces), es a los que se debería sancionar  y castigar.

Es un tema muy complejo, dicen a diario nuestras autoridades. Cierto. Se requiere el compromiso de todos: jugadores, directivos, clubes, medios de comunicación, aficionados, barras, administraciones municipales, autoridades; claro que sí. El problema nos cogió venta a todos. De acuerdo. ¿Entonces?, ¿nos seguimos lamentando?, ¿cerramos los estadios?, ¿acabamos el fútbol?,  ¿restringimos el ingreso solo a adultos? No seamos pendejos.


Como en el chiste viejo: organicémonos. Qué tal si desempolvamos la famosa Ley 1445 de 2011, llamada Ley del fútbol, y la aplicamos como debe ser. Qué tal si carnetizamos a los hinchas, como lo exige dicha Ley. Qué tal si el ingreso a los estadios se hace con identificador de huella. Qué tal si ponemos a funcionar las famosas cámaras de seguridad dentro delos estadios. Qué tal si  dejamos que los hinchas del otro equipo entren y controlamos de verdad. Si hay agresiones o enfrentamientos, pues apliquen la Ley; que hasta bien bonita es. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Cuáles códigos del fútbol?


¿Existen los códigos del fútbol? Antes les decían “cánones”. ¿Realmente hay cosas que no se puede hacer en una cancha con un balón porque hay una especie de normas tácitas que lo prohíben? Yo no creo. Eso sí, respeto a quienes hablan de ellos, incluyendo a algunos jugadores del Cali que los invocaron para justificar su actitud agresiva al final del encuentro con el DIM. Todo, por una jugada genial del brasilero Elton Martins. Los respeto, pero los veo confundidos. Acaso ¿está prohibido parar el balón con la nuca, hacer un túnel, intentar un sobrero?, ¿es una ofensa hacer un lujo? ¡Nunca! Cuáles códigos secretos ni qué nada. Para Martins, solo aplausos y gratitud eterna por esa pintura.

Desde mi perspectiva, las únicas leyes válidas en el fútbol son las del reglamento de la FIFA; que buscan regular la competencia y proteger al deportista. Lo otro, los famosos códigos secretos, son inventos de periodistas y jugadores, que según entiendo, buscan proteger a los jugadores de la humillación pública por un colega que juega más que él. Nada lógico aceptar tales “leyes universales”, pues hacerlo sería querer limitarle la estética al juego y coartar la capacidad expresiva con la pelota de los privilegiados de este deporte.  

Qué triste que estemos tan desacostumbrados a ver genialidades en el fútbol profesional. Lamentable que ya nos contentemos con la cifra de un resultado y veamos mal que un jugador haga una pilatuna o regale un lujo frente a un rival. Con el cuento de esos famosos códigos le hemos  quitado brillo a un deporte que cada vez se vuelve más resultadista y pasional y poco a poco pierde su connotación de espectáculo y de arte. Si los tales códigos existieran, qué habría sido de Jhon Edison Castaño, Ronaldinho, Hernán Darío Herrera o Cesar Cueto, para mencionar solo algunos irreverentes que con la pelota nos deleitaron haciendo derroches de técnica depurada. Ellos no seguían ningún canon y para ellos no aplicaban códigos tácitos. Los genios de la pelota simplemente se divierten.

Si a un jugador le enoja que otro le haga un túnel, un ocho, un sombrero o cualquier otro lujo; sencillo, tiene dos opciones: que no juegue fútbol o que entrene duro para evitar que lo hagan. Mejor aún, que trabaje técnicamente para que algún día pueda robarse un cerrado aplauso en un estadio lleno por ser atrevido y diferente, como lo hizo Martins. Ese es el único código válido en el deporte: los aplausos se ganan.



lunes, 10 de noviembre de 2014

Y ahora el malo es Pékerman porque no “colabora”


Una cosa es la discusión pasional y otra la argumentación racional. Para lo segundo, se requiere mirar el fondo del asunto y no quedarse en la superficie del problema. En el caso polémico de esta semana, la convocatoria a Selección de jugadores de clubes que están definiendo la Copa Postobón o la Suramericana, la punta del iceberg es el perjuicio de los clubes; pero lo de fondo son las decisiones de los directivos locales y continentales en torno a la programación de los torneos. No me voy a quedar en la superficie, que en este caso es la convocatoria de Pékerman, voy a sumergirme en el fondo, es decir en las absurdas decisiones dirigenciales.

Vamos por partes. El calendario FIFA se conocían desde el año pasado; mucho antes de programar los calendarios locales. La Federación Internacional tenía previstas las fechas para partidos de selección y para el campeonato mundial. En la mayor parte del mundo, las Ligas locales y continentales adaptaron sus calendarios. En la Conmebol y en Colombia no. Basta recordar, por ejemplo, que en Colombia se jugó la final de la Liga cuando ya todas las selecciones estaban reunidas y trabajando para el Mundial. ¿Quién debe respetar esas fechas? Quien programa, es decir los dirigentes.

¿Quién define el sistema de juego?, ¿quiénes aprueban los calendarios?, los señores dirigentes. Muchas veces se ha dicho que la liga colombiana está mal planificada, mal diseñada y que está pensada solo desde lo económico. La Suramericana también. ¿Alguien piensa en lo deportivo?, ¿alguien trabaja en mejorar el espectáculo? Los señores directivos acaban de aprobar una Liga con 20 equipos para el 2015; con un número de partidos casi igual al del 2014; y saben que es año de Copa América, para la que habrá que dejar espacio en la programación. Tercos.

La fácil ahora es tomarla contra el profesor Pékerman, “porque no colaboró con los clubes”; pero la raíz del asunto es la patética administración de este fútbol nuestro, pensado solo desde el negocio. Un dato que preocupa, por ejemplo, es que un equipo que juegue la Copa y las dos ligas locales y aspire a disputar las finales  tiene que jugar 64 partidos en el año; que sumados a la participación internacional en torneos de clubes puede llevar a un equipo a casi 80 partidos. ¿Los dirigentes lo han pensado?, ¿lo han debatido?, no sé… acaban de programar un 2015 igual.


¡Ahora el malo es Pékerman que convocó a jugadores del fútbol local!, dicen muchos… que fue egoísta, que son amistosos, que pudo llamar a otros...  No señor. Él hizo su trabajo. Malos los directivos de Dimayor y Conmebol que programan partidos en fechas FIFA. Cuestionar al DT, que sigue su plan de trabajo, es fácil, es una posición basada en el dolor de los hinchas; pero el problema de fondo está en la mioipía dirigencial.  Pékerman trabaja desde una planeación. A los dirigentes nuestros, se les nota la improvisación. ¿A quién cuestionar?

lunes, 27 de octubre de 2014

Emocionante no significa de calidad

El fútbol profesional colombiano se parece a esas películas de acción que pululan en las carteleras de cine: están cargadas de emociones, pero no dejan ninguna huella especial para el espectador. Claro, uno las ve y disfruta los efectos especiales, es decir, las consume; pero nadie las recuerda como película favorita.

Obviamente, no tiene nada de malo que Hollywood tenga un negocio rentable montado alrededor de este género. Está hecho para el consumo masivo y sin ninguna intención de recordación. No gana Óscares ni trasciende. El que va a cine lo sabe. Tal vez ahí es donde radica la diferencia con el fútbol criollo; que a fuerza de argumentos forzados nos lo quieren hacer ver como de alto nivel.

No deberían. Lo sano sería admitir públicamente que es un negocio montado para generar utilidades con un sistema de juego emocional y en el que la calidad del producto no es la prioridad. ¿Cuál es el problema en vender el producto como lo que es?

¿A qué viene esta película? A la decisión de la Dimayor de subir de 18 a 20 el número de equipos. O mejor, a la forma de "vender" esa idea con el argumento de que lo que se busca es mejorar el nivel de la Liga. La cantidad de equipos más tiene que ver con la calidad. Subir a pupitrazo a dos de los tradicionales, que compitiendo no han podido ascender, mejora el negocio, porque lo hace más atractivo y le pone más drama a la competencia... pero nada le aporta al nivel.

Es claro, por ejemplo, que un partido  Millonarios - América, o Nacional - Bucaramanga convoca muchísimo más que un juego ante Uniautónoma o Fortaleza. Pero nadie garantiza que sea mejor partido, ni que los equipos tengan que prepararse más. Va más gente, sí. Es más taquillero. El negocio será mejor, pero el producto, igual.
El número de partidos será casi el mismo y el desgaste de los equipos será igual. El mismo perro... La misma película del tipo que es perseguido, se le vuela a todos, salva al país y sale vivo de 30 tiroteos. Mucha acción, pero ningún Óscar.


No tengo nada en contra del torneo actual. Es chévere ver la tensión de los equipos de estas últimas fechas; unos para no descender y otros para clasificar. Tiene su gracia que la gente esté haciendo cuentas de puntos y de diferencia de goles. Es tan emocionante como una película de acción. Y con los dos que subirán en enero, seguirá siendo igual... Eso no quiere decir que sea de calidad.

En el cine,  las variables de calidad son la musicalización, el vestuario, la fotografía, la dirección de arte y muchas cosas más; es decir, todo lo que el espectador no ve pero siente. En el fútbol también.

martes, 30 de septiembre de 2014

Cardona, con fútbol agridulce


De amores y odios, así es Edwin Cardona. Se gana el corazón de los hinchas cuando es un genio con el balón en los pies; pero causa desazón con su temperamento y su comportamiento en la cancha. Su fragilidad como ser humano muchas veces opaca su capacidad técnica. Cuando se dedica a jugar es todo un crack, pero cuando cambia el talento por los excesos, pierde el control. Está joven y puede corregirse, pero corre el riesgo de perderse como muchos.

Que pase una vez, vaya y venga. Quién, eventualmente, no se ha "salido de la ropa" en una cancha, o fuera de ella? Que se vuelva tan frecuente es de lamentar. A Cardona se le está volviendo costumbre desperdiciar su talento por problemas actitudinales. Provoca y se deja provocar, se sale fácilmente de casillas y claro, se hace expulsar. La de esta semana en Copa Suramericana fue su sexta expulsión en un año con Atlético Nacional; la tercera en un partido de copa internacional.

Le falta cabeza, dicen las señoras.No tiene auto-control,explican los expertos. Es un irresponsable, califican algunos hinchas. Es una lotería, digo yo. Aporta talento en cantidades y es el mayor generador de fútbol ofensivo en el equipo verde; pero en cualquier momento descuadra al equipo, lo deja con un hombre menos y tira al traste la estrategia del colectivo. Ya se hizo expulsar ante Newell's y Defensor en la Libertadores, y ante General Díaz esta semana en la Suramericana. Tenerlo en la cancha es un riesgo algo; para el contrario por su fútbol, peor para Nacional por su impredecible comportamiento.

Que el club ha trabajado para ayudarle, es cierto. Que ha logrado muy poco, también. Que esos asuntos de personalidad, producto de la experiencia vivencial de cada quien son bastante complejos, no cabe duda. Lástima por el fútbol. Ojalá lo puedan a conductor.

Cardona está joven y todavía tiene tiempo para encontrar su punto de equilibrio. Está en un equipo en el que no pueden darle mucha espera y aunque puede enderezar su camino está a pocos pasos de engrosar la larga lista de grandes talentos desperdiciados por falta de control.

En el puesto de Cardona cómo no recordar a genios con la pelota como Jhon Mario Ramírez, el mismo Néider Morantes y el vallecaucano Arley Betancur. Brillantes con la pelota, díscolos en su accionar. Tenían todo para triunfar, pero no aprovecharon su gran talento.

Razón tenía Kundera al hablar de  "la insoportable levedad del ser". Por sus decisiones, dentro y fuera de la cancha, Cardona se ve leve.  Y por eso, su fútbol sigue en Colombia.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Golpe bajo a la reputación del Junior


Hay intangibles en las organizaciones con un valor incalculable, que no pueden arriesgarse por ninguna circunstancia. La reputación es uno de ellos. En palabras muy sencillas, y me perdonarán los expertos el abuso de síntesis, puede definirse como "aquello que la gente piensa de una organización"; o más sencillo aún: "la famita que van teniendo". El Junior de Barranquilla es una de las organizaciones deportivas que uno puede referenciar como mal reputadas en el contexto nuestro.

El de esta semana con Pachequito y Quiñónez como protagonistas fue un escándalo que aportó a que el equipo barranquillero alimentara en el imaginario nacional una idea de equipo desorganizado, conflictivo y mal administrado. La pelea, ya muy comentada, fue un hecho lamentable; pero más lamentable aún  fue el silencio administrativo inicial y la actitud del equipo ante el hecho.

Que un jugador se salga de casillas en una cancha es un asunto cotidiano en el fútbol, y aunque no deja de ser censurable, la condición humana en una actividad tan emocional y en una disciplina deportiva de contacto, choque y fricción permite entenderlo, y a veces hasta justificarlo. En esos casos, la crítica cae en el individuo y los clubes no se ven tan afectados en su reputación  pues son acciones en el terreno, donde las críticas recaen generalmente  sobre el individuo.

Ahora, cuando los hechos censurables ocurren por fuera de la cancha, como en el caso del Junior esta semana, el tema se vuelve totalmente institucional. Así sean acciones de los individuos, un jugador y un asistente técnico en este caso, la crítica no recae en ellos sino en el club. La razón es elemental: por fuera de la cancha, los jugadores adquieren un rol de representación, se vuelven imagen del club para el que juegan y pocas veces son mirados como personas; son la proyección de la institución a donde vayan. Con la pelea de esta semana, el que perdió fue el Junior. Y no solo por la pelea, sino con la reacción del club ante el incidente.

El fútbol es un negocio bien particular. El gran capital de las instituciones son los jugadores. Cuando brillan en las canchas, se valorizan; pero cuando se equivocan por fuera de ellas son protegidos y hasta alcahueteados. Asunto de dinero, protección del capital. De allí las decisiones tibias y el silencio cómplice asumido muchas veces por los clubes profesionales en estos casos. Entendible, pero no compartible.  Ese capital tangible nunca tendrá el significativo valor que tienen los  intangibles, como la reputación, así a simple vista no lo parezca.

Le pasó a Junior, y fue asunto de puños entre los miembros de la institución. El club quedó mal. Hoy por hoy, su reputación está por el piso. No supo manejar la crisis.  Qué pensar de aquellos que han vivido problemas mayores de jugadores embriagados, de accidentes automovilísticos, de escándalos en discotecas y muchas cosas más... Tampoco ha habido mano dura administrativa. Lección aprendida, pero no aplicada: En estos casos, el silencio es rentable y la mano tibia no funciona. La reputación no es un juego.

lunes, 1 de septiembre de 2014

¿Comercialización excesiva o democratización del fútbol?


El General Díaz será el rival de Nacional en la Suramericana. El cuadro verde eliminó en la primera fase a La Guaira, mientras el Cali superó a la Universidad de Cajamarca y Millonarios quedó por fuera tras caer ante el Cesar Vallejo. Luego de la primera fase siguen en competencia entre otros, el Capiatá, el Huachipato y la Universidad de Sucre. Menciono estos nombres, porque aunque trabajo el periodismo deportivo, para mí no significan mucho. Quizás, sea falta de estudio de mi parte; pero creo que la sensación que me genera el segundo torneo internacional de clubes del continente es  la de muchos colombianos: desconcierto.

Hablando del tema con mis amigos del fútbol, aparecieron diferentes puntos de vista. Uno de ellos me decía, por ejemplo, que los equipos chicos están de moda en Suramérica y que de ahí la aparición de tantos equipos poco conocidos no solo en la Suramericana sino también en la Libertadores. Me acordé de nuestro torneo local de la A con Petrolera, Patriotas y Uniautónoma, entro otros nombres. Otro de mis amigos me lo explicó diferente: el asunto pasa por la democratización del fútbol. Según él, las copas de clubes en el mundo, por decisión de la FIFA, incluyeron fases previas, para darles la posibilidad a muchos clubes, que siendo segundos, terceros, cuartos y hasta quintos en sus países, pudieran estar en estos torneos. No lo había mirado así, pero reconozco que mi amigo me dejó pensando en el asunto.

El argumento de mi amigo parece sencillo: democratizar, dar participación, permitirles estar en la fiesta. Suena bonito. La pregunta que se me salió entonces fue ¿a cambio de qué? Ahí se desató la discusión. Filantropía, no. La descartamos de inmediato. Repasamos entonces lo que ha pasado con la “democratización”, y  la respuesta pareciera una sola: es mero asunto comercial. Claro, el mundial llegó a 32 equipos por un asunto democratizador, para que más países tuvieran opción; pero siempre ganan los mismos. La Champions y la Libertadores eran reservadas exclusivamente para los campeones de cada país; luego entraron los subcampeones. La ganan casi siempre los mismos, ¿no?  La Europa Ligue y la Copa Sudamericana fueron la opción en Europa y América respectivamente para que entraran equipos “diferentes” a competir. Claro, opción para nuevos patrocinadores también. ¿Y el nivel?, ¿y la carga de partidos para los jugadores? Bueno, esos temas, dirían los directivos, “es de otra columna”.
 
Mi democrático amigo (un directivo, para más señas), me dijo que para entender las lógicas del fútbol actual hay que tener un poco de lo que llaman ahora “open mind”. Es otra cosa, me dijo (también me quiso decir “cerrado”, intuyo). Traté de hacerlo. Me senté frente a la pantalla a ver jugar al Apoel, al Ludogarest y al Maribor. No se me abrió la mente. Luego, me fui al Atanasio Girardot, a ver jugar a la Guaira. La mente no se abrió.  Me gusta el fútbol sí; pero la mente no me da para esos equipos sin nombre… no propiamente por el nombre, sino por el fútbol que exhiben. Yo prefiero escoger partidos, esperar la fase de grupos en la Champios, y hacer fuerza para que Nacional, con un fútbol muy similar al de La Guaira, avance una fase más, para poder ver al legendario River  en el Atanasio. Claro, el River de ahora.

Razón tenía mi abuelo cuando al ver los fenómenos de violencia en los alrededores del estadio me repetía: “tanta democracia no es buena, mijo”. Bueno, también le doy la razón a mi amigo democrático en una cosa: el fútbol de ahora es otra cosa.


lunes, 4 de agosto de 2014

El Tigre volvió a rugir


Los goleadores tienen una relación íntima con la red. Hablan con ella. Entienden su idioma. Entablan conversaciones permanentes, aunque, como en todo idilio, dejen de hablarse por algún tiempo. Se trata de separaciones temporales y nunca de divorcios definitivos. Cuando llega el momento de la reconciliación, la fiesta no es solo de ellos; sino de todos los que a su alrededor hacemos fuerza por el reencuentro. Pasó este fin de semana con el regreso del Tigre. Todos esperábamos que volviera, pero en el fondo lo que más esperábamos era verlo de nuevo celebrando un gol.

Volvió, corrió y rugió. Jugó 19 minutos el sábado y 57 ayer, tiempo suficiente para volver a mandarla al fondo de la red. Demostró que el olfato de gol es una bendición que muy pocos tienen y que la seriedad con la que afrontó su recuperación fue total. Una demostración más del profesionalismo  que tiene.

Decir que no estuvimos atentos a cómo se comportaba su rodilla sería mentir. En eso hay algo de morbo, claro; pero es inevitable. Cada que tomaba el  balón, cuando le cometieron faltas, cuando picaba esperando a que le enviaran la pelota y cuando chocaba con los dos centrales del Arsenal, esperamos para ver sus gestos, para saber si la articulación se comportaba bien. Los 193 días por fuera de las canchas generaron una expectativa alta por su regreso y una alegría inmensa porque volvió a marcar. Se vio seguro, fuerte, rápido, como siempre.

Más allá de las suposiciones disfrazadas de análisis sobre qué hubiera sido de Colombia con Falcao en el Mundial, que se vuelven lamentos sin sentido, es importante que quienes lo tienen como su ídolo, que son muchísimo colombianos, aprovechen su regreso como ejemplo de superación, disciplina, paciencia, resignación, fe y superación de la adversidad. Ahí está el verdadero valor del regreso del Tigre.

Seguramente para Falcao vienen grandes cosas. Con el Mónaco o con el Madrid, y con la Selección nacional. Ha vuelto uno de los mejores delanteros del mundo y por eso estamos de celebración. Pero no solo Falcao volvió después de un receso largo por lesión. Jackson marcó con el Porto, justo en su primer juego de preparación después de vacaciones, y También lo hizo Adrián Ramos estrenándose con su nueva camiseta del Burussia en el fútbol alemán. Claro, son apenas juegos de pretemporada, pero se anuncia un semestre pródigo en anotaciones para los goleadores colombianos. Nunca antes habíamos tenido tantos; y si los tuvimos, nunca los habíamos tenido a todos al mismo tiempo en romance intenso con la red.

Vale la pena recordar que estos tres goleadores tiene algo en común: trabajan incansablemente y con humildad para conseguir lo que quieren. Buen ejemplo para un país en el que muchos quieren conseguirlo todo con el menos esfuerzo.




jueves, 19 de junio de 2014

Hora de disfrutar, no de sufrir


Llegó la hora. No la de sufrir ni la de hacer fuerza; tampoco la de soñar con resultados improbables, la de lamentarse por las lesiones o la exigir imposibles. Es un gran momento. De ilusionarse con una buena presentación y sobre todo, de disfrutar. Es tiempo de mundial, y el certamen orbital tiene que servir de fiesta sana, de goce, de deleite. La presencia de Colombia después de 16 años de ausencia tiene que significar orgullo de patria y emoción. No olvidemos la historia. Ya aprendimos a creernos campeones del mundo, ya sacrificamos a un caballero, ya vivimos los tiempos de los problemas de camerino y de la desilusión. Ojalá este mundial, independiente del resultado, sea un mundial que nos permita sonreír; solo eso.

En lo futbolístico, seguramente tendremos diferencias de conceptos. Es apenas natural en este campo. Cada colombiano tiene su propia nómina. Lo mismo ocurre en los otros 31 países. Lo que debemos aceptar es que a la cancha va la que defina el profesor Pékerman. Él es el responsable de escoger los 11. Lo fue de los 30 y luego de los 23. Ojalá la discusión no se centre en quién debe jugar o en por qué no jugó alguno. El fútbol tiene mucho más que nombres. Ese es otro renglón que deberíamos de superar como país. Además, tampoco es que haya mucho para discutir al respecto.

Lo de la nómina se acaba en dos párrafos, porque la columna vertebral está clara: Ospina-Yepes-Sánchez-James-Teo. Esto ya un gran logro. Las circunstancias de hoy, con las lesiones y la sanción de Guarín para el primer juego no dan pie a discusión. La tarea del DT será escoger los complementos ideales; en lo que tampoco hay demasiado para especular. A esos cinco, se deben sumar los dos laterales: Zúñiga y Armero. No están en su nivel máximo, pero esos son. Así las cosas, son 7 de 11 que difícilmente admiten cuestionamiento.

Los otros 4 tienen combinaciones sencillas. En la pareja de centrales la fórmula es Yepes-Valdés, Yepes-Zapata o Yepes-Álvarez Balanta. Primer complemento a definir. ¿Personalidad, temperamento, técnica, velocidad o experiencia? El técnico sabrá. Igual ocurre en la línea de recuperación: ¿Sánchez-Aguilar o Sánchez-Mejía? Segundo complemento a definir. ¿Fuerza o dinámica? Y en los delanteros está la tercera combinación: Teo-Bacca, Teo-Ibarbo, Teo-Ramos, Teo-Jackson. Tercer complemento a definir. Aunque Pékerman siempre jugó con dos nueves.
Y el cuarto complemento está en el medio: James-Cuadrado o James-Ibarbo. ¿manejó o explosión? ¿Cuál aporta más al 3 cuando no se tiene la pelota?


Lo de como asumir la presencia en el mundial se agota aún más rápido. Seamos sinceros; al mundial va lo mejor que tenemos luego de descartar lesiones. Si se quedó uno de gran nivel por fuera, no se quedaron dos. Razones habrá Y seamos más sinceros aún: entramos al mundial con las mismas posibilidades que Brasil o Alemania; pero con las misas de Boznia o de Argelia. No tenemos una gran historia, no hemos pasado nunca de la segunda fase y los mundiales tienen una tendencia en la que nunca hemos estado. Por eso insisto: disfrutemos  cada minuto, cada jugada y cada partido. Si son más de tres juegos tendremos motivos para la fiesta; pero si son solo tres, también.  No es derrotismo, advierto; yo también sueño con una actuación histórica; pero mantengo el polo a tierra. Colombia está en la gala del fútbol mundial; y eso es motivo más que suficiente para el goce y el disfrute. De ahí en adelante, cualquier resultado es ganancia. Las tres veces anteriores no lo entendimos así; y sufrimos. 

miércoles, 30 de abril de 2014

El fútbol espectáculo ya es ficción


En época de mundial, las marcas deportivas sacan toda su artillería publicitaria. Esta semana circuló en las redes el nuevo comercial de una de ellas, en el que se disputa un partido de fútbol callejero, que poco a poco se traslada a un estadio lleno de público y en el que los chicos del barrio se convierten en las grandes figuras del fútbol mundial: Cristiano, Neymar, Rooney, Ibrahimović, Piqué, Higuaín, Mario Götze, Hazard, Thiago Silva,  Pirlo, David Luiz, Iniesta, Courtois, y Howard. Dos detalles me llamaron la atención: que no hubiera ningún colombiano y que nuevamente el fútbol espectáculo sea el leitmotiv de la campaña. Lo primero lo dejo como curiosidad; de lo segundo sí quiero hablar, pues es triste que el fútbol arte ya solo se vea en la ficción.

En el comercial, todos los jugadores hacen gala de una técnica depurada. Se ven como “naturales” las rabonas, las gambetas, los sombreros, las paradas de pecho, los tacos  y todo tipo de acciones espectáculo, de lujos; de esos que escasean en los juegos de competencia donde participan esos mismos jugadores. Claro, recordemos que se trata de un comercial, de una puesta en escena, de una historia “preparada”. Obviamente, si los actores, en este caso los jugadores, no fueran capaces de hacer esas acciones acrobáticas, el comercial no podría hacerse. Sin embargo, insisto, ese fútbol exquisito ya solo se ve en la ficción; lejos estamos de volverlo a ver en los estadios, sea cual sea el campeonato.

Hay excepciones, claro está. Son las que hacen la norma. La de esta semana, por ejemplo, nos la ofreció Ronaldinho en el Atanasio Girardot, en Medellín, en el juego de Copa Libertadores entre Nacional y Mineiro. Recibió de espaldas, aguantó la pelota, pasó por encima de ella, hizo un giro de casi 360° sobre su eje, hizo trastabillar a Alex Mejía que lo quería marcar y terminó la jugada con un pase perfecto para Fernandinho; un lujo de esos que son propios del volante brasilero; una jugada que le dio la vuelta al mundo por espectacular… y por escasa.

Ese tipo de jugadas nos gustan a los románticos del juego, nos emocionan, nos sacan aplausos.  Sean de quien sean, siempre serán jugadas admiradas. Obviamente, para el fanático, para los “tácticos” y para los resultadistas (que son demasiados) lo importante serán la victoria, los puntos y  los títulos; no las jugadas.

Lastimosamente, en estos tiempos en que el mundo le apunta a una competitividad salvaje, el resultado es el único objetivo. Lástima. Eso ha hecho que los jugadores buenos hagan solo para comerciales lo que más les gusta hacer. También, ha hecho que al para el aficionado lo importante sea ganar;  y muchas veces, ganar como sea. Tal vez, el día en que las jugadas de los comerciales desaparezcan totalmente de las canchas la nostalgia llevará a los resultadistas a reclamarlas como necesarias.


sábado, 1 de marzo de 2014

Comida a la carta no hay, pero el Nacional de Osorio tiene sazón


Los equipos de fútbol son como los vinos y los quesos, que necesitan tiempo de añejamiento para alcanzar un buen sabor, o como los platos de comida gourmet, que requieren una larga preparación. Sin embargo, en el fútbol nuestro, con torneos de tres meses y medio, con aficiones cada vez menos numerosas pero más exigentes y beligerantes, y con directivos cortoplacistas y carentes de planeación, los equipos se han vuelto como las carnes que venden en las noches en algunos rincones de la ciudad, que hay que soplarlas con un secador de pelo para que aceleren su proceso de asado y se puedan consumir. 

El fútbol de hoy en Colombia es una comida rápida, de satisfacción inmediata, con homogenización en sus procesos, y con el mismo insípido sabor. Por fortuna, hay excepciones que rompen el molde y permiten saborear una nueva sazón.

En el menú del torneo local, que ya se sirve de lunes a lunes a cualquier hora, el Nacional de Juan Carlos Osorio, el de hoy, es un plato distinto.  Hago una precisión: no he dicho que sea delicioso ni que sea exquisito, porque todavía no lo es, aunque poco a poco el técnico le echa pizcas de condimentos que le han venido dando un gusto particular. Utilicé el adjetivo “diferente”, porque el aroma y el sabor de Nacional son distintos a lo que ofrece el bongo diario del fútbol colombiano.  

Osorio llegó y empezó un proceso largo, pero con necesidades inmediatas. Su receta es de lenta cocción, pero ante la hambruna de títulos de sus hinchas y de algunos directivos, se inventó la fórmula para sacar platos de comida rápida de la misma olla en la que se cocinaba un plato gourmet. Muchos olvidan ahora que su fútbol no gustaba porque le faltaba algo de picante; que los jugadores que trajo no eran aceptados, porque eran condimentos  simples; y que su primer título tuvo un sufrimiento particular por los traspiés en el inicio del cuadrangular, su receta estuvo a punto de quemarse porque faltaba revolver.

Para muchos, la virtud del profesor Osorio está en la coraza que tuvo para recibir la dura crítica; con la misma actitud de Ratatouille cuando llegaba la esperada, temida y desvelada crítica de Anton Ego (Ego es un personaje de la película al que no le gusta nada, no ningún colega de ocasión, así el apellido del personaje lo sugiera). Para mí, el secreto estuvo en que ante esa presión (aclaro que a mí tampoco me gustaba la expresión futbolística insípida de ese Nacional del comienzo de la era Osorio), el técnico le supo poner el suficiente “secador” al plato que pretendía cocinar. Aceleró la cocción. Así, consiguió saciar el hambre de muchos, mientras cocinaba un fútbol con más sazón.


 A Osorio le falta tiempo para terminar un plato digno de paladares exquisitos; pero ya huele y sabe bien.  Ojalá esté en Colombia el tiempo suficiente para terminar su receta; para brindar en su nombre con un buen vino. 

Esta película ya la vimos…


Vuelve y juega. Ahora es Hernán Torres el que toma el comando técnico del independiente Medellín. Un nuevo técnico. ¿Uno más? ¡Qué rápido pasaron Bolillo, Oscar Pérez y Pedro Sarmiento! ¿Malos técnicos o equipos malos?, muy difícil saberlo si “el proyecto” duró de 10 o 13 partido. El cuadro rojo no es la excepción a la norma del fútbol colombiano: cuando las cosas no funcionan, el técnico se debe ir.  “En todo el mundo es así”, dirán algunos. “En todo el mundo los torneos no son tan cortos”, respondo yo.

La historia en el equipo rojo se repite: el técnico llega casi en la mitad del torneo, habla de un proyecto, no tiene tiempo para trabajar, hace ajustes sobre la marcha y  el equipo consigue algunos resultados que ilusionan.  A veces alcanza para clasificar, otras veces no. A continuación, comienza un nuevo torneo, el equipo no funciona, hay corto circuito, y vuelven a cambiar el fusible que es el entrenador. Es lo mismo. 4 entrenadores en dos años; y para ajustar, cuatro presidentes en el mismo periodo de tiempo.

Dicen en mi ciudad que “cuando uno no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve”. Ahora perdonen lo duro del parafraseo, pero hay que decirlo: “cuando un equipo no tiene claro su norte, cualquier técnico le sirve, cualquier jugador también, y como en el DIM, hasta cualquier presidente”.

Claro, uno entiende que en estos tiempos de competitividad excesiva los resultados sean los que gobiernen. Por eso se volvió norma el “hay que ganar, y ganar como sea”. Esa parece ser la peligrosa consigna que se aplica en el fútbol y en muchos sectores y actividades de la sociedad. Peligroso pensamiento. Se perdieron el direccionamiento, el pensamiento estratégico y la planeación. Algunos han ganado de cualquier forma, pero eso no puede ser motivo suficiente para que algunos justifiquen la consigna. 

Debo confesar que le creo mucho a Hernán Torres. Es un técnico serio y trabajador. Es un buen tipo y sus intenciones son claras. Ojalá logre con el Medellín lo que él sueña. Eso sí, no veo claridad ni en la institución, ni el sus directivos, ni en sus accionistas, ni en el grupo de jugadores. Esos serán los mayores obstáculos para Torres. Ojalá los supere. Gómez, Pérez y Sarmiento no pudieron hacerlos. Y la verdad, a los tres también les creía. Esta película ya la vimos…

viernes, 21 de febrero de 2014

Hay que hablar del profe Pimentel


Chicó volvió a ganar. Lo hizo en casa ante el Envigado. Llegó a 12 puntos de 15 posibles. Está en la parte alta de la tabla. Su rendimiento es del 80%. Después de 5 fechas, ya puede calificarse como la grata sorpresa de la Liga. Los argumentos van más allá de su buen rendimiento: su buen sistema defensivo con solo 2 goles en contra en 450 minutos, una nómina reducida, el cambió de técnico  para este año y el debut como técnico de Eduardo Pimentel. Ah, Pimentel, claro, el mismo hombre polémico como jugador, el dirigente explosivo, sí el mismo. ¿Será por eso que se habla de él tan poco?

De Pimentel se puede pensar y decir de todo; pero que tenía personalidad como jugador nadie puede ponerlo en duda, por lo menos nadie que como yo que lo vi jugar en varios estadios, del país y del mundo.  De él se pueden cuestionar algunas manifestaciones y sus fuertes declaraciones; pero no se puede poner en duda el mérito que tiene en su carrera como directivo, al punto de haber sacado campeón al Chicó  y haberle dado la oportunidad a más de un jugador de la provincia. Uno puede odiarlo por su forma de ser, pero no puede descalificarlo como técnico, porque aunque principiante, ahí está en la parte alta de la tabla.

De Pimentel se hablaba a diario, pero curiosamente ahora que es técnico debutante y que su equipo es protagonista, poco se dice de él. Porque su equipo es de provincia y no es de los históricos dirán algunos; porque el torneo apenas comienza dirán otros; porque el Chicó no tiene mucha  afición, argumentarán varios. Porque es un tipo polémico, pienso yo… y a las personas como él, la crítica les esconde los aplausos.


A Pimentel lo han cuestionado, criticado, vilipendiado e insultado; pero es el único en Colombia, y uno de los pocos en el mundo, que ha pasado con éxito por tres roles diferentes en el fútbol: jugador, directivo y técnico. Y me ayudarán los estadígrafos, pero creo que es el único, o uno de los pocos técnicos debutantes en el fútbol de la A que ha logrado el 80% de rendimiento en un arranque de la Liga. Dejo claro para terminar que muchas veces no he compartido cosas que dice y que hace, pero para qué, este Pimental, ¡algo debe tener! 

domingo, 14 de abril de 2013

De largo aliento (8 de abril de 2013) - Hay clásico que no lo son


Hay clásico que no lo son
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo, el lunes 8 de abril de 2013

A la denominada "fecha de clásicos" en la Liga colombiana le quedó grande el apelativo. Pasto - Cali no es un clásico y Junior - Cúcuta, tampoco. Es mi percepción, y la avalo en diferentes lecturas sobre este tipo de partidos. 

No existe una definición tajante, única. Se habla de clásico como el tradicional enfrentamiento de los clubes de una misma ciudad o región, pero también se le dice así al partido que más veces se ha jugado en la historia de un torneo, sin importar la procedencia de los clubes o su momento. El término se utiliza, incluso, en algunas partes del mundo, para referenciar el partido más importante de la jornada. 

Sea cual sea la definición, los juegos mencionados, y otros más de la fecha 9 en Colombia, no alcanzan esta categoría. Los duelos regionales se viven realmente en Medellín, Bogotá, Tunja. Envigado y tal vez en Neiva y Manizales. Los partidos tradicionaes serían los que se jugaran entre Millos - Nacional, Junior Medellín y tal vez Caldas; y por momento, un juego entre Millonarios, Cúcuta, Santa Fe y Pasto, que aparecen en los primeros lugares del torneo.

La fecha de clásicos no es tal para todos. Es extraño ver cómo en nuestro fútbol criollo regiones como la costa Atlántica y los Santanderes, o ciudades grandes e importantes como Cali no cuentan con juegos de primer orden, con duelos regionales de nivel. Obviamente, son efectos del sistema de ascenso, que hoy tiene a loa rivales regionales de Junior, Cúcuta y Cali jugando en la división B.

Esta fecha 9 debería llamarse "la del ajuste del calendario", la de la mitad" o simplemente la fecha 9. Al fin de cuentas es una fecha que se adiciona a las 17 jornadas de la ronda de todos contra todos. De lo que en el mundo se llama "clásicos" tiene muy poco. O aceptemos que en Colombia estamos construyendo un nueva definición.

martes, 5 de febrero de 2013

De largo aliento (4 de febrero de 2013) - GANAR NO ES LO ÚNICO, NI ES SUFICIENTE


GANAR NO ES LO ÚNICO, NI ES SUFICIENTE
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del Periódico El Deportivo el lunes 4 de febrero de 2013 

La Selección Colombia de Fútbol volvió a saborear la clasificación a un mundial de la categoría  juvenil. Gran logro, importantísimo para nuestro balompié. A la hora de escribir esta columna, existía la posibilidad de que fuera campeón del Campeonato Suramericano, lo que también tiene un significado valioso. Esta vez, como ocurriera con Rueda y con Lara en su momento, el equipo logró el objetivo básico de ganar; pero se olvidó de la esencia del juego, por lo menos en mi óptica, jugar bien y entretener. Apenas normal, pues ya se volvió costumbre en el fútbol ocuparse de la competencia y no del espectáculo.  

No hay duda de que bajo la dirección de Carlos Restrepo regresaron los resultados positivos en la juvenil para dejar atrás un bache en la categoría en el que Eduardo Lara prometió pelear el título del mundo en casa, desaprovechó un suramericano que incluso daba cupo a los olímpicos, y luego fracasó.  Con Restrepo, volveremos a la escena mundial con jugadores de gran técnica, con una buena planificación, con  buen ojo en la selección y sin promesas de título. Ojalá para la cita orbital en Turquía, se mejore en lo colectivo y se trabaje más por encontrar la identidad de nuestro balompié, de toque, tenencia de la pelota y buen fútbol, por la que todavía nos reconocen en algunas partes del mundo.

Ganar siempre será importantísimo. Es el objetivo de la competencia y a eso van todos. Es uno de los resultados posibles en el juego, el que todos quieren. Por su parte, jugar bien y entretener es otra cosa; es lo necesario en el espectáculo. El fútbol está hecho para ser visto y para disfrutarlo; por ende, es necesario pensar en el juego. No tiene sentido pagar por una boleta o gastarse horas frente al televisor solo para ver a un equipo ganar; si fuera así, bastaría con saber el resultado. Uno ve los partidos, al menos yo lo hago así, para que los jugadores me descresten, para ver armonía en el juego, para encontrar diversión. La Selección que va para Turquía no llenó en este suramericano, no logró entretener, su fútbol no gustó. Eso sí, tiene mucho mérito que ganó; pero no es suficiente.

Uno entiende que los tiempos han cambiado, que los jugadores en esta edad cada vez son menos maduros, que la presión de los empresarios no deja actuar a los muchachos y que en el fútbol de hoy es suficiente con competir y ganar. Lejos estamos de volver a ver en selecciones juveniles un equipo romántico, generoso en espectáculo, que haga vibrar y emocionar con su juego; como en su momento lo fue la selección juvenil del profesor  Marroquín.  Estamos lejos, pero con Restrepo y Paniagua en la dupla técnica no lo creo imposible. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Tiro Libre 37 - Seamos directos…


Seamos directos…
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna Tiro Libre del periódico Qhubo el miércoles 12 de diciembre de 2012

Seamos sinceros: ni el más optimista de los hinchas del Medellín hubiera apostado un peso hace 5 meses a que su quipo jugaría la final. Es más, a cinco fechas de terminar la fase regular de la Liga, muy pocos creían que le alcanzaría para estar en cuadrangulares.

Seamos realistas: en el mes de julio, el DIM estaba más cerca de desaparecer, o en el mejor de los casos, de irse a jugar a la B, que de estar como flamante representante de Antioquia en la final del torneo.

Seamos honestos: este Medellín ha hecho demasiado con muy poco. No es secreto para nadie que la nómina del rojo, en términos de cantidad, es muy corta; y en términos de calidad, comparada con las de otros equipos, no es la mejor.

Seamos reflexivos: el país entero le dio la espalda a Bolillo Gómez y lo sacó del fútbol porque cometió un error humano del que se arrepintió públicamente, pero del que se valieron para condenarlo y marginarlo. Hoy más que una revancha, lo de Hernán es una demostración de que los seres humanos, todos, siempre mereceremos una nueva oportunidad. Él  la aprovechó y vuelve a estar en el sitial de honor que se merece como técnico de fútbol.

Seamos lógicos: la presión en la final es para Millonarios por muchas razones. Fueron primeros todo el torneo, el rival de plaza les quedó campeón a mitad de año, llevan 24 años sin saborear un título, su técnico no ha logrado redondear ninguna campaña y la prensa capitalina ha vendido la idea de que el título está muy cercano.

Seamos repetitivos: en el fútbol local, las cargas hace rato están equilibradas. La final del torneo la jugarán el primero del torneo a lo largo del segundo semestre, y el equipo que entró de octavo. No hay diferencia, ni hay ventajas. Las campañas en la fase regular y en los cuadrangulares ya son historia. La final son dos juegos en los que se resuelve el título. Tiene gracia como atractivo para el público; yen esta instancia, el nivel  del certamen poco importa. Serán sendos llenos y 180 minutos para conocer al campeón.

Por lo anterior, seamos positivos: Medellín está en la final, tiene opción de ser campeón y darle una gran alegría a su hinchada y por extensión, a todo el departamento. Es posible y es viable.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tiro Libre 35 - La vieja fórmula

La vieja fórmula
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en el Periódico Q´hubo el miércoles 28 de noviembre de 2012

Hasta hace algunos años, las matemáticas del fútbol se cuadraban muy fácil. La vieja fórmula de la "media inglesa" funcionaba a la perfección. Un equipo debía ganar de local y empatar de visitante. Esa era la referencia para medir el rendimiento y el "secreto" para ganar los torneos.


 Las localías se aprovechaban y se respetaban al máximo. Los records de invictos en casa eran cifras respetables. Si se cedían puntos de local, la estrategia era recuperarlos por fuera con propuestas agresivas y arriesgadas. El equipo que conservaba la media garantizaba la participación en finales.

La media inglesa cayó en desuso cuando la FIFA decidió entregarle 3 puntos al vencedor de un partido. Esto es cierto en las cuentas de los puntos, pero nadie puede discutir que la combinación "victoria en casa + empate a domicilio" sigue garantizando títulos. El problema hoy es conseguir esa media.

Hoy en día, las cuentas son más fáciles: "ganar en casa y arañar algo por fuera".  Con la fórmula de 2 puntos por victoria y 1 de visitante, el rendimiento de un buen equipo debía ser del 75%, la media inglesa. Con la actual de 3 el ganador y 1 al empate, ganar en casa es casi que suficiente, puesto que eso asegura el 50%. Lo que se arañe a domicilio permite hablar de campeones con el 55% de rendimiento e incluso, a veces, con el 50.

En el cuadrangular de  los equipos antioqueños, ningún equipo comple la media inglesa. En la primera vuelta,  Equidad e Itaguí, que jugaron 2 de los 3 partidos en sus patios, perdieron 1 y ganaron 1. En tanto que los que jugaron 2 por fuera: Medellín y Nacional, también ganaron 1 y perdieron 1 pero no refrendaron en casa la ventaja lograda a domicilo.

De los 4 equipos del cuadrangular de los antioqueños, solo Equidad, el bogotano, tiene un rendimiento superior al 50%. Falta la mitad de esta fase semifinal y para llegar a la final un equipo antioqueño, sea cual sea, deberá hacer al menos 6 de los 9 puntos. Como quien dice, tendrá que rendir casi en el 70%, es decir, hacer ahora sí la media inglesa. Difícil.

Tiro Libre 34 - Acuartelamiento. Hay clásico


Acuartelamiento. Hay clásico

Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio


Publicado en el Periódico Q´hubo  el miércoles 21 de noviembre de 2012


Miércoles de clásico y en semifinales. La fiesta debería ser total. Pocas veces los dos equipos de una misma ciudad llegan a esta instancia definitiva. Sin embargo, lo que debería ser motivo de alegría y celebración, hoy es asunto de preocupación y prevención. El fútbol de esta noche nos tiene en alerta naranja.



Mientras la ciudad de Cali, por ejemplo, se quedó sin finalista en la A y padece el mal momento de América en la B, la capital de Antioquia disfruta con sus dos clubes disputando el cuadrangular, y como plus, cuenta con la presencia del Itaguí que completa un cuadro para hablar de fiesta futbolera paisa en la semifinal. Bogotá por su parte,  también tiene dos semifinalistas, pero la presencia de Equidad como equipo joven y en un grupo diferente al de Millonarios no les permite a los capitalinos hablar de clásicos en esta fase.



Pese a estas circunstancias, el ambiente del fútbol vuelve a la tensión con el tema seguridad. 1400 policías disponibles y un operativo gigante, como pocos en el mundo para un juego de fútbol, es lo que ocupa a las autoridades, y por ende, a toda la ciudad.



El número de efectivos suena exagerado, pero es apenas lo justo para lo que genera un clásico en el Atanasio. Los antecedentes de enfrentamientos, problemas en el exterior de escenario y desórdenes son inocultables. Lastimosamente, los clásicos se volvieron espectáculos públicos de alto riesgo.



Cada partido es una nueva oportunidad para los equipos, pero también lo es para los aficionados. El de hoy será el primer clásico de la historia  en finales del torneo sin vallas ni separadores entre las gradas y la cancha. Ojalá sirva para ver algo distinto en cuanto al comportamiento y la cultura alrededor del fútbol. Una ciudad que se autopromueve como deportiva no puede seguir literalmente padeciendo de temor por un simple partido, por importante que éste sea.

Tirlo Libre 33 - Podría ser cualquiera…


Podría ser cualquiera…
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en el Periódico Q´hubo el miércoles 14 de noviembre

Cualquiera puede ganar. Esa es la "gracia" de la liga nuestra. Fácilmente podemos ver celebrando el título al Pasto, que entró de último, o al Tolima, que cambió de técnico en la mitad del torneo. Ninguna ventaja real tiene Millonarios, que cabalgó el torneo. El acumulado hasta hoy poco o nada importa para definir al nuevo campeón. A partir del sábado, borrón y cuenta nueva. En 6 partidos, cada equipo buscará el tiquete a la final. Nada hay garantizado.

Como siempre, uno debe esperar la sorpresa en la final, que suele ser uno de los llamados "chicos" o de "poca tradición". En esta ocasión, Itaguí y Equidad en un grupo, y Pasto en el otro, son los invitados a cumplir ese rol. La historia nos recuerda que Huila, Equidad y Pasto han tenido ese privilegio desde que el torneo se juega por cuadrangulares.

Para Antioquia el sueño de una final paisa como se vivió en el 2004, se esfumó con el sorteo. La suerte eligió que solo uno de ellos tenga esa opción siempre y cuando supere al capitalino Equidad. Tener 3 de 4 equipos en un grupo hace suponer a muchos que la casilla en la final para el departamento está lista, pensamiento que de entrada comete el error de subestimar a Equidad, uno de los más complicados rivales por su estilo calculador, fuerte y poco vistoso.

De los 8, gana cualquiera y cualquiera de los favoritos se puede desmoronar. Es un torneo corto donde gana el que esté en su momento. No es un torneo para procesos o propuestas de estilo con mucha identidad.

Las fortalezas son evidentes: en Nacional, la nómina; en Medellín, su técnico; en Itaguí, su estilo; en Equidad, su táctica; en Tolima, el talento de Marrugo; en Junior. Su delantera; en Pasto, su plaza; y en Millonarios, su regularidad. Eso sí, las debilidades también saltan a la vista: en Nacional, su irregularidad en casa; en Medellín, su falta de gol; en Itaguí, el bajón en los últimos juegos; en Pasto, su intermitencia; en Junior, su pobre campaña por fuera; en Tolima, su fragilidad defensiva; y en Millonarios, su doble compromiso con la Suramericana y la Liga.

A partir del sábado, se parte de ceros. Todos tienen la misma opción. La única ventaja, que no es tal porque solo aplica en circunstancias de empate, es el famoso "punto invisible". Que gane el mejor, aunque es difícil que lo haga, en un torneo corto de solo 6 juegos, favorable al que tenga un buen momento.

Tiro Libre 32 - En Colombia, prima la emotividad


En Colombia, prima la emotividad
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado el miércoles 7 de noviembre de 2012 en el periódico Q´Hubo

Emotiva como pocas. Así es la liga profesional de fútbol en nuestro país. A falta de una fecha para concluir la fase regular, el drama por la clasificación lo viven seis equipos que buscan dos casillas, el descenso se resolvió en la penúltima fecha y los cupos a torneos internacionales siguen en juego. Como de costumbre, en este momento del torneo, a los aficionados y a los clubes solo les interesa la matemática. El torneo está diseñado para eso. Para muchos, es el torneo ideal; pero hay asuntos particulares que valdría la pena considerar.

Los dos equipos finalistas del primer torneo, por ejemplo, están por fuera de los 8, y no es la primera vez que ocurre. Al parecer, terminar un campeonato y empezar el otro sin un tiempo prudencial de descanso afecta demasiado el rendimiento y la motivación. No deja de ser curioso e injusto que el técnico campeón del primer semestre y clasificado a Libertadores esté en la cuerda floja.

También es particular, y en ello tiene mucho que ver el sistema de juego, que equipos como el Cali, que cambiaron de técnico por bajo rendimiento en la mitad del torneo, tengan posibilidades de clasificar y por ende, de aspirar al título. O que un equipo sin técnico en propiedad como el Cúcuta pueda mantenerse en los ocho y aspirar al título mientras piensa en la promoción.

No se trata de situaciones casuales; porque si repasamos la historia son irregularidades propias del sistema de juego. Nadie puede negar que un torneo corto con una fase regular de 3 meses resulta siendo inmediatista y resultadista; aunque no por ello se puede descalificar totalmente. La fórmula mágica no existe; y se debe trabajar desde lo que hay, en aras de mejorar. Las experiencias de no hacer cuadrangulares sino duelos directos por play offs,  o de clasificar solamente 4 equipos a la fase final, fue muy buena en lo deportivo; algún experimento se puede hacer en la fase regular para que el nivel mejore; y para que esos hechos particulares ya mencionados no se repitan.

Por lo pronto, vivamos de la emoción y olvidémonos de mirar el nivel. El domingo haremos fuerza por tener a 3 de los 4 equipos antioqueños en una fase final, luego del ayuno del semestre pasado cuando solo clasificó el Itaguí. Y a partir del lunes, a esperar cualquier sorpresa, porque cualquiera de los 8 clasificados podrá ser campeón.