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lunes, 18 de marzo de 2013

De largo aliento (18 de marzo de 2013) - Cuestión de jerarquía


Cuestión de jerarquía
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Texto publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo, el lunes 18 de marzo de 2013. 

El Barcelona volvió a su fútbol y encantó nuevamente al mundo, luego de dos semanas de incertidumbre en las que más de uno, en los que me incluyo, habló del cierre de un ciclo, de la falta de un técnico de categoría y de la pérdida de su estilo.

Rafael Nadal también  volvió por sus fueros. Después de una complicada lesión hizo presencia en Indian Wells para mostrar su categoría de siempre y el alto nivel técnico que lo caracteriza. Muchos llegamos a decir que después de esta lesión no volvería a ser el mismo, que en un tenis tan competitivo le costaría regresar como protagonista.

En las semanas finales de la temporada regular de la NBA, los Lakers se han recuperado de forma sorprendente. En quince días voltearon un registro de 28-30, por un 35-32 con el que antes del juego de anoche ya estaban metidos como octavos de su conferencia en la zona de clasificación a play offs. Mucho hablamos de su prepotencia, de los problemas de grupo, de su declive. Ahí están, y todos  los equipos hacen cuentas para evitarlos como rivales directos.

En el deporte como en la vida, los grandes, los mejores, también tienen baches, momentos amargos y dificultades. No son máquinas, ni son inmunes; son mortales como todos. Eso sí, tienen algo que no venden en los supermercados, que se consigue con trabajo y resultados, que va asociado a los proyectos serios y con identidad; tienen jerarquía.

Es apenas natural que cuando un equipo o un deportista  de alto nivel tiene dificultades, ésta, la jerarquía, les ayude a salir; pero también es cierto que cuando pierden el norte, cuando equivocan el camino, cuando pierden su esencia o su identidad; la jerarquía desaparece. Es ahí cuando la caída es fuerte y las secuelas son muchas. Ya pasó con Pistourios y con Armstrong; para no hablar de  casos criollos donde los ejemplos abundan.

La jerarquía es un intangible valioso. Difícil de conseguir y fácil de embolatar para un equipo o deportista; pero que hay que respetar y reconocer. A veces lo olvidamos.

lunes, 18 de febrero de 2013

De largo aliento (18 de febrero de 2013) - Acusado, no condenado. Informar, no especular


Acusado, no condenado. Informar, no especular

Publicado en la Columna “De largo aliento” del periódico El Deportivo el 18 de febrero de 2013

No conozco los hechos al detalle, no estoy en Sudáfrica y no soy nadie para juzgar;  simplemente  soy un periodista deportivo que lee, observa, informa y escucha. Además, no tengo autoridad para juzgar, ni es mi interés. Mi tarea es contar historias, y tratar de ayudar a entender el complejo mundo del deporte. Sin embargo, desde mi condición, y luego de seguir el caso a la distancia, sí puedo lanzar una opinión, que para nada es una sentencia sino simplemente algo que pienso: aunque todo que se ha conocido esta semana pareciera condenarlo, por una razón elemental yo creo en la inocencia de Oscar Pistorius, el atleta acusado de haber asesinado premeditadamente a su novia.

Lo creo inocente y confieso que como a muchos la noticia me conmocionó. He leído cuanto artículo ha salido y he tratado de entender bien lo que pasó; la verdad, me ha costado mucho procesarlo. Ahora resulta que el ejemplo de superación para el mundo, el referente del deporte olímpico y el deportista intachable, tenía antecedentes de paranoia, era solitario, le gustaba el alcohol y era agresivo con las mujeres. Se ha dicho de todo después de su detención. ¡Qué buen momento para hacer leña!

No me importa si después descubro que estoy equivocado. El tiempo y la justicia sudafricana lo dirán. Ya me pasó con Armstrong, de quien no dudé cuando fue acusado, pero luego, como él, acepté que se había equivocado. Ni el mundo se acabó para él, ni el deporte se acabó para mí. Ojalá con Pistorius el desenlace tenga mejor final.

Estos hechos escandalosos nos demuestran a diario la imperfección del ser humano, que cuando se manifiesta en los en grandes referentes del deporte, se magnifica en un tamaño superior al de sus victorias. Valdría la pena que la sociedad empezara a mantener a sus ídolos en su condición terrenal. Son seres humanos, brillantes es su actividad, pero imperfectos como todos.

Creo en la inocencia de Oscar Pistorius por un asunto elemental. Es un derecho fundamental de todo ser humano, la presunción de inocencia. Mientras la justicia, brindando las garantías  necesarias para su defensa, no demuestre culpabilidad, Pistorius es inocente. Razón suficiente para cuestionar la forma como algunos colegas y medios han abordado el hecho al titular o hablar de: “el atleta que asesinó a su novia” o “el crimen de Pistorius”. Ese maldito afán por condenar, por decirlo primero, por armar el escándalo, por buscar un escándalo… Hasta hoy no se ha dictado sentencia. Hasta hoy es inocente. Pistorius es un atleta acusado de homicidio; lo demás es especular.


sábado, 11 de agosto de 2012

Tiro Libre 20 - El espíritu deportivo, más vigente que nunca

El espíritu deportivo, más vigente que nunca
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio
 
Publicado en la columna De largo aliento en el periòdico QHubo el miércoles 8 de agosto de 2012
Si usted no derramó una lágrima o no soltó un suspiro cuando el atleta chino Xiang Liu regresó a la pista después de haberse lesionado en la prueba de los 110 metros vallas para hacer el recorrido saltando en una sola pierna y besar el último obstáculo de la prueba; fue porque no la vio, no tiene corazón o no tiene claro lo que es el espíritu deportivo. Lo primero tiene solución en un buscador de internet; lo segundo es difícil de ablandar y depende de usted; lo tercero tal vez no sea su culpa, porque en un país sin cultura deportiva eso puede pasar.

Segunda oportunidad: ¿Se sensibilizó usted viendo correr al sudafricano Oscar Pistorius en los 400 metros?, ¿sintió admiración?, ¿pensó un momento en los absurdos límites que nos ponemos a diario en nuestras actividades cotidianas? Si lo hizo, ya entendió de manera simple ese abstracto concepto del espíritu deportivo. Si no, busquemos una tercera opción.

¿Es usted de los que todavía critica a los británicos porque pusieron a  prender el pebetero a un grupo de muchachos y no a un reconocido deportista? Si la respuesta es afirmativa, las múltiples situaciones prácticas que nos ha regalado Londres para entender aquello del espíritu deportivo o espíritu olímpico no han sido suficientes en su caso. Menudo problema.

Es cierto que los Juegos Olímpicos tienen mucho de mercadeo, de política, de religión, de competencia, de cultura,  de economía y de muchas otras actividades humanas;  pero su verdadera razón de ser, porque así fueron concebidos, aunque muchos no lo crean o no lo entiendan, es recordarnos cada cuatro años que el deporte tiene una filosofía, una razón de ser que está por encima de cualquier resultado y cualquier otro aspecto. Enhorabuena, Londres nos descontaminó la mente. Bueno, no a todos; por lo menos a los que derramamos lágrimas ayer con Xiang Li, pensamos muchos con Pistorius y aplaudimos el mensaje a la juventud que cifraron en la inauguración.

Durante casi 5 meses, esta columna ha sido un tiro libre directo exclusivo del fútbol. Si usted hoy estaba esperando que hablara de inicio de la Liga, de la sorprendente selección femenina de Japón o del irregular Brasil en los Juegos, definitivamente no va a entender lo del espíritu. Dentro de 4 años trataré nuevamente de explicárselo.