Mostrando entradas con la etiqueta Rigoberto Urán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rigoberto Urán. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de agosto de 2016

#OlímpicosJJ 1. Hacer las cosas cuando no se usa y hacer nada

Camilo Villegas renunció a los Juegos Olímpicos el mismo día que supo que había clasificado. Él mismo argumentó que necesitaba acumular puntos para no perder la tarjeta profesional, y para lograrlo debía participar en dos torneos que se cruzaban con la competencia en Río. Válido. Lo dijo de inmediato. No hubo drama, aunque se perdió un cupo para el país.  ¿Discutible? tal vez; pero su renuncia fue de alguna manera "oportuna" y el deportista nunca fue inscrito. 

El ciclismo también renunció a un cupo. El único que tenía el país para la prueba contra reloj individual. Lo hizo mediante un lacónico comunicado de la Federación Colombiana, en el que se le atribuye la decisión a un "acuerdo entre ciclistas, cuerpo técnico, los miembros de la Federación y el jefe de misión de la delegación olímpica, Ciro Solano". El cupo Olímpico para esta prueba se conoció el 19 de enero, cuando la Unión Ciclística Internacional oficializó el ranking de naciones que se había cerrado el 31 de diciembre del año pasado. Se pudo renunciar en ese momento. Seguramente en ese entonces para los ciclistas, el cuerpo técnico, los directivos y el jefe de misión, el cupo era algo importante. 

La renuncia al cupo se anunció esta misma semana, a solo 7 de la competencia contra el cronómetro en la que Suramérica solo tenía 3 casillas. La decisión se tomó a última hora, a destiempo, inoportunamente, o como dicen las señoras de mi tierra, "cuando ya no se usa..." 

Fue una decisión muy mal argumentada. El comunicado dice que los ciclistas concentrarán sus esfuerzos en la prueba de ruta del 6 de agosto. ¿Acaso si se participaba en la contrareloj, se iban a guardar esfuerzos? No. Nunca lo hacen. Los ciclistas siempre dejan todo en el pavimento. Se entregan totalmente. Explicación tonta que no tiene lógica alguna.

Cómo sería de mal argumentado el tema en el comunicado, que los directivos y el técnico tuvieron que salir a explicar la decisión ante los medios.  Y fue peor. Se llegó a decir que la decisión se tomó porque en la prueba no había opción de ganar. ¿En enero sí la había?. ¿Se demoraron casi siete meses para darse cuenta? Si esa es la razón, más del 90% de la delegación colombiana debería renunciar. Es claro que de los 147 deportistas que fueron por el país a Río no más de una decena se va a colgar un metal. o visto más en macro: a los Olímpicos van más de 10.000 deportistas, y son 366 oros. Si renuncian los que no ven opción de ganar, no quedarían más de 500 compitiendo. Argumento baladí. 

El Gerente de la Federeación le dijo a Blu Radio que que la decisión era válida porque "en Colombia no tenemos contrarelojeros". ¿En serio? Si es cierta la afirmación, ¿cómo conseguimos el cupo? ¿ganando etapas de montaña? No. El cupo se consiguió por buenas presentaciones en etapas contra el cronómetro en pruebas del Word Tour. La explicación se cae por su propio peso, pero en gracia de discusión digamos que no los hay. ¿Nos dimos cuenta a 7 días de la prueba? ¿Hace 7 meses que ganamos el cupo los teníamos? Baaaah. 

Finamente, entre las explicaciones dadas en la misma entrevista, aparece una afirmación que sí es verdadera. Dijo el señor gerente que para la contrareloj "los muchachos ni están preparados, ni vamos a hacer un papel decoroso". Eso sí es cierto. He ahí la gran verdad. La explicación de todo este embrollo está en esa frase. Ojo, si no están preparados es porque el problema es de planeación. Problema de Federación y de cuerpo técnico. El cupo no se ganó ayer, se sabía desde enero. Han pasado 7 meses y ¿nadie pensó en que había que preparar a un deportista para esta prueba? ¿Para eso no se reciben unos recursos del COC? ¿Siete meses sin preparar una prueba olímpica y solo a 7 días de la misma nos dimos cuenta que no estamos preparados? Qué triste. Esa es la real explicación de todo: No se planeó, no estamos preparados... No se hizo nada. Nada de nada. 

Los deportistas hicieron lo que saben hacer: corrieron bien. Por eso ganaron 5 cupos para la ruta y 1 para la contrareloj. Después, la Federación no hizo nada y ahora renunció "cuando no se usa". 


domingo, 19 de abril de 2015

Volvió Henao, ¡y de qué manera!


Sergio Luis Henao no perdió. El subtítulo en la Vuelta al País Vasco no fue una derrota. El resultado no tenía por qué generar desazón. Nada de eso. Aunque suene absurdo, lo menos importante en este caso era ganarle en la Contra Reloj a Purito Rodríguez. Por algún extraño dejavú me acordé de Rigoberto Urán, colgándose la plata olímpica, con mucha gente frente al televisor lamentándose porque miró para atrás en los últimos metros.

Seguir el ciclismo, y en general el deporte, es una buena manera de entender que los colombianos somos un pueblo para el que el vaso siempre está medio vacío. Somos arribistas. Solo nos sirve ganar. Y la mayoría de las veces, ganar como sea. Cuando no ganamos, independiente de las circunstancias, hablamos de desazón, amargura o fracaso.

Para muchos es difícil entender que el reto para Henao no era ganar, sino volver; y aunque suene medio filosófico: volver a ser. Llevaba un año sin correr, la del país Vasco era su segunda carrera después de la lesión en Suiza hace 10 meses, y la primera en la que iba a tope. Desde su llegada a Europa, por múltiples razones, había sido intermitente, pero ahora se le ve brillar con solidez.

Henao volvió a ser... el pedalista fuerte del 2010 ganador de la Vuelta a Colombia; el coequipero estrella del 2013 que con licencia de su capo protagonizó la Flecha Valona y fue podio en el País Vasco; el complemento que necesitaba Froome en el Sky; el otro gran escalador colombiano. Regresó un grande que por diferentes razones, en los 4 años que lleva en Europa, no ha podido consolidarse como Urán y Quintana. Por eso, Henao no perdió... porque volvió para consolidarse, ¡y de qué manera!

La Contra Reloj final del País Vasco no puede dejar amarguras. Henao debe estar disfrutando el sabor del regreso, del buen regreso, que siempre será dulce.


P.D. Si me entendió la de Sergio Luis, seguro me entenderá la idea que sigue: Nairo tampoco perdió, fue cuarto, y está mirando adelante. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Si estuviera Nairo, era gol de Yepes


"Si Nairo estuviera, ganábamos la Vuelta". Ese es el clamor, el lamento de esta semana. "Estas etapas de montaña eran para Nairo", dicen en cada esquina del país cuando empiezan a pasar las imágenes desde España. Nos olvidamos de mirar el espectáculo del ciclismo, y le quitamos importancia a los colombianos que quedan. Pareciera que lamentarse es el deporte nacional, que queremos vivir de lo que pudo ser y no fue, que queremos justificarlo todo. La realidad es que Nairo ya no está. Se cayó y se retiró (hecho que es normal en el ciclismo).

En el deporte dejamos ver nuestras facetas culturales como sociedad. También nuestros defectos. Por ejemplo, es claro que somos un pueblo donde se guarda luto demasiado tiempo, que no supera las adversidades, y al que le gusta hacer remembranza de sus dificultades; no para aprender de ellas, sino para flagelarse. Así como somos de exagerados en las celebraciones, somos igualmente demasiado dramáticos en los momentos de duelo.l

En el fútbol, no hemos superado la anulación de una jugada de Yepes en fuera de lugar. En el ciclismo vamos a lamentar mucho rato la caída de Nairo. En el primer caso, nos quedamos en esa jugada, en el arbitraje y en la falta de James; y la verdad, nunca hicimos el análisis frío de la derrota ante Brasil, de lo hecho en el Mundial. En el segundo caso, no hemos disfrutado del gran espectáculo que están ofreciendo los españoles Contador, Purito y Valverde, junto con Froome y Arú, ni hemos ponderado la gran Vuelta que hace Rigoberto Urán. Nos quedamos en la caída, la operación y la salida de la clínica de Nairo Quintana. Bueno, también pasa porque somos arribistas; porque solo nos sirve ganar. Ese es otro aspecto e nuestra "personalidad" como país deportivo.

Las caídas en el ciclismo son como los malos arbitrajes en el fútbol. Siempre se van a presentar y van a determinar los resultados. En el primer caso, porque el ciclista está expuesto en su vehículo. En el segundo, porque la FIFA siempre ha querido que sea así. Caídas y arbitrajes hay que asumirlos y dramatizarlos menos.

Vivimos el mejor momento del deporte colombiano, pero a veces creo que no lo disfrutamos a plenitud. Este fin de semana Mariana en el BMX, Caterine en el salto triple y Sara López en el tiro con arco pusieron el tricolor en alto. Lo mismo hicieron Los Tucanes en el Suramericano B de rugby. Sin embargo, nos quedamos en el lamento y la indignación porque lo de Cuadrado no era para roja, en un partido amistoso. Así somos.

P.D. Lo de Yepes no era gol porque había fuera de lugar; lo de Cuadrado sí era roja porque ya tenía amarilla y empujó por la espalda; y si Nairo no de hubiera caído nadie garantiza que estuviese ganando, pues el nivel de los primeros de la general es altísimo.

domingo, 8 de junio de 2014

¿De quién son los triunfos de los ciclistas?



Cuando ganan Quintana, Urán o Arredondo ganamos todos, gana Colombia entera; sin privilegios y sin excepciones. Los triunfos de los deportistas nacionales no pertenecen a nadie en particular: ni a los políticos, ni a los periodistas, ni a los patrocinadores, ni a los dirigentes, ni a una región en especial, y aunque suene cruel, ni siquiera a las familias de los deportistas o a ellos mismos.

La identidad con el ídolo es un fuerte y poderoso factor inherente al deporte, al punto que ninguna otra actividad humana logra los niveles de identificación que éste consigue cuando los resultados son positivos, como ocurre ahora con los pedalistas nacionales.  Además, en nuestro caso son tan escasos los referentes que nos enorgullecen colectivamente que una victoria como la del Giro despierta un fervor patrio inigualable.

Puede que suene a argumento baladí, pero hay un elemental detalle del lenguaje en estas victorias que no puedo dejar pasar desapercibido. Hoy cualquier colombiano, lejos de gustarle  o no el ciclismo, de haber seguido en detalle la carrera o no, se refiere a los héroes del Giro con formas tan familiares como “Rigo” o “Nairo”, con posesivos como “nuestros ciclistas”, y con plurales como “ganamos”, “somos campeones”, que demuestran apropiación total del título conseguido por ellos.

Tener una identidad, afirma Victoria Camps, “ssignifica diferenciarse de la vulgaridad indiferenciada”. Ahí es donde cobra valor simbólico un triunfo o una derrota de un deportista. No ganó el ciclista, no ganó Quintana, “ganamos” todos, absolutamente todos. Ahí está la gracia  del deporte.

No es el momento de salir a cobrar. No le queda bien a nadie aprovecharse del fervor y de la alegría provocadas por la histórica victoria salir a reclamar el triunfo como propio. Así hubieran hecho algo importante y aportante para el 1 – 2 en el Giro, suena impertinente, disonante, fuera de foco y hasta fastidioso salir a decir que tienen parte importante. Ni siquiera los ciclistas, que finalmente fueron los que hicieron el esfuerzo,  lo expresaron así. Ellos, con su característica humildad, pluralizaron su victoria individual, se la dedicaron a todos los colombianos y la volvieron nacional.


En medio del caos político, de las dificultades sociales, de los problemas económicos, de la crisis de valores, de la inseguridad en las ciudades, de las envidias de algunos periodistas, de la guerra de marcas entre los patrocinadores, de los gustos particulares de cada población o región y de la terrible inequidad en el campo,  el único placer que disfrutamos en colectivo, en Colombia, es el que nos brinda el deporte. Somos un país que necesita del deporte para enriquecer su colectivo moral, para alegrar su vida y sobre todo, para ver la vida color rosa en medio de su dureza.

Identididades peligrosas en el deporte


¿Se imaginan a Colombia dividido entre “uranistas” y “quintanistas”?, ¿qué tal un grupo de aficionados vestidos de camiseta rosa, armados de palos y armas blancas, rumbo a un sitio de reunión para ver la etapa el Giro, esperando a encontrarse de frente con los seguidores de Nairo para descargar su ira y atacarlos con sus armas? Menos mal el ciclismo de hoy no da para eso. Aunque en alguna época en los albores de este deporte se llegaron a desbordar los regionalismos, hoy esta disciplina deportiva solo genera identidades de patria y emociones que no van a la irracionalidad salvaje tan tristemente común en el fútbol.

Si bien una de las características del deporte moderno es la generación de identidades, dejar que éstas se vayan al extremo de la irracionalidad es supremamente peligroso. Nada justifica, por ejemplo, que el día de la final del fútbol colombiano se hayan registrado 5 muertos en Barranquilla, 1 en Medellín y disturbios en 16 ciudades más del país. Y eso que faltaron datos de otros municipios. Decir que fueron hechos presentados lejos del estadio, como afirman las autoridades cada que se les toca el tema, no excusa al fútbol como generador de estos actos de violencia. Es fanatismo. Son muertos inocultables y hechos violentos lamentables. El deporte no fue pensado para eso y la sociedad tampoco; pero en nuestro país, esa irracionalidad se volvió casi que natural. 

El fenómeno se vuelve más triste cuando se hace evidente en partidos entre clubes del exterior, como la final de Champions el fin de semana. Asusta pasar por las redes sociales en ese tipo de encuentros y leer todo tipo de insultos e improperios entre colombianos que solamente por televisión le han tomado cariño a uno de los clubes que juegan. El pecado en el fútbol hoy es la identificación con una camiseta, con un estilo  o con un entrenador. El fútbol, como la vida del país, se polarizó en dos extremos cada vez más distantes.

Lo particular es ver cómo otros deportes luchan a diario para que este tipo de identidades peligrosas no se presenten. El rugby, el baloncesto de la NBA (en el local a veces se ven actos irracionales) y el ciclismo son una muestra representativa  de que con acciones educativas permanentes y con sanciones ejemplares se pueden controlar los excesos. Obviamente, uno puede mirar al fútbol de manera particular por el fenómeno social que representa, pero igual eso no justifica las identidades llevadas al límite del sectarismo.


Seguramente hoy, después de la jornada electoral, los ánimos en el país deben estar caldeados. La polarización política, como la del fútbol, llegó a extremos grotescos y lamentables. Claro, es apenas una suposición, pues escribo esta columna  mientras veo a Urán, a Nairo y a una docena de colombianos devorar kilómetros magistralmente dándole nombre al país y despertando sentimientos de orgullo y solidaridad. Ojalá en el fútbol y en la política aprendiéramos a ser “uranistas” y “quintanistas” admirando y siguiendo al de las preferencias, pero respetando el esfuerzo que hace el otro por ganar. 

lunes, 11 de marzo de 2013

De largo aliento (11 de marzo de 2013) - ¿Así o más maduros?


¿Así o más maduros?
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo el 11 de marzo de 2013

Una vez más, el tema es el ciclismo. En la París – Niza, Nairo Quintana fue tercero en la CRI, terminó en el puesto 15 de la general y fue cuarto en la clasificación de los jóvenes. En la Tirreno – Adriático, Rigoberto Urán era octavo y Segio Luis Henao décimo, antes de iniciarse la etapa de hoy, corriendo como escuderos de Froome. Y en Langkawi, hace ocho días Julián Arredondo se quedó con el título. Cada fin de semana, la lista de grandes actuaciones de los ciclistas nacionales tiene un nuevo renglón, con noticias que llegan de cualquier parte del mundo. La nueva generación de pedalistas nacionales ya maduró, y está a punto de conseguir una gran victoria  en el calendario mundial.

Quintana, Henao, Urán, Betancur, Arredondo… y un centenar de apellidos más hacen que hoy Colombia sea mirada con respeto en el mundo del pedal; de hecho, el año pasado en el mundial de Holanda los grandes analistas destacaron el progreso de nuestro ciclismo, y lo catalogaron como como uno de los de mayor desarrollo en los últimos años.

La pregunta de muchos es ¿qué tan cercano puede estar un colombiano de subirse al escalón más alto de un podio en el Giro, el Tour o la Vuelta? La respuesta mía es sencilla: ciclistas para hacerlo hay, y varios; pero falta que los equipos europeos en los que militan los arropen y los respalden. Por ahora, mientras tengan que trabajar para capos británicos, francés  o italianos va a ser complejo; aunque no imposible.

¿Y qué tal pensar en un equipo nacional al mejor estilo del Varta o el Café de Colombia de los 80s? la respuesta es la misma: ciclistas hay, y muchos; pero la idea suena muy romántica porque faltarían los recursos económicos, que en este caso, para aspirar a cosas grandes, tienen que ser muy altos. Difícil sí es, aunque, como en el párrafo anterior, no imposible.

El ciclismo es nuestro deporte nacional, pero le faltan patrocinadores, recursos, garantías en las carreteras, más competencias y más medios. Bueno, también le falta voluntad política, como a todo el deporte colombiano. La generación actual está madura. Después de la que encabezaron Lucho y Parra han pasado dos más, a las que el país les negó la posibilidad de brillar. La de hoy está madura, está lista. Mensaje en clave para tantas empresas que gastan millones y billones de pesos en publicidad diciendo por todos los medios que son las mejores empresas: Los ciclistas colombianos de hoy hacen parte de una cosecha que surgió de una semilla bien cuidada y que no se puede dejar peder…aprovechen. ¡Después no digan que no les avisaron!

lunes, 30 de julio de 2012

DE largo aliento (30 de julio de 2012) - EN OLÍMPICOS, TIENE QUE SER CON EL VASO MEDIO LLENO

EN OLÍMPICOS, TIENE QUE SER CON EL VASO MEDIO LLENO
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo el lunes 30 de julio de 2012

En los Olímpicos no sirve mirar el vaso medio vacío. Los comentarios negativos no caben, sobre todo, en países como el nuestro donde las alegrías a lo largo de la historia de los Juegos han sido pocas, sufridas y muy significativas.  El sábado en la mañana, Rigoberto Urán se dio cuenta a 6 kilómetros de la meta que llevaba una medalla en sus piernas, y al final consiguió la de plata. Logro histórico, plausible y emocionante para todos los colombianos, menos para los que ven el vaso medio vacío.

Apenas había cruzado la meta el colombiano cuando comenzaron los comentarios en las redes afirmado que “había botado la de oro”, que se había descuidado y que había perdido una oportunidad histórica. Esos pesimistas de siempre no alcanzaron a celebrar, se dedicaron a lamentar.

Por donde se mire, tiene mérito: es la primera medalla del ciclismo en ruta latinoamericano en una olimpiada; es la primera plata que consigue el ciclismo colombiano después del bronce de María Luisa Calle en el velódromo de  Atenas; es la primera de Colombia en Londres 2012; y la que completa la docena de medallas olímpicas del país. Con el vaso medio lleno, es una medalla de mérito inobjetable.

¿Pudo ganar la de oro? claro. En el deporte uno tiene la posibilidad de ser primero o último, dependiendo de muchas variables. Claro, el que ve el vaso medio vacío nunca mira todos esos factores, nunca reflexiona, nunca escucha. Se conforman con ver una imagen y juzgar a partir de la apariencia.  Con palabras honestas, Urán, al final de la carrera, reconoció que literalmente se quedó sin piernas para el remate y que miró para atrás para saber si el lote venía muy encima.  Cuando vio la distancia supo que la de plata no se le escaparía. Plausible sinceridad.

El vaso medio lleno nos permite celebrar y nos sirven de abrebocas para una olimpiada en la que soñamos con un registro histórico. El vaso medio vacío no sirve sino para quejarse, para exigir sin entender. Yo lo veo medio lleno y por eso entiendo que el sábado  no se perdió una de oro. Sencillamente, se ganó una histórica medalla de plata. Y como optimista que soy, creo que no será la única.