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miércoles, 1 de julio de 2015

Después del 1-0 a Brasil toca aprender


Lo importante de las caídas es la forma como uno se levante. Ahí radica la importancia de la victoria de Colombia. Dos días después, las sensaciones siguen siendo múltiples, pero las reflexiones deben ser mayores.

La primera lección aprendida es que hay que creer más. Lo pidió James después de la caída ante Venezuela. La dramatización al extremo en la derrota y la celebración excesiva en la victoria son parte de nuestro adn. Podemos cambiar un poco, al menos intentarlo; es más, debemos hacerlo. Es asunto se credibilidad cuando los proyectos son serios. El de Pekerman lo es.

El fútbol es una montaña rusa. Se gana y se pierde. Obviamente, hay formas de hacerlo. Y formas de asumirlo. Por ejemplo, las declaraciones de Dunga en la rueda de prensa post juego dejaron en evidencia su falta de grandeza. No asumió sus responsabilidades. Le atribuyó todo al árbitro y según él, a la pierna fuerte de Colombia. Segunda lección: en la derrota se conoce al verdadero caballero.

Una más: antes del partido, En la conferencia de prensa de Pékerman con Cuadrado, la actitud del Pekerman sonriente sorprendió por su buen humor y su tranquilidad. Hasta le hizo bromas a juan Guillermo cuando le preguntaron por la llegada de Falcao al Chelsea. Una invitación a leer entre líneas. Otra lección a repasar.

A muchos kilómetros del juego, la lección más importante: un niño murió en Medellín por una balacera en medio de la celebración. Sin palabras. Más que hablar de táctica, de identidad futbolística, del resultado, de la Copa, de Pékerman o de Neymar, es hora de hablar de cosas simples, mucho más importantes y significativas que el fútbol. Hay que hablar del valor de la vida. Lección que no hemos aprendido.

martes, 16 de junio de 2015

La frustración debe ser temporal, no absoluta

El fútbol, como la vida misma, es un juego de incertidumbres. Nada es seguro. Aunque es más simple lo de fútbol, que de reduce a tres posibles resultados y a una forma de vivir, o bueno, de jugar. Más allá de lo que significa el deporte, la vida es mucho más compleja, y a veces, cuando ingenuamente creemos que se reduce solo a la pelota, sufrimos demasiado sin necesidad, creo. Eso nos pasa con la Selección. Perdió con Venezuela y el drama fue total.


Tal vez sea esa forma tan colombiana de asumir la frustración como algo absoluto, sin matices, lo que no nos permite ver más allá del resultado. Tal vez sea esa sociedad culpógena que somos la que no nos da para buscar explicaciones racionales a la derrota.

Colombia perdió porque le faltó ritmo, porque no tuvo definición, porque su circuito de generación de fútbol no se conectó, porque cayó en el juego de choque que propuso Venezuela al principio, porque le faltó liderazgo, porque hay jugadores sin ritmo de competencia, por muchas otras cosas, y sobre todo porque Venezuela fue muy superior. Muy superior. Ellos también trabajan, ellos también juegan.

Ojalá ya haya pasado el guayabo. Ojalá ya no sigamos buscando culpables. No podemos quedarnos ahí. Como en la vida, hay que levantarse y seguir. Hay que decir: lección aprendida. Se perdió uno. Ahora quedan dos. Toca levantarse ante Brasil, y si no se puede, pues toca pensar en una buena eliminatoria. La frustración siempre es temporal.

Creo que Es el frío de Santiago, o la lejanía del hogar lo que lo pone a uno reflexivo, filosófico y hasta trascendental. Aún perdiendo con Venezuela, la vida sigue. Como dijo alguna vez el profesor Maturana: hoy los pajaritos vuelven a cantar.

lunes, 7 de julio de 2014

La humana imperfección del fútbol

Los árbitros de fútbol siempre se equivocan. El juego está diseñado para que lo hagan. Hace tres días Colombia está por fuera del Mundial y da tristeza ver cómo  todavía la polémica no supera el detonante natural en este juego: los señores de negro. Inculparlos siempre será la primera excusa para un resultado adverso, y cuestionarlos en la victoria es la mejor manera de sobre-dimensionar el logro alcanzado. Nada qué hacer: el juego está diseñado con él y con su imperfección; y es solo una de las múltiples variables, no la única. 

Obvio, por lo que representan, los árbitros siempre estarán estigmatizados. Representan la autoridad absoluta y son los guardianes del reglamento, pero para hacerlo absurdamente tienen que correr más que cualquiera de los 22 jugadores y tienen que ser mejores atletas que ellos. Están obligados a hacerlo. Sin lógica, es el único deporte en el que esto ocurre. Sería como pensar en que el juez de atletismo corriera a la par de los atletas hasta el final de la prueba, o que el de natación tuviera que estar dentro del agua todo el tiempo. En el fútbol es así. 

Velasco se equivocó, sí, como todos; pero ¿fue determinante en el resultado? no creo. Como ocurre casi siempre con los árbitros, sus decisiones fueron calificadas de injustas, imprecisas, parcializadas, acomodadas y equivocadas. Se equivocó, sí, pero ¿cómo juzgar si lo hizo con malas intenciones?. Imposible.  

El árbitro tiene una gran responsabilidad, por eso es un componente vital del juego. Siempre será un antihéroe: de todos los que están en la cancha es el único al que no se le perdonan los errores. Aunque lo intente, nunca sacará un 10 perfecto en calificación. Es un actor subjetivo y por eso siempre será cuestionado y se convertirá en el ser más vulnerable en la cancha. No es un ser divino, es un humano, como usted o como yo, y como tal, se equivoca.  Eso sí, es la excusa perfecta, y a veces la única, para un mal resultado. 

El fútbol es una dictadura a la que todos nos sometemos. La FIFA le apuesta al error humano. En su reglamento prima la subjetividad por encima del espíritu deportivo. ¿Tienen los árbitros el derecho de jugar con la ilusión de un país? Por la forma como está diseñado el fútbol, sí. y no hay nada qué hacer. De eso se trata. el juego. Ocuparse tanto del juez y no hacerlo del juego no es más que una manifestación de impotencia. 

Ya lo había escrito alguna vez, pero vale la pena repetirlo: si uno piensa mal, podría decir que la FIFA no evoluciona el reglamento, no acepta la ayuda tecnológica y no cambia las normas que dependen de la apreciación para seguir “manejando” el espectáculo; si uno piensa bien, podría afirmar que lo hace porque la real gracia del fútbol está en esa imperfección. 

martes, 1 de julio de 2014

Sencillo: en el fútbol puede pasar cualquier cosa


La próxima vez que me pregunten cuál es mi pronóstico para un partido responderé con una frase que escuché cientos de veces cuando apenas comenzaba en este oficio: “en el fútbol puede pasar cualquier cosa”. Así de sencillo. Si insisten con el argumento aquel de que “¿usted no es periodista deportivo pues?”, les agregaré parte de su pregunta a la respuesta: “porque soy periodista deportivo es que sé que en el fútbol puede pasar cualquier cosa”. Puede ganar el débil, puede equivocarse el árbitro, puede jugar la suerte, puede cambiar la historia, puede apagarse el ídolo, puede salirse de casillas el más profesional, puede intervenir la FIFA, pueden sancionar de oficio, puede caer el favorito y aunque suene redundante, puede pasar cualquier cosa.  

Suena estúpido que algo tan propio del fútbol y del deporte como la impredecibilidad no sea aceptado y siempre se le quiera ganar en el periodismo con toda suerte de pronósticos. Los periodistas deportivos no vemos el futuro; analizamos los hechos del presente y recapitulamos el pasado para tenerlo en cuenta a la hora de tratar de mirar con frialdad una actividad que el común de la gente ve con el corazón a mil y con la sangre caliente. Sn embargo, el ego nos puede, y por querer parecer doctos, nos lanzamos de adivinos, fundamentados en la lógica, que por todos es sabido, no impera en los terrenos del deporte.

No argumentaré nada más a favor de la idea eje o tesis. Más que un artículo de opinión, lo que hago hoy es anunciar por escrito la postura que adoptaré desde hoy cuando quieran ver en mí el prestidigitador que no soy. Hablaré del presente de cada equipo y de cada jugador, de las circunstancias del juego, del ambiente para el partido, de estado del terreno, de las tensiones que acompañan cada compromiso y de múltiples detalles más; pero nunca más me aventuraré a anticipar un resultado.

Y como todo propósito hay que ponerlo en práctica, empezaré preguntándome yo mismo, cómo creo que quedará el partido Brasil – Colombia del próximo viernes. Sencillo: cualquier cosa puede pasar.

Brasil es el local, el pentacampeón, el Mundial fue armado para hacerle cómodo el camino a la final, tiene a Neymar pero el grupo escogido por el DT no fue el adecuado y eso sí, por muchas razones, no propiamente futbolísticas, necesita el título. Colombia ha sido una de las gratas sorpresas, tiene a sus jugadores en un gran nivel individual, está “derechito” en este Mundial, el grupo humano está unido, su fútbol ha sido efectivo, su técnico ha hecho una dirección impecable, el país está expectante y la ilusión ha crecido. Colombia tiene el fútbol para soñar con una hazaña superior; y lo ha demostrado. Brasil tiene la necesidad, pero no tiene el nivel que se esperaba. Aun así, cualquier cosa puede pasar. Es fútbol. Y en el deporte, las variables son numerosas.


Quiero que Colombia avance a la semifinal. No quiero ser aguafiestas, ni me gustaría ser tildado de apátrida, o de hombre de poca fe, pero… Brasil puede golearnos y dejarnos en el camino. Ojalá que no pero al fin de cuentas, cualquier cosa puede pasar. 

lunes, 21 de abril de 2014

Falcao sí, pero al 100

Falcao estará para el mundial, pero no estará al 100%. Lo segundo ya lo suponíamos muchos; lo primero, lo dudábamos y no lo creíamos. Con argumentos científicos, el médico José Carlos Noronha reafirmó las esperanzas de la mayoría en el país que quiere ver al ídolo y referente del seleccionado nacional en la Copa Mundo. Obviamente me incluyo, a mí también me gustaría verlo, pero eso sí, a plenitud; no con las "limitaciones relacionadas con la exigüidad del tiempo" a las que también se refirió el galeno.

Que médicamente vaya a estar apto para el mundial es una noticia alentadora. Que su condición no vaya a ser la ideal, abre la discusión. Quedan varias preguntas abiertas frente al anuncio hecho por Noronha el sábado anterior: ¿en qué porcentaje real llegará Falcao?, ¿Cuál será su condición futbolística?, ¿sin estar al 100% es más que los demás delanteros nacionales?, ¿es pertinente llevarlo sin estar en plenitud de condiciones?, ¿vale la pena ocupar uno de los 23 cupos con un jugador que no llegará a tope?, ¿qué piensan los dueños de su pase de que él vaya  Brasil?, ¿hay presiones comerciales para que esté? y muchas otras más ya formuladas en redes sociales  y debates en los medios.

Las respuestas no son claras, aunque algunas de ellas, las futbolísticas, hay que buscarlas en el técnico José Pékerman, que seguramente, como ha sido su estilo, a esta altura ya tiene claro lo que hará. Las relacionadas con asuntos contractuales y publicitarios tal vez nunca las conozcamos. Las demás, las responderá el tiempo, que es lo que menos tiene Falcao en este momento de cara al Mundial.

Para cada pregunta sobran argumentos de todo tipo. Pensando simplemente como colombiano que quiere que la Selección avance en el mundial lo máximo posible, me atrevo a dar solo uno, que puede servir para alimentar la discusión: a mi modo de ver, Colombia es un equipo donde las individualidades resuelven las carencias tácticas que tiene el colectivo. Así las cosas, el mundial lo deberían jugar los 11 que estén al 100% de su condición, ¿no?


Lo anterior dejaría claro que para esa manera de entender, Falcao no debería estar con Colombia en Brasil; pero antes de que usted, amigo lector, cuestione mi posición, me permito reiterar que ni ese es el único argumento para tomar la decisión, ni el comportamiento futbolístico es la única variable, ni es a mí a quién me toca decidirlo.

Falcao es el referente y el goleador, no hay duda. Se merece estar en el mundial y la Selección lo necesita. Su aporte es fundamental, claro; pero no llegará a plenitud, lo que también es claro. La decisión es bastante difícil y compleja. Sin embargo, algo me dice que estará en los 23 que irán a Brasil, sin importar en el porcentaje en el que esté; porque hay otras razones de más peso, espero que en singular todas, para llevarlo.

martes, 26 de marzo de 2013

De largo aliento (26 de marzo de 2013) - El man es Péker-man


El man es Péker-man
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado el martes 26 de marzo de 2013 en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo

Hace 16 años no estábamos tan cerca de un mundial de mayores en fútbol. Hace casi dos decenios no veíamos una Selección Colombia jugando bien, con jerarquía y con identidad. Nos demoramos todo este tiempo para ver crecer una nueva generación de futbolistas ambiciosos, técnicamente bien dotados y  mentalmente ubicados. Luego de muchos errores, volvimos a acertar. Es cierto que no hemos clasificado y que el objetivo no se ha cumplido todavía; pero el fútbol de esta Selección nos da motivos para querer verla jugar, para ponernos la camiseta y para respirar optimismo. El profesor Pékerman hizo posible que en Colombia volviéramos a hablar en plural, y que todos nos sintamos representados por el equipo nacional. “Ganamos, goleamos y gustamos”.

Mientras muchos resultadistas hacen cuentas de los pocos puntos que faltan; los que defendemos el orden, los procesos, el estilo y la identidad hacemos fiesta porque todo eso volvió a aparecer. Clasifiquemos o no, volvió la esencia. Ahí estuvo el secreto del profesor Pékerman y ahí debe estar ahora el foco del debate y de la conversación nacional.

Durante años, nos quedamos en lo menos importante: si debía ser un técnico de la rosca paisa, de la bogotana o de la vallecaucana; si cobraba mucho o si resultaba barato: si le gustaba al presidente Santos o al patrocinador; si tenía buena prensa o no lo querían; si servía el 4-2 o el 4-3; si debía ser titular uno u otro jugador. Nos enfrascamos casi 20 años en peleas insulsas de carácter  regional, económico o incluso relacional. Nos quedamos en la superficie, y el fondo del asunto era otro, lo esencial.

Sea como haya sido, y soy de los que creen que la decisión tuvo mucho de fortuita, con la llegada de Pékerman  se dio en el blanco. Porque supo exigirle a los directivos, porque se hizo respetar, porque aguantó la crítica sin dramatismos, porque  entendió qué es lo que siente el colombiano con el fútbol, tanto en la cancha como en la gradería, y porque le apostó a recuperar la esencia: jugar bien.

Ya el técnico hizo la tarea difícil. Ahora nos toca a todos apelar a la memoria para no repetir errores como pueblo: creernos campeones del mundo, subestimar a los rivales, celebrar excesivamente, quedarnos discutiendo lo elemental o pecar de ingratos con quienes ahora nos dan alegrías inmensas. Todo esto ya lo hicimos en otro momento de la historia, ¿para qué repetirlo?

miércoles, 17 de octubre de 2012

Tiiro Libre 30 - Falcao y su momento


Falcao y su momento
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "Tiro Libre" del periódico Qhubo el 17 de octubre de 2012

Lo comparan con Messi y con Cristiano. Lo promocionan para el Chelsea y el Madrid. Lo dan como candidato para el próximo balón de oro. Lo alaban, lo aplauden y lo admiran. Tiene a medio mundo hablando de él. Es co - goleador en la Liga Española; y sin haber jugado todos los partidos es el cuarto goleador de la eliminatoria suramericana. Eso sí, es colombiano y no juega en uno de los dos grandes del fútbol ibérico; lo que le da más mérito, y a la vez, le consigue detractores que desconocen sus grandes méritos en el momento actual.

Seamos realistas: los goleadores colombianos que han trascendido en el mundo son muy pocos. De la historia reciente la lista tiene solo dos: Asprilla y Ángel; que tuvieron temporadas estelares en Italia e Inglaterra.  Lo de Falcao ha tenido más trascendencia. Hoy en día es el mejor 9 de mundo. Así lo reconocen los equipos más importantes de las principales ligas del planeta. Está en su mejor momento  él lo sabe y lo dice. En su equipo y en la selección es el jugador fundamental, lo apreciamos todos en cada juego. 

Para hablar de él hoy  solo caben elogios, es cierto, pero recordemos que no siempre fue así. La memoria nos trae sus primeros llamados a la selección, donde o no apareció en la nómina titular o estando en la cancha fue intrascendente. La explicación más común es que los técnicos que tuvo eran ultradefensivos, que no supieron aprovecharlo o que lo pusieron a jugar en una posición equivocada. Podría ser, pero tampoco podemos ignorar que, a veces, el goleador no está,  o que le cuesta mucho entrar en la dinámica del juego. Podría ser eso, por qué no; en el fútbol, solo cuenta el hoy.

No olvidemos que Falcao actúa en una posición, la de 9, que es de rachas y de dependencias. Para que brille, el técnico tiene que saberlo rodear; como dije en una columna anterior el equipo debe jugar con él y no para él. Además, es normal que en su puesto, en cualquier momento, el delantero pase por alguna sequía goleadora; ojalá se demore bastante. Para el fútbol es un superdotado, pero también es un ser humano normal, y la fragilidad de esta condición aparece en cualquier momento.  En el fútbol solo cuenta el hoy y el Atlético de Madrid lo sabe.

viernes, 12 de octubre de 2012

De largo aliento (12 de octubre de 2012) - Todo tan perfecto asusta


Todo tan perfecto asusta
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

El ambiente es el ideal y el momento, inmejorable. El partido ante Paraguay hoy es la oportunidad de dar el gran salto a la zona segura de clasificación para el mundial de Brasil 2014; se jugará en medio de un optimismo desbordado, ante un rival en dificultades, con un estadio lleno y con una Selección rebosante de confianza. Sin embargo, Todo tan perfecto asusta.

Digo que asusta, porque muy pocas veces a Colombia le toca así. Hace rato que a nivel de selecciones a la nuestra le toca nadando contra la corriente, viviendo la eliminatoria con afugias y sin un estilo que garantice reconocimiento y respeto. Hace 3 eliminatorias, doce años, desde que se perdió la identidad,  desde que se quiso cambiar el toque por el biotipo, que Colombia no convocaba con tanta convicción.

El hoy es promisorio y alentador. Colombia tiene un goleador como nunca antes lo tuvo, el mejor del mundo en el momento; un nivel alto en la mayoría de los jugadores, un técnico que habla poco y demuestra con trabajo lo que muchos le piden con palabras;  y un entorno muy positivo en Barranquilla, que ha vuelto a ser la casa de la Selección. Los últimos resultados, pero sobre todo, el estilo recuperado, llenaron de confianza al país.

Atrás quedaron las fuertes críticas por el salario multimillonario del estratega, las polémicas por la convocatoria de uno u otro jugador, los cuestionamientos por la forma como sacaron a Leonel, y las acusaciones duras por la presencia de supuestos empresarios muy cercanos al cuerpo técnico. De eso ya nadie habla, porque el camino al mundial se enderezó, porque Colombia volvió a jugar al toque y porque los resultados se dieron.

El hoy tan bueno puede ser hasta peligroso; si solo es un hoy y no se asegura una continuidad en el tiempo. Nadie garantiza que los resultados se sigan dando, que el camino a Brasil siga estando tan claro y que el estilo se conserve y se fortalezca. Colombia es un equipo en construcción, la tabla está apretada y el calendario apenas va en la mitad. Ah, y ahora viene un descanso de varios meses que puede traernos sorpresas después.  Por ahora, la mejor fórmula es la mesura, la clave está en la tranquilidad y la mejor forma de disfrutar es con el fútbol, no con los puntos.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tiro Libre 25 - Mucho toque-toque y mucho de aquello


Mucho toque-toque y mucho de aquello

Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "Tiro Libre" del periódico Qhubo el 12 de septiembre de 2012

Con el juego ante Chile quedó claro una vez más que el toque-toque es la esencia del fútbol colombiano. Es la partitura ideal para nuestros intérpretes, el sentir de los jugadores. Es lo que nos ha caracterizado ante el mundo. Pekerman entendió rápido que tocarla y tenerla es parte de nuestra idiosincrasia futbolística. Ahí está su virtud como seleccionador. Esta vez, incluyó jugadores con buen manejo en todas las líneas, y por eso, Colombia recuperó su esencia.

Después de estos dos juegos queda claro que el "ganar como sea", promovido por muchos, es una apuesta de mediocres y de facilistas. Buscar el estilo, fortalecerlo y aprovecharlo es más riesgoso, pero al final, más satisfactorio.  En el fútbol, hay que ganar, empatar o perder con la de uno. Como en la vida, el asunto es de identidad y no de simples resultados.

Algo bueno le tiene que quedar de lección a un país cuando el equipo nacional expresa en la cancha lo que su país es. Cuando se gana con propuesta, con estilo, con la pelota. Somos una sociedad rebuscadora, creativa, heterogénea, aguantadora y alegre; y como propuesta futbolística, tener la pelota nos posibilita expresar estas particularidades en una cancha. Ya lo sabíamos, dirán muchos, pero no lo habíamos aplicado.

El toque-toque que nos clasificó a 3 mundiales nos empezó a enderezar el camino hacia Brasil. Esta vez, con mucho de aquello, con una cuota goleadora altísima, como nunca antes la habíamos tenido.

Colombia recuperó la memoria, se acordó. Lo logró gracias a Pekerman. El técnico argentino le tapó la boca a un país que se ocupaba de su silencio, de sus nóminas y de sus métodos, pero que poco le preguntó por su lectura del fútbol nuestro. Hoy es día para aplaudirle y reconocerle a Pekerman. Ah, pero como otra característica nuestra como sociedad es la ingratitud, nada raro que no lo hagamos.

viernes, 31 de agosto de 2012

De largo aliento (31 de agosto de 2012) - La lista de don José


La lista de don José
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el 31 de agosto de 2012

El problema periodístico no puede ser a quién convocó Pekerman, o su versión en negativo, a quién no convocó. La escogencia de los jugadores es potestad del técnico, no de los periodistas, ni de los aficionados y mucho menos de los drectivos. La lista de Pekerman es la que jugará y es la que él considera necesaria para el objetivo inmedito: ganarle a Uruguay en Barranquilla.

El fútbol es juego de posibilidades y de estrategia. Lo primero se explica fácil. En Colombia no hay más de 40, o siendo generosos 50, jugadores para la Selección. Si bien, en teoría, todos quieren llegar al equipo nacional, para mostrarse, valorizarse, o con la sana intención de representar al país; no todos tienen la capacidad o el nivel. La listas de Bolillo y Leonel en su momento; o la de Pekerman ayer,  coinciden en algunos nombres; demostrando que no es que haya gran variedad.

La lista de don José es la Selección Nacional. Es la Colombia que jugará dos partidos decisivos y la que tratará de ilusionar a un país que vivió hace muy poco un gran momento de emoción gracias al deporte olímpico. Gusten o no los nombres que la integran, esa lista de don José es Colombia, sin uno más ni uno menos.

Lo de la estrategia es más complicado. Y ahí es donde la opinión periodística puede aportar. Cómo hay que jugarle a Uruguay en Barranquilla, ahora que la opción es solo ganar? Con ese condicionante, las posibilidades se restringen a: tenerte la pelota, jugarle frontal, proponer, aprovechar las bandas, atacar con juego aéreo para buscar a Falcao, sacar los laterales, arriesgar, y otras que seguramente propondrán los especialistas del fútbol. Sencillo acá en el papel. Difìcil en la cancha con ese rival.

Por esto último no quiero profundizar en las estrategias de juego. Simplemente quiero pedirle a mi selección una que es fundamental y que funcionó hace poco en Londres. Se llama "amor patrio". No es suficiente para ganar pero es la cuota incial para enderezar un camino que anda medio perdido. Las otras, que las trabaje don José.

viernes, 15 de junio de 2012

De largo aliento (15 de junio de 2012) - Algo tiene el Ponyfútbol


Algo tiene el Ponyfútbol
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio
Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el 15 de junio de 2012

En medio de la desazón que dejó el juego de la Selección Colombia en sus dos partidos de la eliminatoria, me encontré un dato muy diciente: 8 de los 11 titulares de Colombia en Quito  participaron en el Festival Nacional de Ponyfútbol, evento de deporte social comunitario que realiza su final cada enero en la Cancha Marte de Medellín. Algo tiene este Festival para niños de 12 años, que sin tener como filosofía la búsqueda de talentos para el fútbol profesional,  los encuentra en cantidad. Inobjetable: el 72% de la Selección jugó Pony.

De esta selección, David Ospina tiene record, pues jugó 3 versiones del Festival. Amaranto estuvo en las del 92 y 93 con la Selección de Urabá. Fredy Guarín  fue campeón con Envigado. James Rodríguez levantó la Copa del 2004 con Academia Tolimense y dejó historia con sus goles olímpicos. Falcao fue subcampeón con un equipo de Bogotá en el que curiosamente no marcó goles en 7 partidos. Carlos Sánchez, Camilo Zúñiga, Dorlan Pabón, Juan Guillermo Cuadrado y Juan Fernando Quintero también tienen su historial Pony.

Lo curioso es que el Festival no se concibe como cantera. Es un evento recreativo, en el que prima la filosofía del juego limpio, que busca la integración y la oportunidad de esparcimiento para los niños, que no está ligado a los procesos de la Federación y es organizado por una Corporación sin ánimo de lucro. Debe ser precisamente por no concebir el fútbol como un negocio y por ser independiente que sus resultados son tan buenos.

Cada año son 32 equipos de niños y 16 de niñas los que se congregan en el Festival. A lo largo del año, son casi 2000 equipos de todo el país los que participan en los diferentes zonales. Seguramente, de esos 36000 niños de 12 años que juegan en el Pony, alguno llegará a la Selección y jugará en Europa; pero los importantes son los otros 35999 que tendrán una experiencia inolvidable y que aprenderán principios valiosos para sus vidas.

Lástima que después del Pony y en el camino al profesionalismo, algunos jugadores olviden esos principios que tanto les recalcan en el Festival, entre los que recuerdo uno en especial ya que hablamos de Selección: respetar el sentimiento del hincha.

viernes, 1 de junio de 2012

De largo aliento (1 de junio de 2012) - ¿Ganar como sea?


¿Ganar como sea? ¿Es lo que queremos?
Por Jhon Jaime Osorio
Publicado en la columna "De largo alient" en el periódico El Deportivo el viernes 1 de junio de 2012

El camino hacia el mundial de Brasil no está nada claro. Todos queremos que la Selección juegue bien, que gane y que clasifique, y reconocemos que tenemos jugadores de gran nivel en el mundo. Sin embargo, la realidad es que Colombia hoy está por fuera de la zona de clasificación, que tiene dos partidos difíciles en condición de visitante contra rivales directos y que estrenará estrategia después de haber cambiado de técnico. La realidad es esa: el deseo es estar, pero el camino es culebrero.

Matemáticamente uno puede hacer las cuentas que quiera, a eso se le han dedicado horas en los medios: que hay que ganar 3 de los 6 puntos, que si se logran dos empates se neutralizan los rivales o que al menos un punto nos deja vivos. El asunto de fondo no pasa por los números, porque las frías matemáticas dicen lo que uno quiera ponerlas a decir. El problema ahora es cómo vamos a hacer para lograr la clasificación.

La manera más sencilla de clasificar al mundial, pero no por ello la más válida, se explica con una frase que se escucha diariamente en el fútbol: "hay que ganar como sea". No importa cómo, hay que conseguir los puntos. ¿Es eso lo que queremos con la Selección? En mi caso, no. Es triste saber que ganar como sea se nos volvió común en Colombia, y no solo en el fútbol.

Otra manera es construir un estilo, una identidad futbolística que aproveche las características de los jugadores y que permita lograr los resultados. Más complejo y requiere tiempo (lo que no tenemos); pero más satisfactorio. Esa es la tarea fundamental del técnico.

Ganar como sea o jugar con la de uno. Es un dilema. Para mi manera de ver el deporte, clasificar al mundial es importantísimo y mucho más después de tanto tiempo de no hacerlo. Eso sí, está  complicado. Trabajar en la construcción de un estilo es fundamental, así no se clasifique; que es el objetivo, pero no es lo único. En estas dos fechas de eliminatoria, si Pekerman recupera nuestra esencia, el buen trato a la pelota,  justificará su sueldo. Después de eso, la calculadora no será lo importante, y la clasificación podrá aparecer. Si se hace al contrario, así clasifiquemos, nunca jugaremos a nada. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Tiro Libre 10 - Un amor fugaz y pasajero


Un amor fugaz y pasajero
Por Jhon Jaime Osorio
Publicado en la columna “Tiro Libre” en el periódico Q´Hubo el 30 de mayo de 2012

Todavía recuerdo las palabras de la prensa capitalina cuando Pékerman  llegó: que había que rodear a la Selección, que debíamos “arropar” al nuevo técnico, que estábamos en mora de tener un estratega extranjero, que no podíamos seguir mirando hacia atrás, que uno de afuera no traía los vicios de los de acá. El nuevo técnico no ha dirigido su primer partido oficial y ya el discurso de la prensa que lo defendía cambió por completo. Se les olvidó un pequeño detalle: Pékerman habla poco, no le gusta, y prefiere estar lejos de la prensa.

Esta historia de amores fugaces y pasajeros entre los medios y las organizaciones deportivas es cotidiana. Hace escasos 10 días, por ejemplo, los jugadores y el cuerpo técnico de Nacional dejaron esperando a los medios 50 minutos después de un partido; y cuando se “dignaron” a asistir a la rueda de prensa, los periodistas se retiraron en actitud de protesta.

Entre los periodistas y sus fuentes hay una mutua necesidad y dependencia. Los primeros necesitan información y los otros la tienen; la imagen pública de los segundos  depende en mucha parte del trabajo de los primeros. Es un matrimonio por conveniencia dirán algunos, pero es una boda necesaria. Las peleas entre los periodistas y la Selección lo único que hacen es enturbiar el ambiente y dañar el entorno.

Como en  todo problema de pareja, para solucionarlo se requiere un respeto mutuo y el aporte de ambas partes. Que la selección tenga una política informativa clara, cualquiera que sea, y que la haga pública; es un asunto administrativo de gestión de la comunicación. Y que los periodistas hagan su trabajo serio sin querer condicionar alineaciones, sin exigir exclusividades en el trato y sin querer hacer a hablar a un hombre al que no le gusta hacerlo; es un asunto de profesionalismo y sentido común. Que el periodista informe y analice, y que el técnico oriente los entrenamientos y dirija. “Cada loro en su estaca”, dicen las señoras. 

Una cosa queda claro para quienes clamaban por el cambio de técnico: la traída del extranjero implicaba la traída de unas nuevas formas de dirigir, pero también la llegada de nuevas formas de tratar a la prensa. Esos son los vicios de los de allá.

viernes, 25 de mayo de 2012

De largo aliento (25 de mayo de 2012) - La Selección tiene que primar


La Selección tiene que primar
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio
 Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el 25 de mayo de 2012

Qué pena con Nacional, pero los 4 jugadores convocados deben estar con la Selección. Qué pena con el Atlético de Madrid, pero Falcao debió concentrarse con el combinado patrio sin jugar esos partidos amistosos en los que se lesionó. Qué pena con los clubes, con los empresarios y con los hinchas del fútbol, pero a 15 días de los partidos por la eliminatoria, la Selección debe ser la prioridad.

Seguramente, los argumentos de los clubes pasan por lo económico; lo que les da mucho peso, o para ser más gráfico: muchos pesos. Los equipos son los que les pagan sus sueldos, correcto. Pero también los que se lucran de su accionar. Si lo miramos desde esta perspectiva, tener a un jugador en la selección es un asunto rentable. Se firman pólizas, se logra la vitrina y se engorda la hoja de vida de un jugador, que gracias a esa presencia en Selección puede salir más fácilmente a un mercado internacional.

También podrían argumentar los clubes que la selección es otro gran negocio, cosa que es cierta. Con ocho grandes patrocinadores y con los recaudos de taquillas y derechos de televisión, la Federación tiene ingresos multimillonarios. Que no reinviertan en el fútbol, que no destinen utilidades para desarrollar el fútbol femenino, el fútbol sala, el fútbol playa o cualquiera de las otras modalidades, y que no inviertan en el desarrollo del fútbol en el país es asunto para mirar con lupa, y seguramente para otra columna.

La Selección es negocio  para la Federación y también para los clubes; pero el tema a discutir es si prima el interés de uno o el de otros; si los jugadores convocados deben ser compartidos entre la Selección y los clubes por las circunstancias de un torneo o si se impone el interés general, el que nos cobija a todos con la Selección por aquello de la identidad de patria y de la representatividad que genera para el país.

Para el ciudadano común, como usted y yo, que nada tenemos que ganar con el negocio del fútbol porque lo vivimos de otra forma, la Selección debe primar, debe jugar bien y debe clasificar; simplemente para que todos los que vivimos en la patria nos emocionemos y nos sintamos orgullosos; y para que nos olvidemos por un rato de las peleas políticas, del senador Merlano o de las triste guerra que vive el país. 

viernes, 18 de mayo de 2012

De largo aliento (18 de amyo de 2012) - ¡Eso es lo que hay!

¡Eso es lo que hay!
Por Jhon Jaime Osorio
Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo el viernes 18 de mayo de 212

La lista de convocados por Pekerman no tiene ninguna sorpresa. No hay nada novedoso, ni lo habrá. La razón es que en Colombia los hombres de selección no pasan de 20 o 30, y por eso, con Lara, Bolillo, Leonel, Pekerman o cualquier técnico, los nombres son casi los mismos.

A Ospina como arquero no lo discute nadie y a Falcao como goleador tampoco. En las otras 9 posiciones, si hay 2 nombres claros para el puesto no hay un tercero que nos haga dudar. Algunos piden renovación en los centrales, laterales no hay muchos y los volantes dependen del planteamiento que se haga. La discusión más habitual está en quién debería ser el socio de Falcao. Es claro que tenemos una nómina muy limitada en cantidad, aunque sin reparo en la calidad de los que están.

No tenemos tantos ni tan buenos; ni por fuera, ni en casa. Para entender que en caso local no hay mucho producto para el alto nivel, basta repasar los microciclos del profesor Pekerman, o  aventurarnos a decir que en los 11 titulares ante Perú, a lo sumo Dorlan Pabón será el único de los que juegan en la liga criolla.

Las razones pueden ser múltiples, pero hay una evidente: como productores no somos grandes exportadores, y no llegamos directamente al gran mercado, sino que pasamos por puertos intermedios como México y Argentina; o vendemos a mercados que no tienen mucho nivel como China, Estados Unidos o Arabia.

Lo cierto es que llegó la hora de la verdad para la selección de Mayores. Los dos partidos de junio en las eliminatorias mundialistas nos pueden poner a soñar con la ida a Brasil, o nos pueden  dar un aterrizaje de barriga y dejarnos haciendo cuentas de esas que nunca cuadran y con las que hemos vivido en las últimas  tres eliminatorias.

Ahora lo que toca es cuidar mucho a los que están; ojalá no arriesgaran tanto a Falcao en juegos meramente amistosos. También toca aceptar las polémicas de horas y días porque el profesor Pekerman alineó o no a alguien; es absurdo discutir por nombres en la convocatoria con tan pocos que hay para llamar. Además, tendremos que esperar a que los convocados se encuentren en la cancha, bien porque el técnico les da un orden, porque hay una memoria acumulada o simplemente porque mi Dios es muy grande con Colombia.

lunes, 16 de abril de 2012

De largo aliento (Abril 16/2012) - ¿En qué habíamos quedado?

¿En qué habíamos quedado?
Por Jhon Jaime Osorio
Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo el lunes 16 de abril de 2012

Recuerdo cuando llegó Pékerman. Algunos, pocos, no estuvimos muy de acuerdo. Argumentamos, entre otras cosas, la forma descortés y falsa como sacaron a Leonel, el alto costo del que llegaba, las indebidas declaraciones del presidente Santos pidiendo un extranjero, la poca claridad de la Federación en el proyecto selecciones, la cantidad de personas que integrarían el cuerpo técnico y la dilatada y extraña negociación con Martino. Eso sí, una vez contratado, entendimos que había que sumarse a la causa, y en mi caso, en este mismo diario dije literalmente: “lo que sigue es dejar trabajar a Pékerman, apoyar su proceso y seguir soñando con clasificar al mundial, sin perder la mirada crítica”.  

En el amistoso frente a México, como todos, aplaudí la actitud del equipo, el orden táctico y la ubicación en el campo de jugadores como Falcao, que mejoró su productividad con la camiseta nacional.  Eso sí, cuestioné los comentarios exacerbados de algunos que hablaron de un cambio extremo, tratando de poner como hazaña ese resultado y de minimizar lo hecho por los anteriores técnicos. En esa  ocasión escribí: “vamos con mesura”.

Cómo nos cambia la vida. Esos defensores a ultranza son los mismos que hoy cuestionan el microciclo y la convocatoria del técnico nacional. Allá ellos. El profesado amor  se les acabó demasiado rápido. Ahora le dan juego a las críticas venenosas del ex - mánager al que en un año de “trabajo” no se conoció un plan de trabajo y mucho menos una acercamiento propositivo al trabajo del entrenador nacional.

Siempre he dicho que Colombia tiene 30 o 40 jugadores de selección. No son más. Pékerman usó para el amistoso casi los mismos de Leonel, que fueron casi los mismos de Bolillo, que habían sido casi los mismos de Lara. Ahora el técnico argentino quiere mirar opciones para el futuro en el fútbol local, y eso, me parece bien.

Pueden ser cuestionables los microciclos, sí. Como todo en la vida. Como el silencio de Pékerman ante los medios. Como la realización de más partidos de preparación. Como el momento en que se hace este trabajo. Como la falta de información frente a la planeación de la Selección… todo es cuestionable. Pero, ¿cuáles son los argumentos de peso? Hasta ahora, no los veo.  Solo veo “sangre en el ojo” en muchos cuestionamientos. ¿La idea no era que lo íbamos a arropar?, ¿En qué habíamos quedado?