domingo, 29 de junio de 2014

¿Nuevo orden mundial o solo sorpresas de primera fase?


Es prematuro hablar de un nuevo orden mundial en el fútbol; y es un irrespeto  menospreciar lo hecho por selecciones como costa Rica o Colombia que han sorprendido en la primera fase. Lo primero solo podrá afirmarse si cuando la Copa del Mundo esté en sus instancias definitivas aparecen entre los semifinalistas 3 o 4 equipos de los no tradicionales. Lo segundo es un desconocimiento irresponsable al trabajo serio de algunas selecciones, al buen momento de algunos jugadores y a unas generaciones nuevas de futbolistas que han ido ganando espacio en las grandes ligas del mundo.

La primera fase de los mundiales siempre resulta emotiva. Siempre hay campeones del mundo que decepcionan, equipos que sorprenden y resultados que dañan todo tipo de apuestas. En Sudáfrica 2010, por ejemplo, Francia terminó la fase de grupos con un solo punto e Italia fue el último de su grupo, mientras Corea del Sur y Eslovaquia sorprendieron entre los 16 clasificados. Ese es el referente inmediato, que a algunos olvidan al calificar de desastre la eliminación en primera fase de España e Inglaterra en el mundial actual.

Al repasar la historia, es claro que solo 8 países han sido campeones del mundo, y que únicamente 12, dos de los cuales ya desaparecieron, han disputado la final. Incluso, revisando las semifinales, son 24 los países que han accedido a esta instancia. Un dato adicional: a las semifinales siempre accede un equipo sorpresivo que termina luchando por el tercer puesto.  Aunque no sea una norma determinante, la lucha por el título en un mundial tiene su peso histórico. Esto hace suponer, que cuando los mundiales avanzan a su fase de cuartos de final, las sorpresas se  reducen e impera cierta lógica de los grandes.

El mundial de Brasil no es distinto a los anteriores. La primera fase ha estado cargada de emotividad y de goles; al punto que va camino a tener la cifra más alta de anotaciones en toda la historia; pero decir que por ello hay un nuevo orden o aventurar a decir que uno de estos  equipos es el candidato al título es demasiado apresurado. Las fases que vienen tienen una lógica diferente, pues son duelos directos, sin margen de error, en los que uno de los dos rivales avanza y el otro tiene que terminar su sueño. ¿Pesará la historia?, creo que sí.


Brasil 2014 nos ha dejado muchas emociones, particularmente por la presencia de Colombia después de 16 años y por la mejor actuación de nuestro país en una primera fase. El camino que sigue ahora es propio para hacer realidad sueños, pero también para aterrizajes forzosos en una historia en la que nunca hemos sido protagonistas. El tiempo lo dirá. El fútbol permite todo tipo de opiniones, pero mantener los pies en la tierra y respetar los logros de cada quien es un buen principio para que las opiniones tengan soporte y sirvan para el debate. 

jueves, 19 de junio de 2014

Hora de disfrutar, no de sufrir


Llegó la hora. No la de sufrir ni la de hacer fuerza; tampoco la de soñar con resultados improbables, la de lamentarse por las lesiones o la exigir imposibles. Es un gran momento. De ilusionarse con una buena presentación y sobre todo, de disfrutar. Es tiempo de mundial, y el certamen orbital tiene que servir de fiesta sana, de goce, de deleite. La presencia de Colombia después de 16 años de ausencia tiene que significar orgullo de patria y emoción. No olvidemos la historia. Ya aprendimos a creernos campeones del mundo, ya sacrificamos a un caballero, ya vivimos los tiempos de los problemas de camerino y de la desilusión. Ojalá este mundial, independiente del resultado, sea un mundial que nos permita sonreír; solo eso.

En lo futbolístico, seguramente tendremos diferencias de conceptos. Es apenas natural en este campo. Cada colombiano tiene su propia nómina. Lo mismo ocurre en los otros 31 países. Lo que debemos aceptar es que a la cancha va la que defina el profesor Pékerman. Él es el responsable de escoger los 11. Lo fue de los 30 y luego de los 23. Ojalá la discusión no se centre en quién debe jugar o en por qué no jugó alguno. El fútbol tiene mucho más que nombres. Ese es otro renglón que deberíamos de superar como país. Además, tampoco es que haya mucho para discutir al respecto.

Lo de la nómina se acaba en dos párrafos, porque la columna vertebral está clara: Ospina-Yepes-Sánchez-James-Teo. Esto ya un gran logro. Las circunstancias de hoy, con las lesiones y la sanción de Guarín para el primer juego no dan pie a discusión. La tarea del DT será escoger los complementos ideales; en lo que tampoco hay demasiado para especular. A esos cinco, se deben sumar los dos laterales: Zúñiga y Armero. No están en su nivel máximo, pero esos son. Así las cosas, son 7 de 11 que difícilmente admiten cuestionamiento.

Los otros 4 tienen combinaciones sencillas. En la pareja de centrales la fórmula es Yepes-Valdés, Yepes-Zapata o Yepes-Álvarez Balanta. Primer complemento a definir. ¿Personalidad, temperamento, técnica, velocidad o experiencia? El técnico sabrá. Igual ocurre en la línea de recuperación: ¿Sánchez-Aguilar o Sánchez-Mejía? Segundo complemento a definir. ¿Fuerza o dinámica? Y en los delanteros está la tercera combinación: Teo-Bacca, Teo-Ibarbo, Teo-Ramos, Teo-Jackson. Tercer complemento a definir. Aunque Pékerman siempre jugó con dos nueves.
Y el cuarto complemento está en el medio: James-Cuadrado o James-Ibarbo. ¿manejó o explosión? ¿Cuál aporta más al 3 cuando no se tiene la pelota?


Lo de como asumir la presencia en el mundial se agota aún más rápido. Seamos sinceros; al mundial va lo mejor que tenemos luego de descartar lesiones. Si se quedó uno de gran nivel por fuera, no se quedaron dos. Razones habrá Y seamos más sinceros aún: entramos al mundial con las mismas posibilidades que Brasil o Alemania; pero con las misas de Boznia o de Argelia. No tenemos una gran historia, no hemos pasado nunca de la segunda fase y los mundiales tienen una tendencia en la que nunca hemos estado. Por eso insisto: disfrutemos  cada minuto, cada jugada y cada partido. Si son más de tres juegos tendremos motivos para la fiesta; pero si son solo tres, también.  No es derrotismo, advierto; yo también sueño con una actuación histórica; pero mantengo el polo a tierra. Colombia está en la gala del fútbol mundial; y eso es motivo más que suficiente para el goce y el disfrute. De ahí en adelante, cualquier resultado es ganancia. Las tres veces anteriores no lo entendimos así; y sufrimos. 

domingo, 8 de junio de 2014

¿De quién son los triunfos de los ciclistas?



Cuando ganan Quintana, Urán o Arredondo ganamos todos, gana Colombia entera; sin privilegios y sin excepciones. Los triunfos de los deportistas nacionales no pertenecen a nadie en particular: ni a los políticos, ni a los periodistas, ni a los patrocinadores, ni a los dirigentes, ni a una región en especial, y aunque suene cruel, ni siquiera a las familias de los deportistas o a ellos mismos.

La identidad con el ídolo es un fuerte y poderoso factor inherente al deporte, al punto que ninguna otra actividad humana logra los niveles de identificación que éste consigue cuando los resultados son positivos, como ocurre ahora con los pedalistas nacionales.  Además, en nuestro caso son tan escasos los referentes que nos enorgullecen colectivamente que una victoria como la del Giro despierta un fervor patrio inigualable.

Puede que suene a argumento baladí, pero hay un elemental detalle del lenguaje en estas victorias que no puedo dejar pasar desapercibido. Hoy cualquier colombiano, lejos de gustarle  o no el ciclismo, de haber seguido en detalle la carrera o no, se refiere a los héroes del Giro con formas tan familiares como “Rigo” o “Nairo”, con posesivos como “nuestros ciclistas”, y con plurales como “ganamos”, “somos campeones”, que demuestran apropiación total del título conseguido por ellos.

Tener una identidad, afirma Victoria Camps, “ssignifica diferenciarse de la vulgaridad indiferenciada”. Ahí es donde cobra valor simbólico un triunfo o una derrota de un deportista. No ganó el ciclista, no ganó Quintana, “ganamos” todos, absolutamente todos. Ahí está la gracia  del deporte.

No es el momento de salir a cobrar. No le queda bien a nadie aprovecharse del fervor y de la alegría provocadas por la histórica victoria salir a reclamar el triunfo como propio. Así hubieran hecho algo importante y aportante para el 1 – 2 en el Giro, suena impertinente, disonante, fuera de foco y hasta fastidioso salir a decir que tienen parte importante. Ni siquiera los ciclistas, que finalmente fueron los que hicieron el esfuerzo,  lo expresaron así. Ellos, con su característica humildad, pluralizaron su victoria individual, se la dedicaron a todos los colombianos y la volvieron nacional.


En medio del caos político, de las dificultades sociales, de los problemas económicos, de la crisis de valores, de la inseguridad en las ciudades, de las envidias de algunos periodistas, de la guerra de marcas entre los patrocinadores, de los gustos particulares de cada población o región y de la terrible inequidad en el campo,  el único placer que disfrutamos en colectivo, en Colombia, es el que nos brinda el deporte. Somos un país que necesita del deporte para enriquecer su colectivo moral, para alegrar su vida y sobre todo, para ver la vida color rosa en medio de su dureza.

Identididades peligrosas en el deporte


¿Se imaginan a Colombia dividido entre “uranistas” y “quintanistas”?, ¿qué tal un grupo de aficionados vestidos de camiseta rosa, armados de palos y armas blancas, rumbo a un sitio de reunión para ver la etapa el Giro, esperando a encontrarse de frente con los seguidores de Nairo para descargar su ira y atacarlos con sus armas? Menos mal el ciclismo de hoy no da para eso. Aunque en alguna época en los albores de este deporte se llegaron a desbordar los regionalismos, hoy esta disciplina deportiva solo genera identidades de patria y emociones que no van a la irracionalidad salvaje tan tristemente común en el fútbol.

Si bien una de las características del deporte moderno es la generación de identidades, dejar que éstas se vayan al extremo de la irracionalidad es supremamente peligroso. Nada justifica, por ejemplo, que el día de la final del fútbol colombiano se hayan registrado 5 muertos en Barranquilla, 1 en Medellín y disturbios en 16 ciudades más del país. Y eso que faltaron datos de otros municipios. Decir que fueron hechos presentados lejos del estadio, como afirman las autoridades cada que se les toca el tema, no excusa al fútbol como generador de estos actos de violencia. Es fanatismo. Son muertos inocultables y hechos violentos lamentables. El deporte no fue pensado para eso y la sociedad tampoco; pero en nuestro país, esa irracionalidad se volvió casi que natural. 

El fenómeno se vuelve más triste cuando se hace evidente en partidos entre clubes del exterior, como la final de Champions el fin de semana. Asusta pasar por las redes sociales en ese tipo de encuentros y leer todo tipo de insultos e improperios entre colombianos que solamente por televisión le han tomado cariño a uno de los clubes que juegan. El pecado en el fútbol hoy es la identificación con una camiseta, con un estilo  o con un entrenador. El fútbol, como la vida del país, se polarizó en dos extremos cada vez más distantes.

Lo particular es ver cómo otros deportes luchan a diario para que este tipo de identidades peligrosas no se presenten. El rugby, el baloncesto de la NBA (en el local a veces se ven actos irracionales) y el ciclismo son una muestra representativa  de que con acciones educativas permanentes y con sanciones ejemplares se pueden controlar los excesos. Obviamente, uno puede mirar al fútbol de manera particular por el fenómeno social que representa, pero igual eso no justifica las identidades llevadas al límite del sectarismo.


Seguramente hoy, después de la jornada electoral, los ánimos en el país deben estar caldeados. La polarización política, como la del fútbol, llegó a extremos grotescos y lamentables. Claro, es apenas una suposición, pues escribo esta columna  mientras veo a Urán, a Nairo y a una docena de colombianos devorar kilómetros magistralmente dándole nombre al país y despertando sentimientos de orgullo y solidaridad. Ojalá en el fútbol y en la política aprendiéramos a ser “uranistas” y “quintanistas” admirando y siguiendo al de las preferencias, pero respetando el esfuerzo que hace el otro por ganar. 

martes, 27 de mayo de 2014

Verdades relativas

Ahora todos somos "cholistas". En el fútbol lo que hay que hacer es "meter cojones" y aguantar los resultados. Ya la fórmula es tener equipos con menos figuras y más obreros. Esa es la verdad de hoy; el problema es que muchos, particularmente los resultadistas, la asuman como una verdad definitiva y no vean su relativismo.

Cuando Osorio ganó con la rotación, esa era la fórmula. Cuando Maturana ganó con el criollismo, esa era la solución. Cuando el profesor Montoya ganó con táctica defensiva, teníamos que apostarle a esa. Cuando Guardiola ganó teniendo la pelota, esa era la gran verdad.

En el fútbol todas las propuestas han ganado y todas han perdido. No hay planteamientos absolutos; todo es relativo y el éxito no depende solo de la propuesta, pues hay variables que inciden como el estado de ánimo del grupo, la motivación, las circunstancias de los torneos, los "secretos del camerino", el nivel deportivo de los rivales y muchas más.

Lo de Simeone es impresionante, no lo dudo. Me alegré como muchos por su título. Lo admiré como jugador por su laboriosidad y me gusta como técnico porque administra muy bien los pocos recursos que tiene, si se les mide en relación con los que tienen sus principales rivales. Eso sí, la expresión futbolística de su equipo no me gusta y no comparto ese estilo. Obviamente, que no me guste no quiere decir que no le vea virtudes. Su equipo ganó luchando, metiendo, defendiéndose bien, contraatacando y definiendo en los momentos oportunos. 

En el fútbol las verdades son de un día. A Guardiola lo llevaron al Bayer como el mejor del mundo, le imprimió rápidamente su estilo al equipo alemán, lo hizo campeón holgado en ese país, pero no pudo con el reto internacional y se apeó de la Champions. Muchos le cayeron a su propuesta, sencillamente porque no ganó. A Messi, que le ha dado todos los títulos al Barcelona,  lo terminaron silbando en su propia casa. La misma historia la hemos vivido en casa, con Maturana y Gómez en la Selección, o esta semana con Juan Carlos Osorio en la Copa Libertadores.

Simeone ganó con poco y eso le da un mérito especial. La victoria del que sobre el papel es “el débil” siempre despierta solidaridad. El Atlético es hoy el equipo de casi todos. Lo curioso es que en una semana, los hinchas del Madrid que  lo apoyaron e hicieron fuerza por su victoria le silbarán y le insultarán en la final de la Champios. Así es el fútbol, de verdades relativas y de momentos.


Por lo pronto, que siga la admiración del mundo; a la que me sumo. Eso sí, sin caer en los excesos de adjetivos y en los extremos de exaltación como para decir que ya tiene la clave para el fútbol mundial. Nada raro que después del mundial, muchos países, fácilmente el nuestro, lo pidan a gritos para la Selección.

martes, 20 de mayo de 2014

Verdades relativas

Ahora todos somos "cholistas". En el fútbol lo que hay que hacer es "meter cojones" y aguantar los resultados. Ya la fórmula es tener equipos con menos figuras y más obreros. Esa es la verdad de hoy; el problema es que muchos, particularmente los resultadistas, la asuman como una verdad definitiva y no vean su relativismo.

Cuando Osorio ganó con la rotación, esa era la fórmula. Cuando Maturana ganó con el criollismo, esa era la solución. Cuando el profesor Montoya ganó con táctica defensiva, teníamos que apostarle a esa. Cuando Guardiola ganó teniendo la pelota, esa era la gran verdad.

En el fútbol todas las propuestas han ganado y todas han perdido. No hay planteamientos absolutos; todo es relativo y el éxito no depende solo de la propuesta, pues hay variables que inciden como el estado de ánimo del grupo, la motivación, las circunstancias de los torneos, los "secretos del camerino", el nivel deportivo de los rivales y muchas más.

Lo de Simeone es impresionante, no lo dudo. Me alegré como muchos por su título. Lo admiré como jugador por su laboriosidad y me gusta como técnico porque administra muy bien los pocos recursos que tiene, si se les mide en relación con los que tienen sus principales rivales. Eso sí, la expresión futbolística de su equipo no me gusta y no comparto ese estilo. Obviamente, que no me guste no quiere decir que no le vea virtudes. Su equipo ganó luchando, metiendo, defendiéndose bien, contraatacando y definiendo en los momentos oportunos. 

En el fútbol las verdades son de un día. A Guardiola lo llevaron al Bayer como el mejor del mundo, le imprimió rápidamente su estilo al equipo alemán, lo hizo campeón holgado en ese país, pero no pudo con el reto internacional y se apeó de la Champions. Muchos le cayeron a su propuesta, sencillamente porque no ganó. A Messi, que le ha dado todos los títulos al Barcelona,  lo terminaron silbando en su propia casa. La misma historia la hemos vivido en casa, con Maturana y Gómez en la Selección, o esta semana con Juan Carlos Osorio en la Copa Libertadores.

Simeone ganó con poco y eso le da un mérito especial. La victoria del que sobre el papel es “el débil” siempre despierta solidaridad. El Atlético es hoy el equipo de casi todos. Lo curioso es que en una semana, los hinchas del Madrid que  lo apoyaron e hicieron fuerza por su victoria le silbarán y le insultarán en la final de la Champios. Así es el fútbol, de verdades relativas y de momentos.


Por lo pronto, que siga la admiración del mundo; a la que me sumo. Eso sí, sin caer en los excesos de adjetivos y en los extremos de exaltación como para decir que ya tiene la clave para el fútbol mundial. Nada raro que después del mundial, muchos países, fácilmente el nuestro, lo pidan a gritos para la Selección.

lunes, 19 de mayo de 2014

Sancionar a los malos; no generalizar un castigo


Todos tenemos algo de negros, de asiáticos, de indios, de judíos y hasta de esquimales. Así algunos se crean de mejor sangre, somos una generación mestiza, una mezcla variada. Sin embargo, la discriminación racial volvió a ser noticia esta semana y justo en el deporte, que por filosofía es la actividad humana que elimina las diferencias de todo tipo. Lástima que en 200.000 años no hayamos aprendido como especie a superar ese mal; y más triste aún es que el deporte moderno sea la actividad donde con mayor frecuencia se exprese.

En Estados Unidos, el multimillonario Donald Sterling recibió esta semana la sanción más drástica en la historia del baloncesto profesional de ese país. Al dueño de Los Clippers lo vetaron de por vida para participar en actividades de la NBA por hacer unos comentarios de tinte racista en una conversación privada con una amiga. Al otro lado del Atlántico, en el fútbol, el Villarreal decidió quitarle el carné de socio y prohibirle de por vida el ingreso al estadio El Madrigal al hincha que como acto discriminatorio le lanzó un banano al brasileño Dani Alves, del Barcelona, en un partido de Liga. 

¿Solucionan ambas sanciones el problema social? Claro que no. Eso sí, sientan precedentes que deben servir de ejemplo para la erradicación de este mal, al menos de los espacios deportivos. Lo grave sería permitir estas manifestaciones, pasar “de agache” cuando se presentan o aplicar sanciones blandas o ilógicas, como ocurre en muchos casos, en el fútbol nuestro por ejemplo. Las acciones y las expresiones racistas son actos humanos, y como tal, deben ser sancionados ejemplarmente quienes las cometen, se deben identificar e individualizar; y no hacer la fácil que es generalizar el problema y aplicar sanciones institucionales.

Es claro que el deporte es una actividad espejo para la sociedad en la que se practica, pero debe rechazar tajantemente y evitar a toda costa la filtración de los males de ésta. La violencia, la discriminación, el racismo o xenofobia, no pueden seguir siendo el ingrediente semanal de nuestro deporte. Debe ser una causa de todos y no un asunto meramente legal. En el caso de la NBA, los jugadores amenazaron con hacer un boicot si no había una sanción suficientemente dura contra Sterling, y los patrocinadores expresaron que retirarían su apoyo a los Clippers hasta que Sterling no dejase el puesto.

Es tan común el racismo en el mundo que pareciera ser propio de la condición humana; es una obligación como especie no permitir estas actitudes que lo único que demuestran es que involucionamos. A grandes males, grandes remedios; y grandes sanciones también; pero a los individuos que cometen los actos. Me asusta pensar que si los hechos de esta semana se hubieran presentado en Colombia, nuestros directivos le hubieran quitado los puntos a los Clippers, hubieran prohibido a los hinchas vestir la camiseta del club en un partido, hubieran cerrado el estadio del Villarreal por una fecha o hubieran propuesto la marcha del banano.


miércoles, 30 de abril de 2014

El fútbol espectáculo ya es ficción


En época de mundial, las marcas deportivas sacan toda su artillería publicitaria. Esta semana circuló en las redes el nuevo comercial de una de ellas, en el que se disputa un partido de fútbol callejero, que poco a poco se traslada a un estadio lleno de público y en el que los chicos del barrio se convierten en las grandes figuras del fútbol mundial: Cristiano, Neymar, Rooney, Ibrahimović, Piqué, Higuaín, Mario Götze, Hazard, Thiago Silva,  Pirlo, David Luiz, Iniesta, Courtois, y Howard. Dos detalles me llamaron la atención: que no hubiera ningún colombiano y que nuevamente el fútbol espectáculo sea el leitmotiv de la campaña. Lo primero lo dejo como curiosidad; de lo segundo sí quiero hablar, pues es triste que el fútbol arte ya solo se vea en la ficción.

En el comercial, todos los jugadores hacen gala de una técnica depurada. Se ven como “naturales” las rabonas, las gambetas, los sombreros, las paradas de pecho, los tacos  y todo tipo de acciones espectáculo, de lujos; de esos que escasean en los juegos de competencia donde participan esos mismos jugadores. Claro, recordemos que se trata de un comercial, de una puesta en escena, de una historia “preparada”. Obviamente, si los actores, en este caso los jugadores, no fueran capaces de hacer esas acciones acrobáticas, el comercial no podría hacerse. Sin embargo, insisto, ese fútbol exquisito ya solo se ve en la ficción; lejos estamos de volverlo a ver en los estadios, sea cual sea el campeonato.

Hay excepciones, claro está. Son las que hacen la norma. La de esta semana, por ejemplo, nos la ofreció Ronaldinho en el Atanasio Girardot, en Medellín, en el juego de Copa Libertadores entre Nacional y Mineiro. Recibió de espaldas, aguantó la pelota, pasó por encima de ella, hizo un giro de casi 360° sobre su eje, hizo trastabillar a Alex Mejía que lo quería marcar y terminó la jugada con un pase perfecto para Fernandinho; un lujo de esos que son propios del volante brasilero; una jugada que le dio la vuelta al mundo por espectacular… y por escasa.

Ese tipo de jugadas nos gustan a los románticos del juego, nos emocionan, nos sacan aplausos.  Sean de quien sean, siempre serán jugadas admiradas. Obviamente, para el fanático, para los “tácticos” y para los resultadistas (que son demasiados) lo importante serán la victoria, los puntos y  los títulos; no las jugadas.

Lastimosamente, en estos tiempos en que el mundo le apunta a una competitividad salvaje, el resultado es el único objetivo. Lástima. Eso ha hecho que los jugadores buenos hagan solo para comerciales lo que más les gusta hacer. También, ha hecho que al para el aficionado lo importante sea ganar;  y muchas veces, ganar como sea. Tal vez, el día en que las jugadas de los comerciales desaparezcan totalmente de las canchas la nostalgia llevará a los resultadistas a reclamarlas como necesarias.


lunes, 21 de abril de 2014

Falcao sí, pero al 100

Falcao estará para el mundial, pero no estará al 100%. Lo segundo ya lo suponíamos muchos; lo primero, lo dudábamos y no lo creíamos. Con argumentos científicos, el médico José Carlos Noronha reafirmó las esperanzas de la mayoría en el país que quiere ver al ídolo y referente del seleccionado nacional en la Copa Mundo. Obviamente me incluyo, a mí también me gustaría verlo, pero eso sí, a plenitud; no con las "limitaciones relacionadas con la exigüidad del tiempo" a las que también se refirió el galeno.

Que médicamente vaya a estar apto para el mundial es una noticia alentadora. Que su condición no vaya a ser la ideal, abre la discusión. Quedan varias preguntas abiertas frente al anuncio hecho por Noronha el sábado anterior: ¿en qué porcentaje real llegará Falcao?, ¿Cuál será su condición futbolística?, ¿sin estar al 100% es más que los demás delanteros nacionales?, ¿es pertinente llevarlo sin estar en plenitud de condiciones?, ¿vale la pena ocupar uno de los 23 cupos con un jugador que no llegará a tope?, ¿qué piensan los dueños de su pase de que él vaya  Brasil?, ¿hay presiones comerciales para que esté? y muchas otras más ya formuladas en redes sociales  y debates en los medios.

Las respuestas no son claras, aunque algunas de ellas, las futbolísticas, hay que buscarlas en el técnico José Pékerman, que seguramente, como ha sido su estilo, a esta altura ya tiene claro lo que hará. Las relacionadas con asuntos contractuales y publicitarios tal vez nunca las conozcamos. Las demás, las responderá el tiempo, que es lo que menos tiene Falcao en este momento de cara al Mundial.

Para cada pregunta sobran argumentos de todo tipo. Pensando simplemente como colombiano que quiere que la Selección avance en el mundial lo máximo posible, me atrevo a dar solo uno, que puede servir para alimentar la discusión: a mi modo de ver, Colombia es un equipo donde las individualidades resuelven las carencias tácticas que tiene el colectivo. Así las cosas, el mundial lo deberían jugar los 11 que estén al 100% de su condición, ¿no?


Lo anterior dejaría claro que para esa manera de entender, Falcao no debería estar con Colombia en Brasil; pero antes de que usted, amigo lector, cuestione mi posición, me permito reiterar que ni ese es el único argumento para tomar la decisión, ni el comportamiento futbolístico es la única variable, ni es a mí a quién me toca decidirlo.

Falcao es el referente y el goleador, no hay duda. Se merece estar en el mundial y la Selección lo necesita. Su aporte es fundamental, claro; pero no llegará a plenitud, lo que también es claro. La decisión es bastante difícil y compleja. Sin embargo, algo me dice que estará en los 23 que irán a Brasil, sin importar en el porcentaje en el que esté; porque hay otras razones de más peso, espero que en singular todas, para llevarlo.