jueves, 17 de abril de 2014

La Copa Libertadores: ¿se mira y no se toca?


A falta de una semana de Copa Libertadores, los tres equipos colombianos tienen opción de clasificar a la tercera fase, pero están condicionados a ganar como visitantes ante rivales fuertes en Argentina y Paraguay, y en el caso de Santa Fe, necesitando un resultado adicional. Los colombianos son terceros en sus grupos, lo que equivale a decir que hasta el momento solo superan en la tabla al colero: Cali está por encima del O’Higgins de Chile, Santa Fe supera al Nacional paraguayo y Atlético Nacional solo le gana al Nacional uruguayo.

La situación no es fácil ni cómoda para ninguno de los tres. Aunque podrían conseguir los resultados a domicilio y clasificar en la última fecha, no hay que ser pesimista para afirmar que está más cerca la posibilidad de quedar eliminados. Habrá que esperar, pero el análisis hasta hoy nos deja claro que a nivel de clubes, así las famosas clasificaciones de la Federación de Historia y estadística de la FIFA privilegien a algunos clubes, seguimos estando en la segunda página del continente. Y que conste que en este nivel, el de los clubes, es mucho el terreno que han cedido los grandes de Suramérica a nivel orbital.  Como quien dice, tenemos clubes de poca monta en un continente donde los clubes han perdido poderío.

Las primeras explicaciones a la regular campaña ya resultan medio obvias: que Nacional no se reforzó bien, que Cali sacó al técnico porque vive un problema interno complejo y que Santa Fe entró en una irregularidad deportiva dado el bajo nivel de muchos de sus estelares. Seguramente, habrá mucho más para mirar. Hay también quienes exponen que el nivel de la liga colombiana es mala por el sistema de juego, y que por eso damos ventajas en los torneos internacionales. Habrá que mirar con lupa. Lo cierto es que ninguno de los tres equipos colombianos ha logrado convencer.

Debo reconocer que pegado al televisor, tratando de disfrutar el fútbol, ya me resulta imposible y hasta ingenuo tratar de comparar, por ejemplo, lo que vemos de la Champions con lo que vemos de la Libertadores. Los estadios, las asistencias, los equipos, el nivel técnico y el espectáculo en Europa son muy superiores. Nada qué hacer, acá les ponemos la “pierna de obra”, y ellos organizan el mejor show. En el mismo ejercicio, trato de comparar el fútbol colombiano de clubes con el de otros países de Suramérica; y me atrevo a afirmar que acá la zanja no es tan distante, pero la hay. Los clubes nuestros

Es una realidad que los equipos del sur corren más, meten más y se exigen más.  A nivel de clubes entre Colombia y Argentina o Colombia y Brasil no son muchas las diferencias en cuanto a lo futbolístico, pero sí es claro los de allá le ponen más ganas, muchas más. Solo con eso les alcanza para ser mejores. Parece que fuera algo elemental, pero al ver los resultados la zanja está ahí: los de equipos colombianos están relegados a papeles de reparto en esta telenovela del fútbol surcontinental.







¿Ganar los Suramericanos?, sí pero no, porque no hay ambición


Faltan 228 días para los Juegos Centroamericanos en Veracruz, México. ¿Mucho o muy poco? Es relativo. Demasiado tiempo si se mira el calendario, que marca 7 meses y medio. Muy poquito si se piensa en los procesos deportivos y en las necesidades para tener una delegación bien preparada. Material humano y calidad técnica para pelearlos hay en cantidad. Recursos, al parecer no; porque para el gobierno hay otras prioridades, y porque a quienes manejan el país les falta la ambición  que les sobra a nuestros deportistas. Y ahí el tiempo se va demasiado rápido y se vuelve un enemigo mortal.

Recuerdo que hace 4 años en Mayagüez, Colombia tenía con qué pelear el título. Cuba no asistió, a Venezuela ya le habíamos ganado en los Juegos Suramericanos de Medellín y México era el rival a vencer, sin ser muy superior. Al término de la primera semana, Colombia lideraba el medallero con más de 60 oros, pero al final, fue tercero. México y Venezuela nos superaron porque llevaron más deportistas y porque tuvieron una mejor preparación.

En esa ocasión, tres meses antes de las justas, la entonces ministra de Cultura anunció que del presupuesto solicitado por el COC para los Centroamericanos sólo se iba a aprobar la tercera parte. Fuimos terceros con la tercera parte del presupuesto. Nos faltó ambición gubernamental. Hoy, a 7 meses y medio de las justas, nuevamente surge la inquietud. Todavía no se sabe si habrá el dinero suficiente para la preparación.

La reciente participación en Suramericanos tuvo respaldo; pero no en la cantidad ni en los tiempos necesarios. Se logró con categoría el segundo lugar; pero la cantidad de preseas pudo ser mayor. El deporte ya no depende del Ministerio de Cultura, lo que de por sí es un avance, pero todavía adolece de presupuestos asignados para procesos completos; todavía no se mira en el largo plazo, los tiempos del deporte, sino con la inmediatez del momento, los tiempos de la política. A pesar de los buenos resultados recientes, campeones de los Bolivarianos y segundos de los Suramericanos, literalmente al deportista, al técnico y al dirigente deportivo  le tocas “pelear” la plata para cada evento del ciclo olímpico; y esto, obviamente obstaculiza los procesos.


Los tiempos del deporte no son los tiempos de la política; son diferentes. Y como la que asigna los presupuestos es la segunda, el primero siempre sale perdiendo. Mientras los deportistas siguen sacrificando sus vidas en nombre de una patria que goza de imagen y prestigio cuando ellos consiguen sus hazañas; los dirigentes de esa patria siguen pensando en otras “prioridades” y dejan perder un tiempo irrecuperable en los procesos deportivos. Ojalá que cuando aprueben los recursos para los Centroamericanos no vaya a ser tarde para los deportistas… como lo fue para los campesinos papicultores y para la fauna del Casanare. 

lunes, 24 de marzo de 2014

La extraña condición de ídolo



El Pibe firma autógrafos, da declaraciones, se toma fotografías con niños, abraza una bandera, desayuna con un grupo de colombianos, va a reuniones, dicta conferencias y tiene la paciencia suficiente para hablar con cuanto colombiano se le acerca a admirarlo. Es Valderrama, el eterno 10.  Al otro lado del salón ocurre lo mismo con Chicho, Aristi, Córdoba, Perea y varios veteranos más. La escena se repite en el lobby del hotel, en las calles cercanas o en cualquier centro comercial de Miami. Los años pasan, pero la condición de ídolo no se pierde, al menos en el exterior, donde el respeto a quienes escribieron páginas de gloria sigue intacto.

El viernes pasado estuve en Miami con la selección Colombia de showbol; esa particular modalidad de fútbol en espacio reducido, donde los goles abundan y el espectáculo es constante. Es una versión de fútbol rápido y dinámico, donde juegan ex-profesionales del fútbol para demostrar que mantienen su nivel. En el juego, ante 3.000 aficionados, Colombia cayó 11-12 ante Venezuela en el coliseo de la Universidad de Miami. Más que el resultado, con gol definitivo en el último minuto, me sorprendió el fervor que hay en esta ciudad por el fútbol, y sobre todo, la admiración por los ídolos colombianos de la generación que fue a tres copas del mundo.

Compartir con estos jugadores permite entender que la condición de ídolo no es pasajera ni temporal. Es un reconocimiento que cuando se gana, si se sabe administrar, puede ser vitalicia. Es  un rótulo que no se adquiere con una buena actuación de manera esporádica; se gana con un historial deportivo, con una carrera exitosa, con una combinación entre talento, esfuerzo y resultados.  Además, es una condición que requiere personalidad y carisma; de lo que carecen muchos deportistas que tienen todo lo anterior.

Infortunadamente, Colombia es un país que olvida fácil; que no recuerda su historia. No solo en el deporte, pero en él es más evidente. Somos un pueblo inmediatista que solo idolatra al personaje del momento; que es ingrato con quienes le dieron nombre. Y no lo digo solo por el Pibe y toda su “corte”, sino por los deportistas y los artistas de todos los tiempos. Los ídolos nuestros reciben ese reconocimiento afuera, en el exterior; porque en casa los ignoramos fácilmente. Estando allá me quedó claro que no es asunto de nostalgia ni de distancia; sino de cultura.


martes, 18 de marzo de 2014

Ni momento, ni generación… es calidad


Otra vez el himno nacional nos hizo estremecer de cuenta de un deportista. Esta vez fue Carlos Betancur, que ganó la Paris – Niza para ponernos a celebrar. Ahora Quintana y Arredondo nos tienen a la expectativa en la Tirreno – Adriático; y mientras tanto, preparamos otra fiesta para mañana cuando terminen los Juegos Suramericanos en Chile, donde Colombia tiene casi seguro el segundo lugar. Ah, y esta semana, Santiago Giraldo nos sorprendió en el tenis y los goleadores nacionales volvieron a destacarse en el fútbol mundial. En deportes, Colombia es protagonista en todos lados.

“Una nueva generación de deportistas”, dicen algunos; “un gran momento”, califican otros, “un proceso serio” se atreven a decir; y no falta el que considera los logros de ahora como asuntos del azar: “estamos de suerte”. Ni lo uno ni lo otro. Puede que haya un poco de las cuatro cosas, sí, pero ninguna de las cuatro es determinante. El análisis tiene que tener más fondo y no puede ser tan emocional para decir que somos los mejores del mundo, o tan venenoso para no valorar lo hecho.

Los deportistas colombianos son muy buenos, tienen calidad. Los de ahora y los de antes. Por biotipo, por vocación, por técnica, por trabajo, por capacidad de superación, por terquedad, por capacidad de aguante, por necesidad, por oportunidad de vida y por múltiples razones más. Siempre ha sido así. En muchos deportes, los colombianos hacen parte de la élite de la alta competencia en el mundo. Si ahora ganan algunos eventos que antes no ganaban, y si los miran con más respeto en el concierto mundial, donde muchas veces los subestimaban, es por un asunto de oportunidades y porque antes no sabían de su potencial. Antes, el deporte, como muchas otras actividades de Colombia, la música por ejemplo, era más parroquial. Hoy, globalizados, tienen más protagonismo.

Deportistas buenos hemos tenido siempre; oportunidades y apoyo, pocas veces. Las de ahora, sin ser las ideales, son más. Todavía estamos lejos de tener un deporte de alta competencia con la estructura, el apoyo, la organización y hasta la normatividad jurídica necesaria. La Ley del deporte hay que cambiarla, administrativamente hay que madurar, la empresa privada debe mirar al deporte como una oportunidad de promoción y negocio, los vicios de la política y la mentalidad de avivatos hay que alejarlos del sector, los medios de comunicación deben repensar sus contenidos en relación con el deporte, y algo de fondo se debe hacer para que el país entero construya una verdadera cultura deportiva.


Es tiempo de cambiar, como diría Juanes. Hay que hacerlo ya. Justo cuando ganamos, cuando nos emocionamos, cuando estamos orgullosos, cuando somos potencia reconocida y ratificada en el continente; ahora que nos miran con respeto y hasta nos temen. Los cambios estratégicos comienzan cuando las empresas están bien. No esperemos una gran derrota o un mal momento para revisar nuestro deporte. Los deportistas siempre estarán ahí, con su calidad, porque son buenos; pero hay cosas en el deporte que nunca han sido buenas, y deben cambiar.  

El Barcelona no pasó el umbral



El Barcelona perdió con el Valladolid en España y de inmediato en el mundo entero se prendieron las alarmas. Se ha dicho de todo.  Unos hablan de caos total, otros afirman que el equipo vive  una profunda crisis deportiva, hay quienes califican la situación de “naufragio”, algunos viven del pasado para rememorar y llorar la salida de Guardiola, y no faltan los que reclaman de inmediato la cabeza del técnico Martino o le echan la culpa a algún jugador en específico como Neymar. Demasiado drama, ¿no?

Que un equipo fuerte pierda contra uno débil siempre será una gran noticia y el hecho tendrá mucha trascendencia, cierto. Que el Barcelona o el Madrid cedan terreno en la punta de la Liga española es algo que sorprende al fútbol mundial, de acuerdo. Que la propuesta futbolística del Barcelona modelo 2014 deja mucho que desear, innegable. Que jugó mal ante el Valladolid; claro. Pero de ahí a armar toda una película por un resultado adverso de un equipo, tampoco. Tendría validez si las causas no se conocieran, si no fuera previsible lo que está pasando con el equipo catalán.

En el fútbol, como en la mayoría de las actividades humanas, se volvió costumbre buscar un culpable cada que se presenta un mal resultado. No tenemos memoria, no miramos el fondo, no vamos un poco más allá de lo obvio… nos conformamos con sacar a alguien, con descargarnos contra él, con acusar y atribuir, o con buscar la excusa perfecta. En este caso es igual: que el árbitro no pitó, que Martino no sabe alinear, que Neymar no ha entendido, que el equipo no tiene alma, que Messi está triste o que la grama del estadio era mala. Todo vale, pero no es el fondo del problema.

¿No será acaso que el problema en la cancha tiene más fondo?, yo creo que sí. Un equipo de fútbol no son 11 jugadores y un DT; del equipo hacen parte también la afición, los directivos, los socios y el entorno. Qué tal si pensamos en esos factores por un momento.  ¿Qué tal recordar los escándalos por el fichaje de Neymar y una “platica” que por ahí se embolató?, ¿Tendrá que ver la confusión de los socios con el escándalo Rosell?, ¿afecta al equipo que en medio del desenlace de la Liga, el club haya citado para elecciones el 5 de abril?, ¿tendrá algo que ver el momento político español y la falta de liderazgo actual del pueblo catalán para seguir su lucha independentista?...


A todas estas preguntas mi respuesta es sí. Un equipo de fútbol es un proyecto: político, económico y social; no solo 11 jugadores detrás de una pelota. Para mí el problema del Barcelona está ahí. Sigan ustedes echándole culpas a Piqué porque no corre, a Pedro porque no la mete, a Neymar porque no se peina o a Messi porque no  la pide. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Cuando los héroes no se ven…


Mientras Edwin Ávila cruzaba la meta para coronarse campeón mundial de la prueba por puntos en el mundial de ciclismo, en RCN, canal que tiene los derechos para televisión abierta, nos mostraba  un capítulo más de la versión telenovelesca de “alias “El Mejicano”. El héroe de la pista, que emulaba hazañas solo logradas por  Cochise, cruzó la meta sin que gran parte del país lo viera.

Claro, televisión en directo de la hazaña sí hubo, pero para un reducido grupo de colombianos que por necesidad, como yo, o por gusto, como muchos, somos suscritores del sistema de televisión más costoso que hay en el país. También me dicen que el canal que tiene los derechos salió en directo por su señal digital y hasta por internet. En cualquier caso, la promoción de que iban a hacerlo fue como el acceso a la misma, totalmente reducida.

Pocas veces los colombianos podemos disfrutar de la imagen del deporte, de la imagen de las grandes hazañas de esos héroes de la patria que podrían servir de ejemplo a seguir y de modelo para nuestros niños y jóvenes. En muchos casos, no los vemos porque en la televisión pública no hay recursos o no hay voluntad política para transmitirles, o simplemente no porque nos privatizan esa imagen y la vuelven una mercancía de costo alto.   

Ya nos había pasado recientemente con los Juegos Bolivarianos. Por primera vez los ganamos, y por enésima vez no los vimos. Nos  pasa a diario. De no ser por la radio y las redes sociales no nos daríamos cuenta al instante de esos resultados que nos enorgullecen como colombianos y que nos dan esperanzas como país. Eso sí, tenemos héroes sin imagen, y ha falta que nos hace verlos.

Puede que el deporte no sea el mejor negocio para la televisión (eso dicen algunos), puede que no le de votos a muchos políticos (por eso a veces le quitan el apoyo), pero lo que sí está claro es que a través de él se pueden construir otros imaginarios, otros referentes y otros ídolos más positivos para un país que necesita de ellos.

Mientras Ávila se convertía en el héroe sin imagen de la semana, la pantalla de televisión abierta, la que tiene el 80% de los hogares colombianos,  la barata, la de todos, la del pueblo, mostraba en sus distintos canales a un narcotraficante, a una cantante, a unos músicos y a unos señores alemanes de la DW hablando de economía. Difícil así ponerle referentes cercanos a un joven de mi pueblo.

sábado, 1 de marzo de 2014

Comida a la carta no hay, pero el Nacional de Osorio tiene sazón


Los equipos de fútbol son como los vinos y los quesos, que necesitan tiempo de añejamiento para alcanzar un buen sabor, o como los platos de comida gourmet, que requieren una larga preparación. Sin embargo, en el fútbol nuestro, con torneos de tres meses y medio, con aficiones cada vez menos numerosas pero más exigentes y beligerantes, y con directivos cortoplacistas y carentes de planeación, los equipos se han vuelto como las carnes que venden en las noches en algunos rincones de la ciudad, que hay que soplarlas con un secador de pelo para que aceleren su proceso de asado y se puedan consumir. 

El fútbol de hoy en Colombia es una comida rápida, de satisfacción inmediata, con homogenización en sus procesos, y con el mismo insípido sabor. Por fortuna, hay excepciones que rompen el molde y permiten saborear una nueva sazón.

En el menú del torneo local, que ya se sirve de lunes a lunes a cualquier hora, el Nacional de Juan Carlos Osorio, el de hoy, es un plato distinto.  Hago una precisión: no he dicho que sea delicioso ni que sea exquisito, porque todavía no lo es, aunque poco a poco el técnico le echa pizcas de condimentos que le han venido dando un gusto particular. Utilicé el adjetivo “diferente”, porque el aroma y el sabor de Nacional son distintos a lo que ofrece el bongo diario del fútbol colombiano.  

Osorio llegó y empezó un proceso largo, pero con necesidades inmediatas. Su receta es de lenta cocción, pero ante la hambruna de títulos de sus hinchas y de algunos directivos, se inventó la fórmula para sacar platos de comida rápida de la misma olla en la que se cocinaba un plato gourmet. Muchos olvidan ahora que su fútbol no gustaba porque le faltaba algo de picante; que los jugadores que trajo no eran aceptados, porque eran condimentos  simples; y que su primer título tuvo un sufrimiento particular por los traspiés en el inicio del cuadrangular, su receta estuvo a punto de quemarse porque faltaba revolver.

Para muchos, la virtud del profesor Osorio está en la coraza que tuvo para recibir la dura crítica; con la misma actitud de Ratatouille cuando llegaba la esperada, temida y desvelada crítica de Anton Ego (Ego es un personaje de la película al que no le gusta nada, no ningún colega de ocasión, así el apellido del personaje lo sugiera). Para mí, el secreto estuvo en que ante esa presión (aclaro que a mí tampoco me gustaba la expresión futbolística insípida de ese Nacional del comienzo de la era Osorio), el técnico le supo poner el suficiente “secador” al plato que pretendía cocinar. Aceleró la cocción. Así, consiguió saciar el hambre de muchos, mientras cocinaba un fútbol con más sazón.


 A Osorio le falta tiempo para terminar un plato digno de paladares exquisitos; pero ya huele y sabe bien.  Ojalá esté en Colombia el tiempo suficiente para terminar su receta; para brindar en su nombre con un buen vino. 

Esta película ya la vimos…


Vuelve y juega. Ahora es Hernán Torres el que toma el comando técnico del independiente Medellín. Un nuevo técnico. ¿Uno más? ¡Qué rápido pasaron Bolillo, Oscar Pérez y Pedro Sarmiento! ¿Malos técnicos o equipos malos?, muy difícil saberlo si “el proyecto” duró de 10 o 13 partido. El cuadro rojo no es la excepción a la norma del fútbol colombiano: cuando las cosas no funcionan, el técnico se debe ir.  “En todo el mundo es así”, dirán algunos. “En todo el mundo los torneos no son tan cortos”, respondo yo.

La historia en el equipo rojo se repite: el técnico llega casi en la mitad del torneo, habla de un proyecto, no tiene tiempo para trabajar, hace ajustes sobre la marcha y  el equipo consigue algunos resultados que ilusionan.  A veces alcanza para clasificar, otras veces no. A continuación, comienza un nuevo torneo, el equipo no funciona, hay corto circuito, y vuelven a cambiar el fusible que es el entrenador. Es lo mismo. 4 entrenadores en dos años; y para ajustar, cuatro presidentes en el mismo periodo de tiempo.

Dicen en mi ciudad que “cuando uno no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve”. Ahora perdonen lo duro del parafraseo, pero hay que decirlo: “cuando un equipo no tiene claro su norte, cualquier técnico le sirve, cualquier jugador también, y como en el DIM, hasta cualquier presidente”.

Claro, uno entiende que en estos tiempos de competitividad excesiva los resultados sean los que gobiernen. Por eso se volvió norma el “hay que ganar, y ganar como sea”. Esa parece ser la peligrosa consigna que se aplica en el fútbol y en muchos sectores y actividades de la sociedad. Peligroso pensamiento. Se perdieron el direccionamiento, el pensamiento estratégico y la planeación. Algunos han ganado de cualquier forma, pero eso no puede ser motivo suficiente para que algunos justifiquen la consigna. 

Debo confesar que le creo mucho a Hernán Torres. Es un técnico serio y trabajador. Es un buen tipo y sus intenciones son claras. Ojalá logre con el Medellín lo que él sueña. Eso sí, no veo claridad ni en la institución, ni el sus directivos, ni en sus accionistas, ni en el grupo de jugadores. Esos serán los mayores obstáculos para Torres. Ojalá los supere. Gómez, Pérez y Sarmiento no pudieron hacerlos. Y la verdad, a los tres también les creía. Esta película ya la vimos…

viernes, 21 de febrero de 2014

Hay que hablar del profe Pimentel


Chicó volvió a ganar. Lo hizo en casa ante el Envigado. Llegó a 12 puntos de 15 posibles. Está en la parte alta de la tabla. Su rendimiento es del 80%. Después de 5 fechas, ya puede calificarse como la grata sorpresa de la Liga. Los argumentos van más allá de su buen rendimiento: su buen sistema defensivo con solo 2 goles en contra en 450 minutos, una nómina reducida, el cambió de técnico  para este año y el debut como técnico de Eduardo Pimentel. Ah, Pimentel, claro, el mismo hombre polémico como jugador, el dirigente explosivo, sí el mismo. ¿Será por eso que se habla de él tan poco?

De Pimentel se puede pensar y decir de todo; pero que tenía personalidad como jugador nadie puede ponerlo en duda, por lo menos nadie que como yo que lo vi jugar en varios estadios, del país y del mundo.  De él se pueden cuestionar algunas manifestaciones y sus fuertes declaraciones; pero no se puede poner en duda el mérito que tiene en su carrera como directivo, al punto de haber sacado campeón al Chicó  y haberle dado la oportunidad a más de un jugador de la provincia. Uno puede odiarlo por su forma de ser, pero no puede descalificarlo como técnico, porque aunque principiante, ahí está en la parte alta de la tabla.

De Pimentel se hablaba a diario, pero curiosamente ahora que es técnico debutante y que su equipo es protagonista, poco se dice de él. Porque su equipo es de provincia y no es de los históricos dirán algunos; porque el torneo apenas comienza dirán otros; porque el Chicó no tiene mucha  afición, argumentarán varios. Porque es un tipo polémico, pienso yo… y a las personas como él, la crítica les esconde los aplausos.


A Pimentel lo han cuestionado, criticado, vilipendiado e insultado; pero es el único en Colombia, y uno de los pocos en el mundo, que ha pasado con éxito por tres roles diferentes en el fútbol: jugador, directivo y técnico. Y me ayudarán los estadígrafos, pero creo que es el único, o uno de los pocos técnicos debutantes en el fútbol de la A que ha logrado el 80% de rendimiento en un arranque de la Liga. Dejo claro para terminar que muchas veces no he compartido cosas que dice y que hace, pero para qué, este Pimental, ¡algo debe tener! 

martes, 11 de febrero de 2014

El frío de los Olímpicos de Invierno


Confieso que soy de los que se han pegado a la pantalla esta semana a disfrutar de los Juegos Olímpicos de Invierno. No tengo datos ni información concreta (los sistemas de televisión por suscripción deben tenerlos) para afirmar si son muy pocos o muchos los colombianos que lo hemos hecho, pero el día que hagan la estadística me pueden contar.  He disfrutado al máximo, me he extasiado. He vivido los Juegos de Sochi con la misma intensidad que viví los de Beijing o Londres. Lástima eso sí, la pobreza informativa de los medios colombianos, que de no ser por la espectacularidad de los saltos en las pruebas de Slopestyle, habría ignorado totalmente el evento.

Si es por lo que han mostrado o dicho los medios nuestros, limitados a notas cortas y de color, los Olímpicos de Invierno serían un evento frío y sin ninguna trascendencia. Por fortuna, esa mirada local contrasta con la de las multinacionales como Claro y Directv, y las múltiples páginas de internet que le apuestan a estos eventos como contenido para su negocio. Eso sí, quienes no tienen acceso a los servicios por suscripción, que son muchos,  no se han dado por enterados. 

Está bien que en estos Juegos no haya colombianos. Eso, obviamente, mata el interés de los medios nuestros, y según ellos del país en general; aunque no puede ser ese el único criterio de programación o de contenido. También está de por medio el asunto de los derechos de televisión e imagen, que, como en  todos los eventos deportivos, han ido convirtiendo estos en una mercancía de acceso restringido para muchos; pero que no sea esa la excusa, porque si muestran un salto espectacular, también podrían mostrar la precisión de la eslovaca Kuzmina en la prueba de biatlón, el esfuerzo y la sincronía de deportistas en la prueba de los 3.000 metros en el patinaje de velocidad, o los golazos que se han visto en los encuentros de Hockey. Todo esto es igual de espectacular que los saltos que han mostrado.


Por lo pronto, yo seguiré pegado a la señal y al computador. Veré si los rusos y los estadounidenses siguen cayendo ante los noruegos en pruebas en las que son favoritos y esperaré las pruebas de fondo a ver si la polaca Kowalczyk es capaz de competir y ganar fracturada. Me gozaré los Olímpicos de Invierno mientras sigo soñando con algún milagro: o que Colombia le apueste a un proceso que pase del patinaje sobre ruedas al patinaje sobre hielo (Jamaica pasó del trineo  en tierra al bobsleigh y llego a ser campeón el mundo) o que en nuestro país algún día tengamos una cultura deportiva amplia. En ambos casos, estamos muy fríos. 

lunes, 27 de enero de 2014

Hora de jugar sin el tigre


Si Falcao se recupera, retoma la forma física y futbolística, y va al mundial con Colombia, ilusión que todos tenemos,  daremos gracias a Dios por el  milagro; pero mientras tanto, aunque suene un poco duro, hay que pasar la página y seguir el camino a Brasil sin él. Seguramente el cuerpo técnico ya lo tiene claro, pero al país futbolístico, en medio de su folclor para estos temas, como que le va a costar bastante asimilarlo.

El tema es sencillo: no hay que esperarlo; hay que armar la Selección sin él. Está bien que es el referente, el goleador, el  jugador más costoso… pero ya no está, esa es  la realidad. Si con Falcao, la selección jugaba de una forma, ahora, con otro delantero de otras características (o tal vez un volante adicional, el técnico sabrá) el juego cambiará un poco. No se trata ahora de buscar el reemplazo del tigre; la tarea del cuerpo técnico es encontrar el mejor complemento a los otros 10.

La esencia del juego no debe cambiar. El estilo deberá seguir siendo el mismo, pero el asunto, insisto, no es buscar uno como Falcao; que entro otras cosas no lo hay. El tema pasa por que técnico encuentre al que mejor se acomode al equipo, al que en mejor momento esté y sobre todo, el que más personalidad tenga para soportar las múltiples y odiosas comparaciones que le van a hacer, porque muchos lo van a medir por lo que hacía Falcao y no por lo que aporte él.

Hago la reflexión así, porque siento que ni en los medios, ni en las calles (donde se habla a partir de lo que los medios dicen), pareciéramos haberle hecho “el duelo” a la pérdida por lesión del jugador más representativo que tenemos a nivel mundial. Seguimos aferrados a la ilusión de tenerlo, hacemos cuentas de lo que falta para la cita orbital, ponemos ejemplos de jugadores que se recuperaron en tiempo record con la misma lesión y no nos imaginamos aún al equipo sin él. Hora de hacerlo.

Repito: ojalá Falcao alcance a recuperarse; pero más sano que estar alimentando cada minuto la ilusión por su regreso, es empezar a asimilar lo que será la Selección sin él. Al fin de cuentas, así será al menos en los próximos cuatro meses. Es decir, hasta días antes del Mundial.

domingo, 26 de enero de 2014

Presagio de una liga fugaz


El juego de ida de la Súper Liga en Cali nos dio una primera pauta de lo que puede ser el torneo colombiano de los próximos tres meses y medio: ambos equipos fueron intermitentes en su fútbol, los jugadores de más experiencia fueron determinantes y la condición física, gran fortaleza de Nacional en el 2013, se vio mermada en los dos conjuntos. ¿Será así el fútbol colombiano del primer semestre? No necesariamente. Es una primera impresión, y éstas no siempre resultan definitivas.

La primera consideración es que ambos equipos fueron los que cerraron el año con la final de la Liga y abrieron la temporada con el primer juego la Súper Liga, es decir, fueron los que equipos que tuvieron menos tiempo de descanso y de pretemporada que los demás equipos. Lo que no entraron a cuadrangulares tuvieron dos meses más para trabajar de cada a este año; aunque por lo leído no fueron muchos los que armaron su proyecto desde entonces. Muchos de los 10 que se fueron a vacaciones en octubre todavía hoy, cuando comienza la Liga, están buscando jugadores y ajustando sus nóminas. 

Un segundo aspecto es la múltiple exigencia que tendrá Nacional en el primer semestre con la Liga, la Súper Liga, la Copa y la Libertadores. Aunque su nómina es amplia y la rotación implementada por el técnico pareciera ser la fórmula para que el equipo tenga cuerda para varios torneos a la vez; de los otros equipos habrá 15, algunos con nóminas más reducidas, que se concentrarán solo en la Liga, y a lo sumo en la Liga y la Copa.   Con menor carga, esperaría uno que jueguen a tope en los 18 juegos de la fase regular que comienza esta noche; esperaría uno un fútbol de mayor calidad. Eso sí, las experiencias en torneos anteriores nos demuestran que los que pelean el descenso juegan presionados por los resultados y que la lucha por el título se concentra solo 3 o 4 equipos. 

Otro tema que puede hacernos esperar un poco más de lo visto el miércoles es que varios equipos que dieron la pelea en la Liga pasada airearon y reforzaron sus nóminas. Itaguí, Santa Fe y Junior  por ejemplo ilusionan con sus contrataciones. Obviamente, el monólogo de Nacional el año pasado ganándolo todo obliga a que los técnicos de los otros 17 equipos, busquen alternativas para enfrentarlo, como lo hizo el Cali el miércoles.


El técnico español de Millonarios y la repatriación de algunos jugadores serán atractivos adicionales para una Liga que se ha quedado sin equipos tradicionales y que se llenó de equipos llegados de la B, con poca afición y poca estructura. Ojalá tengamos desde hoy una  buena Liga y un mejor nivel. Ojalá podamos hablar de fútbol. 

domingo, 14 de abril de 2013

De largo aliento (8 de abril de 2013) - Hay clásico que no lo son


Hay clásico que no lo son
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo, el lunes 8 de abril de 2013

A la denominada "fecha de clásicos" en la Liga colombiana le quedó grande el apelativo. Pasto - Cali no es un clásico y Junior - Cúcuta, tampoco. Es mi percepción, y la avalo en diferentes lecturas sobre este tipo de partidos. 

No existe una definición tajante, única. Se habla de clásico como el tradicional enfrentamiento de los clubes de una misma ciudad o región, pero también se le dice así al partido que más veces se ha jugado en la historia de un torneo, sin importar la procedencia de los clubes o su momento. El término se utiliza, incluso, en algunas partes del mundo, para referenciar el partido más importante de la jornada. 

Sea cual sea la definición, los juegos mencionados, y otros más de la fecha 9 en Colombia, no alcanzan esta categoría. Los duelos regionales se viven realmente en Medellín, Bogotá, Tunja. Envigado y tal vez en Neiva y Manizales. Los partidos tradicionaes serían los que se jugaran entre Millos - Nacional, Junior Medellín y tal vez Caldas; y por momento, un juego entre Millonarios, Cúcuta, Santa Fe y Pasto, que aparecen en los primeros lugares del torneo.

La fecha de clásicos no es tal para todos. Es extraño ver cómo en nuestro fútbol criollo regiones como la costa Atlántica y los Santanderes, o ciudades grandes e importantes como Cali no cuentan con juegos de primer orden, con duelos regionales de nivel. Obviamente, son efectos del sistema de ascenso, que hoy tiene a loa rivales regionales de Junior, Cúcuta y Cali jugando en la división B.

Esta fecha 9 debería llamarse "la del ajuste del calendario", la de la mitad" o simplemente la fecha 9. Al fin de cuentas es una fecha que se adiciona a las 17 jornadas de la ronda de todos contra todos. De lo que en el mundo se llama "clásicos" tiene muy poco. O aceptemos que en Colombia estamos construyendo un nueva definición.

martes, 2 de abril de 2013

De largo aliento (2 de abril de 2013) - Hay que aprender de los que saben


Hay que aprender de los que saben
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el lunes 1 de abril de 2013

En el deporte nos falta hacer benchmarking.  Para que el anglicismo no nos asuste, digámoslo en otros términos: nos hace mucha falta mirar las buenas prácticas que hay en otros lugares para copiarlas y adaptarlas a lo nuestro. Una frase más: necesitamos “transferencia de conocimiento” de los que saben, de los que lo hacen bien. No hablo de copiar sistemas de competencia o tratar de aplicar tecnologías que por costosas se salen de nuestro alcance; hablo de pequeños detalles que, puestos en nuestra cotidianidad deportiva, nos pueden mejorar muchísimo.

El tenis de campo y el ciclismo demuestran a diario lo importante y posible que es mirar cómo lo hacen en otras partes. La forma de organizar la logística o los servicios para la prensa, por ejemplo, las hemos  importado y adaptado a los eventos nuestros, y cosas elementales como el backing móvil que se usa en Europa para las entrevistas en televisión ya la vemos en los estadios nuestros. Son pequeños detalles que vistos en otras latitudes se pueden implementar sin mayores esfuerzos. A eso me refiero con ese término en inglés tomado de las ciencias de la administración.

Veamos ahora algunas para importar. Se podría copiar en el fútbol, la forma en que se hacen las ruedas de prensa en Europa; con un solo periodista por medio y una sola pregunta por periodista. Sería importante copiar de los eventos internacionales esa forma de revalidar la cultura propia ante el mundo en las inauguraciones y clausuras. Y qué bueno que deportes como el baloncesto miraran la forma como la NBA monta espectáculos adicionales  en cada partido, logrando mantener la tensión y la atención a lo largo de 3 horas, incluyendo los 48 minutos efectivos de juego.

Sobre este último punto y dado que la nueva etapa del baloncesto profesional apenas comienza, vale la pena mencionar algunas otras ideas sueltas: la NBA tiene en los descansos cortos espectáculos con bastoneras o con mascotas, o reconocimientos a viejas glorias del deporte; y en el intermedio hacen concursos con los aficionados en la cancha. Antes del juego tienen algún show musical y a finalizar despliegan una fuerza de ventas para los souvenires y recordatorios. Algo más elemental: cada equipo tiene una cortina musical identitaria que sirve para mantener el entusiasmo y despertar pasión y fervor.

Estas últimas ideas ya las había conversado con los directivos de uno de los equipos de baloncesto antes de comenzar la Liga. Hasta ahora, no han implementado ninguna. A la NBA le funcionan, y ellos son los que saben, ¿o no? Ah, y que conste que la NBA también hace benchmarking en los grandes eventos del mundo. 

martes, 26 de marzo de 2013

De largo aliento (26 de marzo de 2013) - El man es Péker-man


El man es Péker-man
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado el martes 26 de marzo de 2013 en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo

Hace 16 años no estábamos tan cerca de un mundial de mayores en fútbol. Hace casi dos decenios no veíamos una Selección Colombia jugando bien, con jerarquía y con identidad. Nos demoramos todo este tiempo para ver crecer una nueva generación de futbolistas ambiciosos, técnicamente bien dotados y  mentalmente ubicados. Luego de muchos errores, volvimos a acertar. Es cierto que no hemos clasificado y que el objetivo no se ha cumplido todavía; pero el fútbol de esta Selección nos da motivos para querer verla jugar, para ponernos la camiseta y para respirar optimismo. El profesor Pékerman hizo posible que en Colombia volviéramos a hablar en plural, y que todos nos sintamos representados por el equipo nacional. “Ganamos, goleamos y gustamos”.

Mientras muchos resultadistas hacen cuentas de los pocos puntos que faltan; los que defendemos el orden, los procesos, el estilo y la identidad hacemos fiesta porque todo eso volvió a aparecer. Clasifiquemos o no, volvió la esencia. Ahí estuvo el secreto del profesor Pékerman y ahí debe estar ahora el foco del debate y de la conversación nacional.

Durante años, nos quedamos en lo menos importante: si debía ser un técnico de la rosca paisa, de la bogotana o de la vallecaucana; si cobraba mucho o si resultaba barato: si le gustaba al presidente Santos o al patrocinador; si tenía buena prensa o no lo querían; si servía el 4-2 o el 4-3; si debía ser titular uno u otro jugador. Nos enfrascamos casi 20 años en peleas insulsas de carácter  regional, económico o incluso relacional. Nos quedamos en la superficie, y el fondo del asunto era otro, lo esencial.

Sea como haya sido, y soy de los que creen que la decisión tuvo mucho de fortuita, con la llegada de Pékerman  se dio en el blanco. Porque supo exigirle a los directivos, porque se hizo respetar, porque aguantó la crítica sin dramatismos, porque  entendió qué es lo que siente el colombiano con el fútbol, tanto en la cancha como en la gradería, y porque le apostó a recuperar la esencia: jugar bien.

Ya el técnico hizo la tarea difícil. Ahora nos toca a todos apelar a la memoria para no repetir errores como pueblo: creernos campeones del mundo, subestimar a los rivales, celebrar excesivamente, quedarnos discutiendo lo elemental o pecar de ingratos con quienes ahora nos dan alegrías inmensas. Todo esto ya lo hicimos en otro momento de la historia, ¿para qué repetirlo?

lunes, 18 de marzo de 2013

De largo aliento (18 de marzo de 2013) - Cuestión de jerarquía


Cuestión de jerarquía
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Texto publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo, el lunes 18 de marzo de 2013. 

El Barcelona volvió a su fútbol y encantó nuevamente al mundo, luego de dos semanas de incertidumbre en las que más de uno, en los que me incluyo, habló del cierre de un ciclo, de la falta de un técnico de categoría y de la pérdida de su estilo.

Rafael Nadal también  volvió por sus fueros. Después de una complicada lesión hizo presencia en Indian Wells para mostrar su categoría de siempre y el alto nivel técnico que lo caracteriza. Muchos llegamos a decir que después de esta lesión no volvería a ser el mismo, que en un tenis tan competitivo le costaría regresar como protagonista.

En las semanas finales de la temporada regular de la NBA, los Lakers se han recuperado de forma sorprendente. En quince días voltearon un registro de 28-30, por un 35-32 con el que antes del juego de anoche ya estaban metidos como octavos de su conferencia en la zona de clasificación a play offs. Mucho hablamos de su prepotencia, de los problemas de grupo, de su declive. Ahí están, y todos  los equipos hacen cuentas para evitarlos como rivales directos.

En el deporte como en la vida, los grandes, los mejores, también tienen baches, momentos amargos y dificultades. No son máquinas, ni son inmunes; son mortales como todos. Eso sí, tienen algo que no venden en los supermercados, que se consigue con trabajo y resultados, que va asociado a los proyectos serios y con identidad; tienen jerarquía.

Es apenas natural que cuando un equipo o un deportista  de alto nivel tiene dificultades, ésta, la jerarquía, les ayude a salir; pero también es cierto que cuando pierden el norte, cuando equivocan el camino, cuando pierden su esencia o su identidad; la jerarquía desaparece. Es ahí cuando la caída es fuerte y las secuelas son muchas. Ya pasó con Pistourios y con Armstrong; para no hablar de  casos criollos donde los ejemplos abundan.

La jerarquía es un intangible valioso. Difícil de conseguir y fácil de embolatar para un equipo o deportista; pero que hay que respetar y reconocer. A veces lo olvidamos.

lunes, 11 de marzo de 2013

De largo aliento (11 de marzo de 2013) - ¿Así o más maduros?


¿Así o más maduros?
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" en el periódico El Deportivo el 11 de marzo de 2013

Una vez más, el tema es el ciclismo. En la París – Niza, Nairo Quintana fue tercero en la CRI, terminó en el puesto 15 de la general y fue cuarto en la clasificación de los jóvenes. En la Tirreno – Adriático, Rigoberto Urán era octavo y Segio Luis Henao décimo, antes de iniciarse la etapa de hoy, corriendo como escuderos de Froome. Y en Langkawi, hace ocho días Julián Arredondo se quedó con el título. Cada fin de semana, la lista de grandes actuaciones de los ciclistas nacionales tiene un nuevo renglón, con noticias que llegan de cualquier parte del mundo. La nueva generación de pedalistas nacionales ya maduró, y está a punto de conseguir una gran victoria  en el calendario mundial.

Quintana, Henao, Urán, Betancur, Arredondo… y un centenar de apellidos más hacen que hoy Colombia sea mirada con respeto en el mundo del pedal; de hecho, el año pasado en el mundial de Holanda los grandes analistas destacaron el progreso de nuestro ciclismo, y lo catalogaron como como uno de los de mayor desarrollo en los últimos años.

La pregunta de muchos es ¿qué tan cercano puede estar un colombiano de subirse al escalón más alto de un podio en el Giro, el Tour o la Vuelta? La respuesta mía es sencilla: ciclistas para hacerlo hay, y varios; pero falta que los equipos europeos en los que militan los arropen y los respalden. Por ahora, mientras tengan que trabajar para capos británicos, francés  o italianos va a ser complejo; aunque no imposible.

¿Y qué tal pensar en un equipo nacional al mejor estilo del Varta o el Café de Colombia de los 80s? la respuesta es la misma: ciclistas hay, y muchos; pero la idea suena muy romántica porque faltarían los recursos económicos, que en este caso, para aspirar a cosas grandes, tienen que ser muy altos. Difícil sí es, aunque, como en el párrafo anterior, no imposible.

El ciclismo es nuestro deporte nacional, pero le faltan patrocinadores, recursos, garantías en las carreteras, más competencias y más medios. Bueno, también le falta voluntad política, como a todo el deporte colombiano. La generación actual está madura. Después de la que encabezaron Lucho y Parra han pasado dos más, a las que el país les negó la posibilidad de brillar. La de hoy está madura, está lista. Mensaje en clave para tantas empresas que gastan millones y billones de pesos en publicidad diciendo por todos los medios que son las mejores empresas: Los ciclistas colombianos de hoy hacen parte de una cosecha que surgió de una semilla bien cuidada y que no se puede dejar peder…aprovechen. ¡Después no digan que no les avisaron!

lunes, 4 de marzo de 2013

De largo aliento (4 de marzo de 2013) - Un cafetero de verdad


Un cafetero de verdad
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el lunes 4 de marzo de 2013

Julián Arredondo tiene alma de cafetero.  Es pequeño de estatura, como la mayoría de los recolectores de nuestro país, y perseverante ante cualquier obstáculo, como todos ellos. Vive orgulloso de  origen, como buen hijo de campesino. Nació en Ciudad Bolívar, Antioquia, un municipio que exporta café y ciclistas de calidad. Su primera gran cosecha la acaba de recoger en Langkawi, Malasia, tal vez la tierra más lejana a Colombia donde haya ganado un ciclista colombiano.

A casi 200.000 kilómetros de su tierra, celebró su victoria lejos de sus paisanos, que a la misma hora paralizaban el país reclamando con dignidad algo mucho más importante que un subsidio económico o que una miradita del Estado: respeto.

Con esa misma dignidad de cafetero, Julián ganaba en Malasia y les recordaba a sus compatriotas que el deporte que él practica, a punta de sacrificios silenciosos, merece tanto respeto como sus hermanos productores de café. El ciclismo, nos recordó Arredondo, merece respeto en las vías por parte de algunos conductores irresponsables, respeto en los medios por parte de algunos periodistas que solo hablan de él cuando hay escándalos; y respeto en la gente, que alimentada del morbo, se aligeran a decir que en ese deporte todos hacen trampa.

Arredondo recogió aplausos en nombre de Colombia, corriendo por el Team Nippo. Reeditó las hazañas de “El Flaco” Hernán Darío Muñoz en el 2002, Freddy González en el 2004 y José Serpa en 2010 y 2012.  El ciclismo, como el café, son nuestras principales banderas ante el mundo; nos dan buena imagen y nos muestran positivamente. Claro, también tienen en común la falta de apoyo y el abandono en que por épocas los dejan.

A Julián Andrés Arredondo lo conocen en el ciclismo como “Perico”, mide 1,65, tiene 24 años de edad, aprendió a montar en bicicleta en la carretera de La Mansa en la Vía al Carmen de Atrato, se hizo ciclista en la escuela del Club Orgullo Paisa, vive hace 3 años en Italia y ya tenía en su historial una etapa en el Tour de Japón y la camiseta amarilla de esta prueba en el 2012.  Está en proceso, pero ya le mostró al mundo que tiene madera; madera de café, que es resistente y ofrece un veteado y un color muy atractivos.

Mientras Arredondo asombraba a los malayos con su aroma de escalador, sus compatriotas cafeteros, luchadores de la vida como él, que deberían estar celebrando su victoria, tuvieron que ocuparse de las vías de hecho para que el mundo entero entienda el drama que viven los campesinos honrados y trabajadores del país.  Un país que olvida a sus cafeteros de la misma forma que lo hace con sus ciclistas. 

lunes, 25 de febrero de 2013

De largo aliento (25 de febrero de 2013) - Momo nos hizo acordar


Momo nos hizo acordar
Por Jhon Jaime Osorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el lunes 25 de febrero de 2013

Reconozco que si hay algún deporte con el que estoy en deuda es con el boxeo. Me falta mucho por aprender de la disciplina de combate que más glorias le ha dado al país. Entiendo su mecánica de competencia, su estructura organizacional y manejo algunos datos; pero no le entrado de lleno, tal vez por alguna marca cultural o por asuntos ideológicos de los que no voy a  hablar. Pese a mi ignorancia boxística, hoy quiero escribir algo sobre “El Momo” Romero; un vallecaucano que a “puño limpio” nos recordó hace ocho días las raíces humildes y los dramas humanos que esconden nuestras alegrías deportivas y la poca cultura deportiva que tenemos en el país.

De lo eminentemente deportivo del campeón Supergallo de la Federación Internacional ya se ha dicho bastante esta semana: que es el título mundial de boxeo número 42 que logra Colombia, que la FIB es tal vez la única organización seria y de peso que le queda al boxeo profesional, que Romero ganó contra todos los pronósticos, que superó a un Mexicano, que la decisión fue dividida, que su foja es de 23 peleas con 12 ganadas por nocaut, y que su primera defensa podría ser en junio ante un filipino o un armenio. El cinturón que trajo “El Momo” hizo que estos temas de los que habitualmente solo se ocupan algunos periodistas dolientes de esta disciplina entraran a la agenda de los medios nacionales. A excepción de esos especialistas, la victoria de Romero nos tomó por sorpresa a todos en el país, y nos puso a hablar de Boxeo una semana. 

De su historia humana también se ha hablado bastante esta semana. Ya se dijo que nació prematuramente, que creció en medio de la pobreza, que estuvo en malo pasos, que le encanta el sancocho de gallina, que es un hombre de mucha fe, que su familia vive en el barrio El Retiro en el populoso sector del distrito de Agua Blanca en Cali, que su padre lo supo orientar y lo apoyó en el deporte, que por primera vez montó en carro de bomberos y que la alcaldía de Cali le prometió una casa.  La historia humana con ribetes dramáticos de un deportista humilde que alcanzó la fama gracias a su esfuerzo individual la contamos cada que un colombiano gana; porque es casi que un común denominador en la naturaleza de nuestros deportistas.

Lo mejor de este título mundial, es que “El Momo” nos recordó que el boxeo es uno de nuestros deportes nacionales. Nos hizo acordar que nuestros deportistas son héroes silenciosos; que la mayoría de nuestros campeones nacen en la humildad y en la pobreza de rincones olvidados; que hasta que no ganan, nuestros ídolos  son ilustres desconocidos; y que gracias a sus victorias se vuelven en ejemplos de superación y en mensajes de optimismo para el país. Necesitamos muchos  “Momos”, a ver si así.

lunes, 18 de febrero de 2013

De largo aliento (18 de febrero de 2013) - Acusado, no condenado. Informar, no especular


Acusado, no condenado. Informar, no especular

Publicado en la Columna “De largo aliento” del periódico El Deportivo el 18 de febrero de 2013

No conozco los hechos al detalle, no estoy en Sudáfrica y no soy nadie para juzgar;  simplemente  soy un periodista deportivo que lee, observa, informa y escucha. Además, no tengo autoridad para juzgar, ni es mi interés. Mi tarea es contar historias, y tratar de ayudar a entender el complejo mundo del deporte. Sin embargo, desde mi condición, y luego de seguir el caso a la distancia, sí puedo lanzar una opinión, que para nada es una sentencia sino simplemente algo que pienso: aunque todo que se ha conocido esta semana pareciera condenarlo, por una razón elemental yo creo en la inocencia de Oscar Pistorius, el atleta acusado de haber asesinado premeditadamente a su novia.

Lo creo inocente y confieso que como a muchos la noticia me conmocionó. He leído cuanto artículo ha salido y he tratado de entender bien lo que pasó; la verdad, me ha costado mucho procesarlo. Ahora resulta que el ejemplo de superación para el mundo, el referente del deporte olímpico y el deportista intachable, tenía antecedentes de paranoia, era solitario, le gustaba el alcohol y era agresivo con las mujeres. Se ha dicho de todo después de su detención. ¡Qué buen momento para hacer leña!

No me importa si después descubro que estoy equivocado. El tiempo y la justicia sudafricana lo dirán. Ya me pasó con Armstrong, de quien no dudé cuando fue acusado, pero luego, como él, acepté que se había equivocado. Ni el mundo se acabó para él, ni el deporte se acabó para mí. Ojalá con Pistorius el desenlace tenga mejor final.

Estos hechos escandalosos nos demuestran a diario la imperfección del ser humano, que cuando se manifiesta en los en grandes referentes del deporte, se magnifica en un tamaño superior al de sus victorias. Valdría la pena que la sociedad empezara a mantener a sus ídolos en su condición terrenal. Son seres humanos, brillantes es su actividad, pero imperfectos como todos.

Creo en la inocencia de Oscar Pistorius por un asunto elemental. Es un derecho fundamental de todo ser humano, la presunción de inocencia. Mientras la justicia, brindando las garantías  necesarias para su defensa, no demuestre culpabilidad, Pistorius es inocente. Razón suficiente para cuestionar la forma como algunos colegas y medios han abordado el hecho al titular o hablar de: “el atleta que asesinó a su novia” o “el crimen de Pistorius”. Ese maldito afán por condenar, por decirlo primero, por armar el escándalo, por buscar un escándalo… Hasta hoy no se ha dictado sentencia. Hasta hoy es inocente. Pistorius es un atleta acusado de homicidio; lo demás es especular.


lunes, 11 de febrero de 2013

De largo aliento (11 de enero de 2013) - El deporte y la inperfección


EL DEPORTE Y LA IMPERFECCIÓN
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del periódico El Deportivo el lunes 11 de febrero de 2013

Dice el sicólogo Jorge Garzarelli en uno de sus textos que el deporte en estado puro solo le trae beneficios a la sociedad.  La afirmación no tiene objeción alguna, pero si admite una precisión: en ese estado jamás lo veremos, porque el deporte es una actividad humana enmarcada en una dinámica social que necesariamente lo condiciona y le quita esa pureza. De allí que algo tan positivo nos lleve a descomposiciones como las del doping en el ciclismo o el arreglo de partidos en el fútbol, que por estos días desarrollan escándalos a diario.

Que no se entienda mal. Con lo dicho no quiero justificar ambas atrocidades. Simplemente quiero oponerme a la estigmatización que ambos hechos han generado esta semana. No es malo el ciclismo porque Armstrong haya salido positivo o porque de la Operación Puerto sigan apareciendo muchos pedalistas “chuzados”. Tampoco es malo el fútbol porque la Europol demuestre que muchos partidos, incluyendo algunos de la Champions, el torneo de clubes más importante del viejo continente, hayan sido arreglados para favoreces intereses de apostadores.  Grave sí es, y mucho. Pero condenatorio con las dos actividades, tampoco. La solución no es acabar con ellas, dejarlas de ver y alejarse, y mucho menos sacarlos del programa Olímpico como se propuso para el ciclismo.

Mucho menos comparto las formas simplistas de explicar ambos problemas, diciendo que el balompie mueve tanto dinero en el mundo que se hace incontrolable, o que el ciclismo es un deporte tan exigente que necesariamente hay que doparse para rendir. No faltaba más, sino justificar ambas prácticas.

El doping, las apuestas ilegales, el racismo, la violencia, los manejos de resultados y un centenar de problemas más que a diario escandalizan el mundo del deporte nos recuerdan lo imperfectos que somos los seres humanos y las equivocaciones que a diario cometemos para construir una vida en sociedad. “Ahí estamos pintados”, dirían las señoras.

Eso sí, al mismo tiempo que nos refleja lo que somos, el deporte también es un escenario ideal para intentar superarnos, para construir valores y para educarnos, así algunos no lo quieran creer. Para que esto sea posible, lo primero es descubrir sus dificultades y errores, corregirlos  y aprender de ellos. Así se caigan ídolos, haya que castigar judicialmente, encontremos cosas dolorosas y nos desencantemos un poco. Hay que ir hasta el fondo para corregir y reconstruir; no solo para destruir.

martes, 5 de febrero de 2013

De largo aliento (4 de febrero de 2013) - GANAR NO ES LO ÚNICO, NI ES SUFICIENTE


GANAR NO ES LO ÚNICO, NI ES SUFICIENTE
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna "De largo aliento" del Periódico El Deportivo el lunes 4 de febrero de 2013 

La Selección Colombia de Fútbol volvió a saborear la clasificación a un mundial de la categoría  juvenil. Gran logro, importantísimo para nuestro balompié. A la hora de escribir esta columna, existía la posibilidad de que fuera campeón del Campeonato Suramericano, lo que también tiene un significado valioso. Esta vez, como ocurriera con Rueda y con Lara en su momento, el equipo logró el objetivo básico de ganar; pero se olvidó de la esencia del juego, por lo menos en mi óptica, jugar bien y entretener. Apenas normal, pues ya se volvió costumbre en el fútbol ocuparse de la competencia y no del espectáculo.  

No hay duda de que bajo la dirección de Carlos Restrepo regresaron los resultados positivos en la juvenil para dejar atrás un bache en la categoría en el que Eduardo Lara prometió pelear el título del mundo en casa, desaprovechó un suramericano que incluso daba cupo a los olímpicos, y luego fracasó.  Con Restrepo, volveremos a la escena mundial con jugadores de gran técnica, con una buena planificación, con  buen ojo en la selección y sin promesas de título. Ojalá para la cita orbital en Turquía, se mejore en lo colectivo y se trabaje más por encontrar la identidad de nuestro balompié, de toque, tenencia de la pelota y buen fútbol, por la que todavía nos reconocen en algunas partes del mundo.

Ganar siempre será importantísimo. Es el objetivo de la competencia y a eso van todos. Es uno de los resultados posibles en el juego, el que todos quieren. Por su parte, jugar bien y entretener es otra cosa; es lo necesario en el espectáculo. El fútbol está hecho para ser visto y para disfrutarlo; por ende, es necesario pensar en el juego. No tiene sentido pagar por una boleta o gastarse horas frente al televisor solo para ver a un equipo ganar; si fuera así, bastaría con saber el resultado. Uno ve los partidos, al menos yo lo hago así, para que los jugadores me descresten, para ver armonía en el juego, para encontrar diversión. La Selección que va para Turquía no llenó en este suramericano, no logró entretener, su fútbol no gustó. Eso sí, tiene mucho mérito que ganó; pero no es suficiente.

Uno entiende que los tiempos han cambiado, que los jugadores en esta edad cada vez son menos maduros, que la presión de los empresarios no deja actuar a los muchachos y que en el fútbol de hoy es suficiente con competir y ganar. Lejos estamos de volver a ver en selecciones juveniles un equipo romántico, generoso en espectáculo, que haga vibrar y emocionar con su juego; como en su momento lo fue la selección juvenil del profesor  Marroquín.  Estamos lejos, pero con Restrepo y Paniagua en la dupla técnica no lo creo imposible. 

miércoles, 30 de enero de 2013

De largo aliento (28 de enero de 2013) - Todos vuelven...



Todos vuelven...
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

El fútbol Colombiano bailará este semestre al ritmo de Rubén Blades con su sentimental tema "Todos vuelven". El regreso de Ángel, Valdés, Pertúz, Montero y Edixon Perea, entre otros, hace que la Liga criolla tararee en coro que "todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su sol..."

Muchos tratan de explicar cuál es el verdadero embrujo que seduce a este grupo de nacionales para regresar al rincón donde nacieron. Pienso que no hay una razón única. En cada caso, la motivación es diferente. Basta con escucharlos hablar: oportunidad de jugar, afectos al club al que vuelven, el llamado de la tierrita, estar cerca para que los vea el DT de la Selección...

Explicaciones válidas, por supuesto, pero no sé si todas sean sinceras. La que es inocultable, aunque pocos la reconocen,  es que el factor económico pesa. Los salarios que cobrarán los "repatriados" no son nada despreciables. Están en su derecho a cobrar por el nombre que han construido. Y ya que los jugadores de primer nivel de otras latitudes se hacen inalcanzables, una buena opción es traer nacionales que sirvan de gancho para la tribuna y que aporten experiencia para mejorar el nivel.

También es cierto que "todos vuelven por la ruta del recuerdo", Y en eso hay que ser claros. Ninguno vuelve después de una temporada o un año descollante. Ninguno viene de ser figura en una Liga de alto nivel. No veo mayores diferencias entre el fútbol colombiano de clubes y el de países como Estados Unidos, de donde viene la mayoría de repatriados. Así las cosas, vuelven para recordar, para retomar, para volver a ser.

Ahora bien, contrario a años anteriores, es indiscutible que esta vez hay mayor expectativa por la Liga. Los "repatriados" tienen mucho que ver. Ojalá lo entiendan, lo asuman y aporten. Y ojalá con ellos, el nivel levante. El de ellos y el de nuestro fútbol.


sábado, 26 de enero de 2013

Tiro Libre 42 - Pony que emociona y cuestiona


PONY QUE EMOCIONA Y CUESTIONA
Por Jhon Jaime Osorio
@jhonjaimeosorio

Publicado en la columna Tiro Libre del periódico Qhubo, el miércoles 17 de enero de 2013

El Ponyfúbtol es un certamen que cumple doble función entre quienes observamos este deporte: de un lado, le devuelve a uno el amor y el fervor por esta disciplina deportiva; pero del otro, nos cuestiona bastante, al hacer evidente muchas problemáticas del fútbol de los mayores que empiezan a apreciarse en los pequeños.

El Pony recupera la picardía, el talento, las jugadas vistosas, el pundonor y la magia. Los partidos en la Cancha Marte lo hacen a uno vibrar, sufrir y disfrutar al mismo tiempo. La esencia del fútbol está ahí. Los niños nos regalan, en la mayoría de los partidos, un fútbol lírico, sin trampas, sin mañas.   Además, la Corporación Los Paisitas, organizadora del certamen, conserva la filosofía del Juego Limpio cono eje orientador del Festival. Ese fútbol de chicos nos devuelve la fe.

Sin embargo, para quienes seguimos siendo románticos con el juego, el Pony también nos hace reflexionar. Mientras estos niños de 12 años van a la cancha a vivir su fiesta; en las graderías pululan “empresarios” que ofrecen,  proponen y prometen soluciones económicas a las familias. Claro, se trata de fenómeno que ya normal en el fútbol, basta ver lo que pasa en el Suramericano juvenil; pero que suena peligroso y apresurado cuando se trata de niños que a los 12 años están en edad de exploración, y muchas veces ni jugar al fútbol es lo que quieren.

También cuestiona ver algunos equipos armados a partir del criterio del biotipo y con la filosofía de ir a la Marte solo para ganar. Cuando el objetivo es solo ese y no se logra cumplir, la frustración resulta siendo alta; asunto complicado cuando de niños se trata.

El Pony es una fiesta, y más que una competencia es un Festival. Uno entiende que los tiempos cambian, que cada vez la alta competencia se vuelve prioridad para nuestras sociedades y que en el fútbol cada día lo económico se impone. En el caso del Pony, la Corporación que lo organiza tiene claro lo primero; pero a veces algunos “dueños” de equipos y peor aún, algunos padres de familia, creen que lo segundo es lo fundamental, y consideran el paso por la Marte será la solución económica de una familia o de un club. Algunos ven el fútbol de los niños como si fuera de hombres grandes. Triste presenciarlo, porque quienes piensan y actúan así están cometiendo un delito: le están robando la infancia a sus hijos.